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Con la opinión de Héctor Dávila

Si por el tono se pudiera saber quién es bueno y quién malo, todos seríamos cebras... Así, entre los cañonazos que se tiran las aerolíneas Aeroméxico y Emirates peleando la ruta a Barcelona, cada una defendiendo su punto de vista, parece difícil decidir a cuál le asiste la razón, en una suerte de apasionada lucha medieval entre moros y cristianos, en la que cada bando defiende lo que cree es la verdadera Fe.

Público, pasajeros, autoridades, empresarios y trabajadores tienen cada uno su particular visión (y participación) en el conflicto, y es importante analizar la postura de todos para entenderlo. Tras el primer round a carta limpia diciéndose desde mentirosas hasta deshonestas, ambas aerolíneas se fueron a su esquina empatadas, pero en el siguiente asalto Emirates pareció conectar un "knock out", con el anuncio de que ya tenía los anhelados slots en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

Una precisión importante es que el AICM no asigna los codiciados slots, sino la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), a través de un Coordinador de Horarios. Tras una larga controversia (y que al parecer no se resolverá del todo en mucho tiempo) entre la comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) y la Consejería Jurídica de la  Presidencia, por primera vez la asignación de horarios para los aterrizajes y despegues en el AICM se hicieron de acuerdo a las reglas de la International Air Transport Association (IATA), para la temporada que comienza el próximo 9 de diciembre.

En este contexto la fuerza de la acusación de Aeroméxico y sus sindicatos de que Emirates carece de los permisos por parte de la autoridad aeronáutica parece debilitarse, pues el que la DGAC, que administra la bolsa de slots disponibles, se los haya ya asignado puede interpretarse como que los permisos pendientes le serán concedidos inminentemente, pues para honrar cabalmente el Convenio de Servicios Aéreos y otros acuerdos bilaterales firmados con los Emiratos Árabes Unidos, el gobierno de México tiene la obligación de otorgar todos los permisos, siempre que Emirates cumpla los requisitos, y pues lo más difícil era conseguir los dichosos slots.

Aeroméxico insiste en que la entrada de Emirates al mercado mexicano representa una competencia desleal, pues no se trata de una ruta directa entre los dos países, pero sobre todo porque los emiratíes reciben jugosos subsidios gubernamentales. Pero el principal miedo a la competencia de Emirates parece venir de que las rutas a Europa, donde no tiene competencia de otras empresas mexicanas, son donde a Aeroméxico le va mejor, pues en el mercado doméstico empresas como Volaris, Viva Aerobus e Interjet le han comido la mayor parte del mandado, pues tan solo entre esas tres ya mueven el 70% de los pasajeros nacionales y con mucho mejores resultados financieros que la línea del Caballero Águila, por lo que es lógico que esta última defienda como fiera su hueso trasatlántico.

En este pleito la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA), integrada casi en su totalidad por pilotos de Aeroméxico, ha sido muy beligerante a favor de su empresa, con agresivos comunicados donde señala los pecados de Emirates, convocando a revisar a fondo con urgencia el Convenio Bilateral con los árabes y señalando la osadía de Emirates de no contar con un sindicato como el de ellos, y también acusa con encono que esa competencia amenaza cientos de puestos de trabajo, afirmando textualmente que: "su estrategia (de Emirates Airlines) es inundar el mercado, destruir a la competencia y luego establecer los precios; prueba de ello es que ya tienen previsto operar rutas hacia otras ciudades como París, Madrid y Zurich entre otras. En el mediano plazo, esto tampoco les conviene a los usuarios”.

Los puntos en contra de la entrada de Emirates a México tienen validez en muchos aspectos, pero ya he comentado que ASPA y Aeroméxico han fallado estrepitosamente en el manejo de medios, y sobre todo de redes sociales, porque han trasmitido el mensaje incómodo de que le temen a la competencia, y basta checar los comentarios en dichas redes para darse cuenta que la mayoría de la gente aprueba la llegada de la extranjera como un símbolo de "libre competencia" y un puyazo para que la mexicana mejore el servicio y las tarifas.

Además los argumentos de la aerolínea y su sindicato muchas veces son contradictorios, por ejemplo invocar el nacionalismo para defender a Aeroméxico tiene sus aristas, pues todos sabemos que la norteamericana Delta es la dueña de más del 40% de la empresa y no se ve bien acusar con tanta furia a la aerolínea emiratí de hacer competencia desleal cuando sobre Aeroméxico y sus sindicatos pesan acusaciones igual de feas por el trato hacia sus competidores nacionales, como con Interjet, que harta de que los sindicatos de su rival estén en campaña para atraer a sus pilotos y sobrecargos, ya declaró, en voz de su director Willian Shaw, que piensa demandar a Aeroméxico por daño moral, pues dice tener pruebas suficientes del juego sucio y campaña de desprestigio que han orquestado en su contra. También las escuelas de aviación están molestas, pues Aeroméxico aprovechó ciertos recovecos legales para poner a los alumnos de su escuela de pilotos a volar en Estados Unidos, en vez de invertir en aviones de entrenamiento en México, dar trabajo a instructores y mecánicos mexicanos y usar la infraestructura aeroportuaria nacional para formar a los aviadores, lo que me parece muy insensible; ¿cómo generar simpatía sobre su predicamento con Emirates, si por otro lado privilegia la educación fuera del país dando el espaldarazo a empresas extranjeras para competirle a las escuelas de aviación que arriesgan mucho invirtiendo y volando aquí?

Por otro lado, el tema sindical no es fácil de apoyar, pues señalar a Emirates como tirano por no tener un sindicato tipo ASPA es absurdo, ya que trabajar como piloto o sobrecargo en la aerolínea árabe es algo aspiracional para muchos y los sueldos y prestaciones que da son estupendos, por lo que muchas tripulaciones mexicanas se han ido para allá. ASPA ha fracasado en retener empleos en México y muchos pilotos aspistas verdaderamente muy capaces están volando en aerolíneas asiáticas y del cercano oriente, lo que es un contrapeso muy fuerte al argumento a favor del proteccionismo. Irónicamente en Estados Unidos el sindicato de pilotos de Delta, principal socio de Aeroméxico, se ha quejado ante el Departamento del Transporte porque afirma que la alianza de Delta Airlines con el Grupo Aeroméxico ha favorecido desproporcionadamente a la aerolínea mexicana, la que ha crecido más su tráfico entre ambos países, lo que representa una amenaza para sus fuentes de trabajo, especialmente porque les parece desleal que Aeroméxico, según ellos, tenga menores costos de operación. ¿Sería justo que los pilotos de Delta lograran limitar el crecimiento de Aeroméxico en Estados Unidos bajo la premisa de que la aerolínea mexicana les quita trabajo?  Es muy entendible y loable que ASPA defienda el sindicalismo gremial, que manifieste rechazo a cualquier posible modificación al Artículo 245Bis de la Ley Federal del Trabajo para que los pilotos sean los que decidan su vida sindical, pero el nuevo estilo de gobierno no es tan fácil de presionar, y quizá ahí está la falla en la estrategia...

Hay que recordar que fue el gobierno anterior el que había prometido a la empresa mexicana que no se permitirían ni quintas ni séptimas libertades a Emirates, pero la traición se concretó con la visita a Dubai del expresidente Peña Nieto, en enero del 2016, donde atestiguó la firma de 13 acuerdos de cooperación bilateral, entre ellos específicamente el de "avanzar en el fortalecimiento de la conectividad aérea", fregadera que se consolidó con la complicidad de España, cuyo Ministerio de Fomento negoció con la Dirección de Aeronáutica Civil española la concesión de la quinta libertad a Emirates, para que pueda aprovechar al máximo los beneficios de la ruta a Barcelona.

Sin embargo los defensores de Aeroméxico fallan en acusar a los verdaderos culpables y en sensibilizar al actual Gobierno de que la quinta libertad otorgada a Emirates fue una jugarreta de "la mafia del poder", pero por el contrario parece que lo irritan con su estilo de reclamo.  Se dice tras bambalinas que a los altos funcionarios del Transporte y al propio Presidente ya les tiene hasta la coronilla que en cuanta oportunidad hay los sindicatos de Aeroméxico y sus apéndices les echen en cara la cancelación del aeropuerto de Texcoco, que no les cae nada bien que Aeroméxico declare que no se va por nada a Santa Lucía y tampoco se les olvida aquella famosa carta que circuló la aerolínea entre sus empleados antes de las elecciones y que interpretaron como una arenga en su contra, por lo que no me sorprende que el gobierno federal parezca hacer oídos sordos a los gritos de auxilio de la empresa aérea, pues ¿por qué hacer caso a las cartitas pidiendo ayuda de los mismos que en su momento hicieron una en tu contra? Y no quiero decir con esto que el Presidente sea vengativo...

Andrés Manuel López Obrador es quien debe tomar el rol de protector de los intereses nacionales, pero en materia de aviación sindicatos y empresarios no lo están sabiendo convencer a favor de su causa. Si hemos visto que sus decisiones en cuanto a proyectos rayan en la testarudez (que mejor ejemplo que el asunto del nuevo aeropuerto), entonces la mejor estrategia quizá resida en resistir menos a los proyectos del Ejecutivo y construir una mejor relación de cooperación, aunque eso significa renunciar a  ciertos principios y convicciones, lo que ya han hecho muchos empresarios y organizaciones. Finalmente no es un mundo prefecto y cada quién sabrá si vale más la pena ceder y cuánto.

Emirates es una empresa muy pujante y nadie pone en duda su extraordinario compromiso con la calidad en el servicio, que ha desarrollado un modelo de negocios en franca expansión con una visión global que por supuesto incomoda a las aerolíneas tradicionales, mientras que los alegatos de que está subsidiada, si bien han sido polémicos, en países como Estados Unidos tampoco han sido obstáculo para su desarrollo, subsidios que además niega y apunta a que prácticamente todas las aerolíneas del mundo han estado en algún momento apoyadas financieramente por sus gobiernos, incluida Aeroméxico.

La pelea continúa, y aunque parece que Emirates se va saliendo con la suya, no olvidemos que del plato a la boca se cae la sopa, y apenas está por iniciar el siguiente round.


Saludos

Héctor Dávila

 

EmiAmxTail

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