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Por Héctor Dávila

En los últimos meses parece que ha aumentado el número de aviones sofisticados al servicio del narcotráfico, pues se ha asegurado una inusual cantidad de jets y turbohélices de alto desempeño.

Hemos visto muchos de estos casos, pero tan solo el mes de septiembre habla por sí solo del problema: el día 6 se aseguró un Beechcraft King Air, matrícula N27HK, en Campeche, y muy cerca de ahí, en Hopelchén, fue encontrado el día 11 un jet Hawker 700, matrícula XB-SMV, abandonado en un plantío con el interior quemado. El 13 de septiembre se encontró accidentado otro Hawker en Guatemala, matrícula XB-PTW, con sus dos tripulantes mexicanos muertos, así como un Beechcraft King Air capturado en Belice con un tripulante mexicano y dos hondureños. El día 16, al mismo tiempo que se celebraba el desfile conmemorativo por la Independencia en México, los delincuentes abandonaron cínicamente otro King Air, matrícula N2524J, en una pista clandestina en Bacalar, Quintana Roo. Finalmente, el 30 de septiembre se aseguró en Belice un jet de gran porte Gulfstream GII en circunstanclas similares.

Además se aseguraron varios aviones ligeros con droga, entre ellos un Cessna matrícula XB-PRW en Cajeme, Sonora, el 12 de septiembre, un bimotor Piper Navajo en Guatemala el día 28, así como otros dos Cessna en Costa Rica a principios del mes, país donde se estima que hay más de cien pistas clandestinas.

En lo que va del año la Secretaría de la Defensa Nacional ha decomisado unas 20 aeronaves ilegales, incluyendo más King Airs, como los capturados los días 14 de agosto en Chetumal y 6 de junio en Campeche, así como otro jet Hawker en marzo pasado, mientras que autoridades guatemaltecas afirman que durante el primer semestre decomisaron 30 aeronaves de la delincuencia que han aterrizado en su territorio.

Si consideramos que el número de aviones capturados, la mayoría de ellos porque sufrieron fallas o accidentes, son una pequeña fracción de los que logran pasar con sus cargamentos, podemos imaginar cuántos vuelos ilegales se están realizando, los que se estima que podrían ser fácilmente unos 30 al mes. El creciente uso por parte de la delincuencia organizada de aviones de alto desempeño, como los conocidos popularmente como jets, para llevar cargamentos de droga y dinero entre Sudamérica y Estados Unidos, se debe en gran medida a que las fuerzas aéreas centroamericanas y de México carecen de los sistemas de radar y aviones adecuados para detectar e interceptar con eficacia este tipo de aparatos, que son muy veloces y tienen gran autonomía.

México no cuenta con satélites de vigilancia y observación, sus sistemas de radar solo cubren 32% del territorio, lo que desde el 2013 se ha prometido sin éxito aumentar al menos al 72%, año en que también desapareció la Dirección de Intercepción de la Procuraduría General de la República, que era la única que en algún momento estaba dotada con aeronaves adecuadas, pues disponía de jets Cessna Citation equipados con sensores FLIR y radares APG-66 iguales a los de un caza F-16, los cuales trabajaban en conjunto con plataformas aéreas de radar de los estadounidenses.

Pero lamentablemente en la actualidad la Fuerza Aérea Mexicana solo tiene un avión con radar aéreo Embraer EMB-145, el cual según los propios informes de Sedena vuela verdaderamente muy poco, pues junto con los otros seis aviones que conforman el Sistema Integral de Vigilancia Aérea, que incluye solamente un par de aviones King Air equipados con sensores de vigilancia, realizan en conjunto menos de 17 vuelos al mes, con menos de tres horas de vuelo al día entre todos y solo hay 4 cazas F-5 con 37 años de antigüedad, por lo que básicamente se usan aviones turbohélices de entrenamiento para interceptar y seguir a las aeronaves de la delincuencia, los que resultan muy limitados por carecer de radar y ser relativamente muy lentos.

Sin embargo, la presente administración recortó casi 1,500 millones de pesos del presupuesto de la FAM para el 2020 y no se vislumbra que se vaya a mejorar su de por sí limitada capacidad de detección e intercepción de aeronaves que violan el espacio aéreo mexicano. Así las cosas, parece que la guerra contra el narcotráfico, al menos en el aire, se está perdiendo.

Para más sobre este tema recomendamos leer aquí: FUERZA AÉREA CONTRA NARCOJETS

 

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