El
atlántico del norte
La gran ruta de la Aviación Comercial
Por
Juan A. José
Publicado:
Diciembre 2000 Enero 2001
Fuente: América Vuela - Número 66

"Ninguna
aeronave volará jamás de Nueva York
a París..." había declarado en
1908 nada menos que Orville Wright. Hoy en día
casi 50 millones de pasajeros vuelan en las rutas
del Atlántico Norte.
Corría el año 1981 y me encontraba
en Toronto, Canadá, en la que se anuncia
como "la librería más grande
del mundo". Ahí, en un estante se estaba
rematando --más bien diría yo regalando--
un libro cuyo título en español sería:
"Una Nueva Política de Transporte Aéreo
para el Atlántico del Norte", escrito
por Jesse J. Friedman y publicado en Nueva York
en 1976 por Atheneum. El precio de venta del libro
era de 19 centavos de dólar canadiense, es
decir unos 15 centavos de dólar americano,
lo que es menos de lo que costaba entonces una Coca
Cola. Una breve ojeada al libro en oferta terminó
por vencer esa escondida mezquindad que todos llevamos
dentro, convenciéndome que tan significativa
inversión se podría convertir en una
agradable lectura en el vuelo a Washington D.C.,
siguiente etapa en mi viaje. Debo confesar que devoré
las 142 páginas del libro de Friedman antes
de entrar al Museo del Aire y el Espacio de la capital
norteamericana. En el aeropuerto Kennedy de Nueva
York un par de días después vi cuanto
Boeing 747 quise, listo para despegar hacia Europa
y me puse a pensar: Atlántico Norte; 747’s
haciendo fila para despegar hacia Europa; IATA;
Aeropuerto Kennedy; Freddie Laker; Pan American;
Hindenburg; Concorde...el rompecabezas tomaba forma
en mi mente y parecía tener sentido, tanto,
que se convirtió en la tesis profesional
que eventualmente me dio el grado de licenciatura.
Lógicamente que hoy en día conservo
ese libro de tan sólo 19 centavos de precio
como uno de los más grandes tesoros de mi
biblioteca personal.

La que fuera la reina de las aeronaves del Atlántico
Norte, el BAC-Aérospatiale Concorde
Desde cualquier lado que se le quiera ver, el Atlántico
del Norte es el gran laboratorio de la aviación
comercial internacional, en los cielos que cubren
sus heladas y tormentosas aguas, aeronaves, conceptos
operativos, innovaciones comerciales, modelos de
negociación bilateral, servicios a bordo,
tarifas, sistemas de y navegación aérea
han sido introducidos o sometidos a prueba a fin
de estudiar su uso globalmente, mucho de lo que
conocemos y empleamos en el aerotransporte internacional
moderno tuvo su génesis o tiene algo que
ver con este mercado, que no tardó mucho
en convertirse en el gran reto a vencer por los
pioneros, las aerolíneas y los constructores
de aeronaves civiles y militares. Hasta algunos
de los accidentes aéreos más sonados,
como el del vuelo 800 de la TWA en 1996 tienen el
mismo escenario. Pero, ¿exactamente a qué
me refiero al hablar del Atlántico Norte?,
veamos: La Asociación del Transporte Aéreo
Internacional (IATA), divide estadísticamente
al mundo en Areas de Conferencias de Tráfico,
conocidas como "TC". La TC-1 comprende
Norte, Centro y Sudamérica, la TC-2 comprende
Europa, Medio Oriente y Africa y la TC-3 comprende
el Lejano Oriente y el Pacífico Sur. Para
efectos de esta clasificación, Norteamérica
es Canadá y los Estados Unidos (incluyendo
Alaska y Hawaii), pero no incluye a México,
país al que clasifican dentro de Centroamérica.
La IATA define al mercado del Atlántico Norte
como "cualquier vuelo comercial entre la TC-1
y la TC-2 o viceversa, vía un puerto de entrada
y salida en Norteamérica, en donde deberá
realizar una parada comercial de tráfico,
es decir, tomando o dejando pasajeros y/o carga".
Delimitado el universo estadístico debemos
reconocer, además de que en la práctica
se reconocen --quizás erróneamente--
vuelos en el Atlántico Norte como los vuelos
que transcurren principalmente por el espacio aéreo
del Atlántico al Norte del Ecuador y que
tienen su origen y destino también al Norte
de esta referencia geográfica. Esto es importante
porque en un sentido estadístico estricto,
vuelos como un Madrid-México sin escalas,
no son vuelos estadísticamente aplicables
al mercado del Atlántico Norte, como lo sería
un Madrid-Miami-México (con derechos de tráfico
de quinta libertad en Miami).
Los
dos primeros contendientes en la carrera del Atlantico
Norte. A la izquierda el Boeing 707, a la derecha
el McDonnell Douglas DC-8
La historia de la conquista del Atlántico
del Norte comienza seguramente con los sueños
de aquellos que imaginaban hace cientos de años
que el hombre algún día sería
capaz de volar, cruzar los océanos y hasta
llegar a la Luna. De manera práctica la historia
de los vuelos trasatlánticos exitosos comienza
con el vuelo del Navy-Curtiss NC-4 al mando del
teniente norteamericano Albert C. Read hacia el
31 de mayo de 1919, en lo que fue la primera travesía
trasatlántica (con escalas). Posteriormente
tenemos la nada despreciable hazaña de los
británicos, capitán John Alcock y
teniente Arthur Brown, los cuales cruzaron este
océano por primera vez sin escalas (Terranova
hasta Irlanda) entre el 14 y el 15 de junio, también
de 1919, con un bombardero modificado Vickers Vimy.
Lindbergh fue el primero en volar sin escalas entre
las masas continentales de América y Europa
en mayo de 1927.
Las rutas trasatlánticas comenzaron a ser
explotadas comercialmente a finales de los años
20’s, con los vuelos de pasajeros del dirigible
alemán LZ 127 "Graf Zeppelin".
Luego vinieron algunos vuelos experimentales realizados
hacia principios de los años 30 por alemanes,
norteamericanos, ingleses y franceses, el inicio
el 20 de mayo de 1939 de los vuelos regulares trasatlánticos
de correo y pasajeros (28 de junio de 1939) de la
Pan American Airways (PAA) en la ruta Nueva York-Marsella
con escalas en las Azores y Lisboa, Portugal, empleando
en ella hidroaviones Boeing 314’s y unos días
después el inicio de los vuelos de la Imperial
Airways entre el Reino Unido y los Estados Unidos,
también empleando hidroaviones (Short Clase
"C", así como Boeing 314’s),
vuelos a propósito reservados por sus precios
y por la escasez de asientos disponibles a unos
cuantos privilegiados, en especial a grandes oficiales
gubernamentales, militares, estrellas del espectáculo,
diplomáticos, empresarios y grandes personalidades.
La segunda guerra mundial nos heredó, además
de su terrible precio en destrucción y pérdida
de vidas una aviación mucho más desarrollada,
experimentada, mejor equipada y un mercado de viajeros
de post-guerra lo suficientemente grande como para
permitir la puesta en operación de importantes
servicios aéreos trasatlánticos civiles,
los cuales desde un principio se diseñaron
sobre la base de aeronaves operando desde aeropuertos
en tierra, desechándose así el empleo
en la ruta de hidroaviones. La guerra fue el campo
ideal para que las futuras generaciones de pilotos,
operadores de aerolíneas y fabricantes de
aeronaves adquiriesen la capacidad y experiencia
para iniciar vuelos comerciales trasatlánticos
regulares en relativamente buenas condiciones de
seguridad, confort, alcance, velocidad y economía.
Durante la guerra, podemos decir que el vuelo trasatlántico
dejó de ser una aventura, para convertirse
en algo regular. Con la llegada de la paz cambió
también el universo y las posibilidades de
acceso a los mercados de las aerolíneas,
así en el Atlántico Norte como en
otras rutas antes de que llegasen los años
50’s, Pan American (eterna aspirante al monopolio
de las rutas internacionales del mundo entero) se
vio enfrentada a nueva competencia en sus rutas,
procedente en el caso del Atlántico Norte
de otras aerolíneas norteamericanas como
TWA y la American Export, luego American Overseas
(subsidiarias de American Airlines) y de las aerolíneas
bandera de Europa y Canadá, muchas de las
cuales aún vemos en los aeropuertos del mundo,
como es el caso de Air France, KLM, Sabena, Swissair
y SAS, así como de otras que ya son parte
de la historia, como es el caso de BOAC (antecedente
de la actual British Airways), Trans Canada (antecedente
de Air Canada), e inclusive indirectamente una aerolínea
mexicana: Guest Aerovías, que inició
vuelos regulares en 1948 entre México D.F.
y Madrid, con escala comercial en Miami (donde no
podía cargar pasajeros con destino a Europa,
por lo que no puede ser un servicio del Atlántico
Norte en el sentido estadístico IATA, pero
sí en el sentido técnico) y escalas
técnicas en Hamilton, Sta. María Azores
y Lisboa. En estos servicios se emplearon diversas
versiones civiles y militares del Douglas DC-4,
DC-6 y de los primeros Lockheed Constellation. Eran
éstos los tiempos además, en que las
presiones y los juegos de estrategia procedentes
de los despachos de Howard Hughes (TWA), C.R. Smith
(American), William Paterson (United), Rickenbacker
(Eastern) y Juan Trippe (Pan American), comenzaban
a sentirse en Burbank (Lockheed), San Diego (Convair),
Seattle (Boeing) o Santa Monica (Douglas), donde
los ingenieros aeronáuticos trabajaban a
marcha acelerada para ofrecer a las grandes aerolíneas
las aeronaves que deseaban, incluyendo aquellas
con verdadero alcance trasatlántico, rutas
para las que se concibieron fabulosas aeronaves
como el Douglas DC-7 "Seven Seas" (1956),
el Boeing 377 "Stratocruiser" y la inolvidable
línea de los "Super Constellation",
que constituyeron un agradable aperitivo a la aparición
del turborreactor comercial, el cual debutó
en la ruta del Atlántico Norte el 4 de octubre
de 1958, cuando un deHavilland Comet 4 de la BOAC
comenzó a volar en la ruta entre Nueva York
(Idlewild) y Londres (Heathrow) con escala en Gander,
Terranova en los vuelos Este-Oeste. Sin embargo,
el primer jet realmente trasatlántico fue
el Boeing 707-120 que Pan American puso en operación
en la ruta Nueva York-París el 28 de octubre
de 1958.
La posibilidad de atender la creciente demanda de
transporte aéreo, sobre todo en rutas como
las del Atlántico del Norte y la posibilidad
de transportar grandes cantidades de pasajeros y
carga en condiciones de confort nunca antes vistas
y costos de operación sumamente bajos, fueron
los pretextos que necesitó Pan American para
negociar con Boeing hacia 1965 la fabricación
del modelo 747, el primer avión comercial
de cabina ancha, cuyo primer vuelo tuvo lugar precisamente
en el mercado del Atlántico Norte el 21 de
enero de 1970, cuando un Jumbo 747 de Pan American
despegó del aeropuerto John F. Kennedy de
Nueva York con destino al aeropuerto Heathrow de
Londres.

El 24 de mayo de 1976, el supersónico anglo-francés
BAC-Bae/Aérospatiale Concorde inició
vuelos regulares entre Europa y los Estados Unidos,
con aeronaves de Air France y British Airways que
comenzaron a volar al aeropuerto Dulles de Washington,
D.C., procedentes de París y Londres. El
aeropuerto Kennedy de Nueva York, el destino más
importante para cualquier servicio trasatlántico,
incluido el supersónico, no tendría
operaciones regulares del Concorde sino hasta el
22 de noviembre de 1977.
Tradicionalmente controlado por las grandes aerolíneas
"bandera" oficiales y no oficiales (recordemos
que a Pan American se le percibía como una
virtual aerolínea "bandera" de
los Estados Unidos) mediante acuerdos bilaterales
y la siempre cercana vigilancia y control de la
IATA, el acceso al mercado del Atlántico
Norte ha sido siempre materia de restricciones y
origen de varias importantes controversias. Este
virtual monopolio comenzó a verse seriamente
erosionado a raíz de la consolidación,
hacia finales de los años 70’s y principios
de los 80’s, de tendencias desregulatorias
en materia de transporte aéreo en ambos lados
del Atlántico, que dieron lugar a la aparición
de aerolíneas como la inglesa Laker con su
"Skytrain", que desde septiembre de 1977
y hasta su cierre en febrero de 1982, ofrecía
vuelos trasatlánticos (principalmente en
la lucrativa ruta entre Nueva York y Londres) a
muy bajos precios en los que las características
eran la inexistencia de reservaciones, ni amenidades
a bordo y la norteamericana People Express, de características
similares a Laker y que operó en el mercado
entre 1983 y 1985. Estas dos aerolíneas,
principalmente el "Skytrain" de Laker,
provocaron la ira de las grandes aerolíneas,
que intentaron sacarlas del mercado por todos los
medios. Recordemos que sir Freddie Laker comenzó
en 1982 una exitosa batalla legal contra British
Airways, Pan American, TWA, General Electric y McDonnell
Douglas que según Laker confabularon para
provocar el derrumbe de su "Skytrain".
"Freddie Laker podrá estar en paz con
Dios, pero no es una persona grata en la IATA".
Dijo en alguna oportunidad el Duque de Edimburgo.
Mejor suerte tuvieron otras aerolíneas --notablemente
Loftleidir-Icelandic-- en ofrecer precios bajos
en el Atlántico del Norte desde 1948, sin
hacer gran ruido entre las grandes aerolíneas
ofreciendo vuelos entre los Estados Unidos y Luxemburgo
con escala en Reykjavik, Islandia.
"Decidí que había espacio para
otra aerolínea, cuando pasé dos días
tratando de llegar a People Express..."
Palabras de Richard Branson, cuya aerolínea
Virgin Atlantic (hasta el nombre de la aerolínea
delata su principal mercado), inició operaciones
el 22 de junio de 1984, operando con un solo Boeing
747-200 en la ruta Londres (Gatwick)- Nueva York
(Newark). Hoy en día esta original aerolínea
se ha convertido en uno de los más importantes
operadores de rutas trasatlánticas.
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El
bimotor más grande y con mayor capacidad que
cruza el Atlántico Norte, Boeing 777
No fueron tanto las intrigas ni la alta política,
sino la economía más pura, la que cambió
el escenario en el Atlántico Norte. Derrotadas
por sus errores y su incapacidad de adaptarse al entorno
económico del transporte aéreo internacional
en los años 90’s y sin los subsidios
y respaldo financiero que los gobiernos europeos otorgaban
abiertamente en esos tiempos a sus principales aerolíneas,
la estafeta del liderazgo norteamericano en el Atlántico
del Norte pasó en menos de una década
de las manos de Pan American (que dejó de operar
en 1991) y TWA (que se ha visto en serios problemas
financieros) a las de American, Delta y United, aerolíneas
que a propósito no operan necesariamente enormes
tetrarreactores como solían hacer Pan American
y TWA con sus 747’s, ni trirreactores como el
McDonnell Douglas DC-10 (especialmente en las series
30 y 40) o el Lockheed L-1011 (especialmente en la
serie 500), sino más bien birreactores de capacidad
media como el Boeing 767-200 y 300ER, aeronave con
la que comenzó una de las más importantes
transformaciones en las operaciones trasatlánticas.
Antes de 1984, la idea de operaciones trasatlánticas
sin escalas con aeronaves bimotoras sonaba descabellada,
aún así la aerolínea israelí
EL AL comenzó a volar ese año con 767-200
ETOPS (Extended Twin Engine Operations) entre Montreal
y Tel Aviv, luego vinieron otras operaciones ETOPS
con aeronaves como Airbus A310, Boeing 767-300ER,
Airbus A300-600R, Boeing 757-200, Airbus A330, y recientemente
con el Boeing 777-200, modelo que inició su
vida comercial operando el 7 de junio de 1995 un vuelo
entre Londres (Heathrow) y Washington (Dulles), en
los colores de United Airlines y que tiene la capacidad
de realizar operaciones ETOPS de 180 minutos, lo que
le permite operar sin restricciones cualquier ruta
trasatlántica. Por su capacidad de asientos
en el rango del tamaño medio y su enorme alcance,
las aeronaves ETOPS han contribuido a reducir la concentración
de rutas trasatlánticas en unos cuantos pares
de ciudades, principalmente con origen y destino Nueva
York, abriendo a las aerolíneas la posibilidad
de realizar operaciones trasatlánticas rentablemente
desde otros aeropuertos. El Atlántico del Norte
no se ha visto al margen de la proliferación
de alianzas comerciales y acuerdos de código
compartido, de hecho algunas de las grandes "mega
–alianzas" de la actualidad se enfocan
principalmente hacia las rutas trasatlánticas
(Northwest-KLM / United-Lufthansa / Delta-Air France
y American-British Airways), lo cual habla de la importancia
que mantiene el mercado en el panorama de las aerolíneas
internacionales. Si bien es cierto que las rutas del
Pacífico se han convertido en las rutas de
mayor crecimiento y los esfuerzos de los fabricantes
de aeronaves comerciales (Airbus y Boeing) tienen
en cuenta principalmente ese mercado al diseñar
la nueva generación de "Jumbo Jets"
(Airbus A3XX y las nuevas versiones del Boeing 747),
es indiscutible que la "reina" de todas
las rutas de la aviación comercial internacional
seguirá siendo el Atlántico del Norte,
donde es de esperarse que la proporción de
operaciones ETOPS siga creciendo (es decir, menos
tretramotores como el 747); que la dispersión
hacia vuelos sin escalas entre más pares de
ciudades continúe y que esta ruta siga siendo
el centro de grandes controversias, como es ahora
el caso de la alianza entre American y British Airways
en la que el tema del dominio de ambas empresas en
las rutas del Atlántico, en especial en las
rutas con destino a Londres, ha sido motivo de grandes
debates, al grado que el alcance de la misma se ha
visto seriamente afectado por las objeciones impuestas
y la oposición de otras aerolíneas como
Virgin Atlantic que inclusive pintó en sus
aeronaves la leyenda "No way BA/AA", es
decir: "De ninguna manera BA/AA".
Es cierto, ya no hay hazañas históricas
por conquistar en el Atlántico del Norte, sin
embargo la aviación comercial internacional
siempre se reinventa a sí misma. El Atlántico
Norte sigue ahí para servir de campo de ensayos
para la aviación comercial internacional. |