Un
Albatros de 80 años
Por:
Claudio Cáceres Godoy y Alessandro Bocca
Fotografía: Autores y Rino Poletti
Publicado:
julio - agosto 2003
Fuente: America vuela - número 87
El
Servicio de Aviación Naval de la Armada de
Chile, creado el 16 de marzo de 1923, fue uno de
los primeros componentes de este tipo a nivel sudamericano.
En sus 80 años de existencia ha acumulado
una notable experiencia que es sinónimo de
profesionalismo, superación y sacrificio
que le han llevado a ocupar un destacado lugar entre
sus similares a nivel mundial, lo cual es motivo
de orgullo para sus actuales miembros.
Vista panorámica de la Base Aeronaval
Viña del Mar, que muestra las aeronaves presentes
en la ceremonia del 14 de marzo.
Al centro, el comandante en jefe de
la Armada Nacional, almirante Miguel Angel Vergara
Villalobos; a la izquierda, el comandante de
Operaciones Navales, vicealmirante Oscar Manzano
Soko y a la derecha el comandante de la Aviación
Naval, contralmirante Percy Richter Silberstein
pasan revista en la ceremonia del 80º aniversario
de la Aviación Naval de Chile. |
Bell 412 en FIDAE 2002, esta aeronave es la
última adquisición de la Fuerza
Aeronaval. |
Mediante
una impecable ceremonia militar realizada el 14
de marzo pasado en las dependencias de la Base Aeronaval
Viña del Mar, se conmemoró el octogésimo
aniversario de la creación del Servicio de
Aviación Naval de la Armada de Chile. Los
orígenes de la especialidad datan del 16
de marzo de 1923, fecha en que el presidente Arturo
Alessandri Palma materializó la iniciativa
del capitán de fragata Eduardo von Schroeder
Sarratea.
El evento contó con la presencia del comandante
en jefe de la Armada de Chile, almirante Miguel
Angel Vergara Villalobos, el comandante de la Aviación
Naval, contraalmirante Percy Richter Silberstein,
así como de altos oficiales superiores de
la Armada y autoridades civiles y militares.
En su discurso, el contraalmirante Richter resumió
lo que han significado para la nación estos
ochenta años y destacó los aspectos
más trascendentes de la formación,
de las técnicas asumidas y de las operaciones
cumplidas por la aviación naval.
Señaló las metas logradas durante
el año 2002, entre las cuales destacó
notablemente la realización del “Proyecto
Hielo”, una ambiciosa expedición científica
internacional planificada para analizar una extensa
zona en la Antártida occidental, proyecto
anhelado por casi 40 años. Dicha operación
fue ejecutada en forma conjunta por el Escuadrón
de Exploración Aeromarítima VP-1,
el Centro de Estudios Científicos de Chile
y la Agencia Espacial de los Estados Unidos (NASA),
para derivar en una compleja adaptación científica
de un avión de patrullaje marítimo
P-3ACh, durante un importante e intenso periodo
de operaciones. De esta forma se quiere llamar la
atención sobre el valioso esfuerzo institucional
de cooperación para el desarrollo de Chile.
Por otra parte, se valoraron también las
diez mil horas voladas en beneficio directo de las
tareas navales y marítimas asignadas a la
aviación naval.
El año 2002 también fue calificado
de especialmente duro para la aviación naval,
por cuanto se registraron dos accidentes aeronáuticos,
en uno de los cuales fallecieron el teniente 2º
Esteban San Miguel Vásquez, el subteniente
Jorge Stark López y el marinero Eduardo Martínez
Letelier, irreparables y dolorosas pérdidas
para sus familias y para la Armada.
Nadie podría negar el tremendo valor humano
y material que significan las operaciones aéreas
de la aviación naval en apoyo de la población
civil, y en el transcurso del año pasado
encontramos dos eventos de muy singulares características:
Durante las lamentables inundaciones invernales
que azotaron el valle central de Chile, los medios
aéreos de la aviación naval realizaron
importantes operaciones aéreas de búsqueda
y salvamento. Sumado a éstas, en la pasada
temporada veraniega la labor de los helicópteros
navales fue determinante para el rescate de personas
desde el mar. Muchas familias chilenas deben la
existencia de uno de sus miembros, a la pronta y
oportuna ayuda de las aeronaves de la aviación
naval de Chile.
ANTECEDENTES HISTORICOS
Los
orígenes del servicio de aviación
naval de la Armada de Chile, los encontramos a principios
del siglo XX, mediante el envío de oficiales
y gente de mar a la recién creada Escuela
de Aeronáutica Militar, cuyas dependencias
se encontraban en Santiago. Así, en abril
de 1916 comenzó el primer curso para aviadores
navales en el país, titulándose ese
mismo año el primer piloto naval: Contador
3º Carlos Yánquez Cerda.

Avro 504 K matriculado Nº 2, es sacado del
agua en la Base Aeronaval de Valparaíso.
Fue en 1919 cuando la Armada pudo contar con sus
primeras aeronaves, la Primera Guerra Mundial privó
a la Armada de Chile de unidades navales que se
construían en artilleros británicos,
buques que fueron incautados y destinados urgentemente
al servicio de la Armada Británica. Por lo
anterior, la Armada fue compensada con una partida
de aviones, dentro de los cuales destacaban hidroaviones
Short 184, Sopwith Baby, Avro 504 y el hidroavión
biplano F-2A. El primer vuelo de un avión
naval fue efectuado en el puerto de Talcahuano,
el 3 de julio de ese año, por el subteniente
2º Manuel Franke, al mando de un hidroavión
Sopwith Baby. Se iniciaba así una época
marcada por el esfuerzo y dedicación para
llevar adelante la meta de materializar la especialidad.
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El Bote Volador Felixtowe F2A, amarizado. Este avión
portaba el nombre del primer mártir de la aviación
naval, guardiamarina Guillermo Zañartu Irigoyen
En 1923, después de muchos esfuerzos y negociaciones
el presidente Arturo Alessandri Palma emitió
un decreto para consolidar el Servicio de Aviación
Naval de Chile, y su primer comandante fue el capitán
de Fragata Edgardo von Schroeders, lo cual permitió
el crecimiento y desarrollo de la aviación
naval en el país. Con el correr del tiempo
y gracias a la experiencia acumulada, la Aviación
Naval de Chile realizó sus primeras adquisiciones
oficiales, así llegaron los hidroaviones
Dornier Wall, Avro 504-N y Fairey III-F. Todo este
material de vuelo y personal especializado, necesitaba
un centro de operaciones que reuniera las condiciones
necesarias para su óptima operación,
fue así como durante el año 1925 se
inauguraron las actividades en la nueva Base Aeronaval
de Quintero.

El Sopwith Baby N-1068 es bajado mediante
grúa al mar, desde un buque de la Armada,
para un vuelo de rutina.
La incipiente historia de la aviación naval
de los años veinte fue pródiga en
logros, la Base Aeronaval de Quintero se consolidaba
eficientemente mientras que los cursos de aviadores
navales continuaban. En pocos años el Servicio
contaba con material aéreo de tecnología
moderna para la época. Hasta finales de la
década, la Aviación Naval prestó
valiosos servicios de apoyo a la Escuadra y ostentaba
un historial de marcas, entre éstas tenemos
el primer salto en paracaídas sobre el mar,
en Sudamérica; el primer vuelo de hidroavión
en Chile y numerosos vuelos de escuadrilla a lo
largo del país, que causaron sorpresa a la
opinión nacional y de paso nutrieron con
valiosa experiencia de vuelo a sus tripulaciones.
A comienzos de 1930 se materializa la idea de unificar
los servicios aéreos de la Armada y el Ejército,
así el 21 de marzo de 1930, el presidente
Carlos Ibáñez del Campo dispone por
decreto la fusión de ambos servicios, quedando
el nuevo cuerpo a cargo de la Subsecretaría
de Aviación, dependiente del Ministerio del
Interior. Ese día, el material de vuelo,
pilotos, personal de tierra e incluso la Base Aeronaval
de Quintero, pasaron a formar parte de la naciente
Fuerza Aérea Nacional, contribución
trascendente y generosa de la Armada para el país.
Fairey III-N en maniobra de colocación sobre
catapulta de lanzamiento, a bordo del acorazado
“Almirante Latorre”, de la Armada Nacional.
Sin embargo, las operaciones aeronavales continuaron
desarrollándose a bordo del acorazado “Almirante
Latorre”, mediante la utilización de
aviones. Concluida la Segunda Guerra Mundial, la
Armada envió diez oficiales a los Estados
Unidos, con el propósito de obtener el título
de aviadores navales. Estos pilotos llegaron a calificar
y volar aviones de caza y torpederos a bordo de
portaaviones norteamericanos. Gracias a este tipo
de iniciativas sumadas a un gran esfuerzo y trabajo
en equipo, en 1953 la Armada logró hacer
renacer el Servicio de Aviación Naval.
Bella instantánea que muestra al Short 184
en vuelo sobre el mar. Este avión fue uno
de los primeros elementos de la naciente rama aeronaval.
Ese mismo año, el presidente Carlos Ibáñez
del Campo en su segundo periodo como primer mandatario,
materializaba el Decreto Nº 149, que permitía
a la Armada adquirir aviones y helicópteros
para reactivar el servicio de aviación. De
esta manera la armada adquirió cuatro aviones
de transporte Beechcraft D18S, junto con cuatro
helicópteros Bell 47, con la limitación
explícita de contar como máximo con
una de estas aeronaves por cada zona naval.

Dornier Wall Nº 16, preparado para el despegue,
desde la Base Aeronaval de Quintero. Abajo, líder
y elemento vuelan sobre el océano Pacífico
en sus Bell 47 G (UH-13), primeros helicópteros
del Servicio Naval.
Labor de vigilancia del mar chileno realizada con
aviones Beechcraft D18S Naval 103, en la decada
de los cincuentas
Ante el rechazo experimentado por la Armada respecto
a su intención de reanudar sus operaciones
aeronavales en su antigua base de Quintero, un escuadrón
aeronaval compuesto por tres aeronaves, diez pilotos
navales y cuarenta técnicos de variada especialización,
se radica y comienza sus actividades aéreas
en la nueva Base Aeronaval El Belloto.
Desde ese entonces puede afirmarse que comenzó
el despegue definitivo de la aviación naval,
no necesariamente con la rapidez y dirección
anhelada por sus integrantes. Su desarrollo, en
esos primeros años, obedeció a un
proceso incierto y vacilante, pero con el paso del
tiempo adquirió la necesaria claridad estratégica
y operativa respecto de aquellos objetivos que debía
sustentar para guiar su crecimiento y consolidación.
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Helicóptero Alouette III (SH-9) Naval 63 aterrizado
sobre la cubierta del portaviones norteamericano “USS
Constellation”, de visita en Valparaíso.
Los Sikorsky 51 y 52 SH-34 J en vuelo de apoyo a la
Escuadra Nacional. Estas fueron las primeras aeronaves
chilenas dotadas de equipos antisubmarinos.
Naval 121 es la matrícula del Douglas C-47,
al que vemos en carrera de despegue de la Base Aeronaval
Guardiamarina Zañartu, en el extremo austral
de Chile.
En la década de los años sesenta comenzó
un moderado aumento del material de vuelo; en virtud
de un acuerdo con los Estados Unidos se incorporaron
dos helicópteros Sikorsky SH-34J, aeronaves
de avanzado desarrollo tecnológico para la
época, que llevaron a obtener importantes experiencias
en guerra antisubmarina. Más tarde llegaron
aviones de transporte Douglas C-47, con los cuales
la aviación naval pudo desarrollar un nuevo
abanico de misiones aprovechando las características
de los longevos bimotores. A fines de ese periodo,
cuatro helicópteros Bell 206 fueron ingresados
al inventario, siendo éste el primer material
propulsado por motores a turbina.
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Este CASA 212-100, número 145, aterriza en
la Base Aeronaval Viña del Mar, luciendo su
actual esquema de pintura.
IAI Westwind II, jet ejecutivo que cumplió
labores VIP para la Armada. Esta aeronave fue el primer
jet que tuvo en su inventario la Aviación Naval
de Chile y se le asignó el número 130.
Con los antiguos y nuevos helicópteros, la
aviación naval realizó actividades de
vuelo en el continente antártico. Relevantes
fueron los rescates en condiciones excepcionalmente
difíciles, efectuados durante dos catástrofes
naturales de origen volcánico, que afectaron
a la isla Decepción. De igual forma estas aeronaves
permitieron cumplir con variadas y nuevas tareas de
enlace, búsqueda y salvamento, operaciones
sanitarias, tareas hidrográficas, además
de las misiones de vector de armas en beneficio de
la Escuadra Nacional.
A mediados de la década de los sesenta, la
aviación naval concreta un anhelo fundamental:
la adquisición de media docena de aviones de
instrucción básica Beechcraft T-34 Mentor.
Con este material de vuelo se pudo iniciar la formación
integral de sus pilotos, posteriormente todo el quehacer
académico en la formación de oficiales
y gente de mar, sería desarrollado en la Escuela
de Aviación Naval.
Fue en la década siguiente, en los años
70, cuando se produjo un gran plan de renovación
del material de vuelo, concretándose con
la llegada de tres biturbohélices brasileños
Embraer Bandeirante C-95 (denominación de
la fábrica EMB-110C) para funciones de entrenamiento
bimotor, enlace y transporte liviano. También
se compraron a Embraer seis P-111 (EMB-111), que
cumplieron roles de exploración aeromarítima
contando además con cierta capacidad de ataque,
ambas adquisiciones revitalizaron las actividades
aeronavales en todo el territorio nacional. Poco
tiempo después se incorporaron los aviones
CASA 212 Aviocar para cumplir las misiones de transporte
y diez helicópteros Aerospatiale Alouette
III SA 319B, que pasaron a formar parte de la Escuadra,
organizados en una unidad, cumpliendo tareas de
exploración y como vectores de armas antisubmarinas.
Al final de la década, con la última
adquisición de diez aviones Pilatus PC-7
de instrucción, se concretó una total
renovación de material, situación
que permitió apoyar eficazmente a los mandos
institucionales en todas sus tareas y responsabilidades
a lo largo del país. Actualmente los PC-7
constituyen el medio más valioso de entrenamiento
para oficiales que desean convertirse en aviadores
navales.
A mediados de los ochenta, dado que se había
hecho evidente que las dependencias e infraestructura
aeronáutica de la Base Aeronaval El Belloto
resultaban insuficientes, se determinó la
construcción de un nuevo establecimiento
de soporte terrestre en Concón. Esas dependencias,
acordes con la nueva era en operación, mantenimiento
e infraestructura que experimentaba el servicio,
fueron inauguradas en marzo de 1989, bautizándose
como Base Aeronaval Viña del Mar. (Ver reportaje
de América Vuela Nº 76).
Embraer EMB-110 (C-95) rodando para el despegue.
La aviación naval chilena tuvo tres aeronaves
similares en su inventario.
A finales de la década de los 80, se incorporó
un avión IAI Westwind II de procedencia israelita.
Este fue el primer aparato de propulsión
turboventilador que recibió esta fuerza para
misiones de enlace, transporte del comandante en
jefe de la Armada, almirante José Toribio
Merino Castro, además estuvo destinado a
poner a prueba los sistemas de armas de los buques
y a calibrar sus equipos. Posteriormente sería
sustituido por dos aviones Dassault Falcon 20 destinados
a apoyar la Escuadra en actividades de Exploración
Aeromarítima. Al mismo tiempo se materializó
la renovación de los helicópteros
SA-319B, que fueron reemplazados en algunos roles
por material MBB-BO-105, los cuales son un valioso
medio para las actividades relacionadas con la protección
de la vida en el mar y el resguardo de los intereses
marítimos.
Escalón de tres Beechcraft T-34 Mentor en
vuelo. Este tipo de avión sirvió en
labores de entrenamiento hasta la llegada de los
Pilatus PC-7.
Comenzando la década de los noventa, se materializó
la compra de los helicópteros Eurocopter
Super Puma, destinados a la Escuadra. Estas aeronaves
cuentan con soberbias capacidades de ataque antisuperficie
y antisubmarina. Los nuevos medios consolidaban
una importante contribución a la potencia
ofensiva de la Escuadra. En la misma época,
germina exitosamente la ambiciosa intención
de adquirir aviones de exploración aeromarítima
de largo alcance y capacidades operativas, adquiriéndose
una partida de aviones Lockheed P-3 Orion, con lo
cual la Escuadra Nacional lograba satisfacer de
manera substancial sus requerimientos.
En vísperas de un nuevo milenio, el continuo
crecimiento acompañado de un lógico
proceso en la renovación del material de
vuelo, hizo que la Armada adquiriera en Estados
Unidos una partida de aeronaves Cessna O-2A Skymaster.
Recientemente se compró un helicóptero
Bell 412 que vino a incrementar las capacidades
operativas de la fuerza de ala rotatoria, se espera
que esta versátil aeronave sea la primera
de varias unidades en ser incorporadas al servicio.
Las primeras actividades aeronavales que se iniciaron
en 1954, en las cercanías de El Belloto,
distan considerablemente de las actuales. Hoy, a
principios del siglo XXI, el albatros de la aviación
naval marca la soberanía desde el desierto
nortino hasta los hielos antárticos superando
con creces los anhelos y sueños de sus visionarios
fundadores. Finalmente, si tuviéramos que
simplificar en tres palabras lo que han sido estas
décadas de existencia del Servicio de Aviación
Naval de Chile, simplemente serían: profesionalismo,
valentía y sacrificio.
VALORANDO
EL PASADO
Sin
lugar a dudas uno de los eventos más atractivos
y novedosos del octaogésimo aniversario fue
la inauguración del Museo de la Aviación
Naval, al interior de un avión Lockheed P-3
Orion, que será el perfecto complemento histórico
a la exposición estática de aeronaves
antiguas y remozadas que se exhiben permanentemente
en los alrededores de la base aérea.
Al respecto, el contraalmirante Percy Richter declaró:
"este museo se materializó con el aporte
de algunos amigos e integrantes de la aviación
naval; la recuperación de un antiguo avión
P-3 fue indispensable para acoger interiormente
algunas muestras históricas de esta especialidad
y para beneficio y responsabilidad de las nuevas
generaciones de aviadores navales presentes y por
venir".
La presentación de esta valiosa iniciativa
corrió por cuenta del oficial en retiro de
la aviación naval e historiador Carlos Tromben,
quien pidió: "a quienes poseen materiales
de interés, tales como objetos, antiguas
piezas de equipos de vuelo, documentos, fotografías,
manuales, cartas de navegación o mapas, las
donen para enriquecer la colección de este
museo, pues en caso contrario se perderá
el recuerdo de las generaciones pasadas. Nuestro
museo es una semilla que debe caer en el fértil
terreno de quienes tenemos la responsabilidad de
entregar a las generaciones futuras un legado y
un espíritu para que lleven esta querida
especialidad a las más altas cumbres del
profesionalismo".
Al ser consultado sobre algunos aspectos de la aviación
naval, el comandante en jefe de la Armada, almirante
Miguel Angel Vergara, declaró: "En este
momento no se podría pensar en una Armada
que no tuviera una aviación naval, tanto
para la exploración aeromarítima como
en la parte de armamento, actualmente no concibo
una marina sin ella”.
Agradecimientos:
Los autores agradecen al Departamento de Relaciones
Públicas de la Aviación Naval, a través
del capitán de Corbeta Eduardo Fainé,
y al suboficial Carlos Ramírez, por la valiosa
ayuda y facilidades otorgadas para cubrir este magno
evento.

Ceremonia de inauguración del Museo de la
Aviación Naval de Chile, a bordo del avión
Lockheed P-3 Orión.
LA AVIACION NAVAL DE CHILE, HOY
Actualmente
la Aviación Naval de Chile es una fuerza
de apoyo moderna y muy avanzada, consecuente con
el tipo de maniobras aeronavales que ejecuta. Estas
se desarrollan en el cielo que cubre la extensión
oceánica y aguas interiores, siguiendo el
espíritu naval con el que nació en
los albores de la aeronáutica chilena.
Hermosa imagen que muestra al Bell 206 (UH-57)
Jet Ranger al atardecer, en su base.
La Aviación Naval de la Armada de Chile básicamente
está dividida en dos grandes fuerzas aeronavales,
al interior de las que operan los destacamentos
repartidos a lo largo del país. La principal
unidad es la Fuerza Aeronaval Nº 1, con asiento
en Viña del Mar, integrada por el Escuadrón
de Propósitos Generales VC-1, una de las
unidades más antiguas de la aviación
naval, actualmente está equipado con material
de vuelo del tipo CASA 212, Cessna O-2A (versión
militar del Cessna 337 Skymaster) y un EMB-111AN,
especialmente adaptado para desarrollar misiones
de transporte. Las tareas del Escuadrón son
muy diversas, pues presta servicio de transporte
de pasajeros y carga, remolque de blancos aéreos
para la Escuadra, lanzamiento de paracaidistas,
misiones sanitarias, apoyo estrecho a fuerzas terrestres
y entrenamiento avanzado de pilotos.
Escuadrón de Helicópteros Utilitarios
Bell HU-1, su misión principal es realizar
misiones de enlace, entrenamiento de tripulaciones,
patrullaje costero, búsqueda y salvamento.
Para cumplir eficazmente con estos propósitos,
la unidad está equipada con helicópteros
Bell 206, Bell 412 y Eurocopter Bo-105, si es necesario
estos helicópteros pueden operar embarcados.
Este escuadrón es la cara visible de la aviación
naval, debido principalmente a su participación
en diversas operaciones en beneficio de la población
civil.
La puerta de entrada a la aviación naval
de los futuros oficiales aviadores es el Escuadrón
de Instrucción VT-1. Equipado con los aviones
turbohélice Pilatus PC-7, su misión
principal es proporcionar entrenamiento aéreo
a los alumnos de la Escuela de Aviación Naval.
Hay que destacar que si las circunstancias operacionales
lo ameritan, los aviones PC-7 pueden desempeñar
eficazmente tareas de apoyo aéreo estrecho
por su buena capacidad para portar armamento de
diferente tipo.
La mayor unidad de ala afija es el Escuadrón
de Exploración Aeromarítima VP-1,
esta unidad es responsable de la ejecución
de misiones de patrullaje marítimo de largo
alcance. Con este propósito está equipado
con aviones Lockheed P-3ACh del cual se puede decir
con propiedad que es el avión de exploración
por excelencia, junto a éstos operan los
longevos Embraer EMB-111AN, que se utilizan para
misiones de exploración de corto alcance.
Las misiones de exploración aeromarítima
abarcan también Búsqueda y Salvamento
Marítimo, Vigilancia y Protección
del Mar Territorial y Zona Económica Exclusiva.
Existe una segunda unidad de ala giratoria, estamos
hablando del Escuadrón de Helicópteros
de Ataque HA-1, unidad embarcada que depende técnicamente
del Comando de la Aviación Naval y operativamente
de la Comandancia en Jefe de la Escuadra Nacional.
Equipado con los Eurocopter AS-332B1/F1 Super Puma,
la unidad es responsable principalmente de la lucha
antisubmarina y contra unidades navales de superficie.
Su material de vuelo está equipado con sofisticados
sistemas de detección, guerra electrónica
y autodefensa, y está capacitado para transportar
torpedos Mk.46, cargas de profundidad y misiles
AM-39 Exocet.
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A
los Cessna O-2 navales les corresponde la tarea
de vigilancia del territorio marítimo,
para locual su mantenimiento debe ser periódico
y prolijo.
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La
Antártida chilena es uno de los sitios
visitados usualmente por los helicópteros
de la Aviación Naval, en este caso
un MBB-BO 105, Naval 43. |
El HA-1 con su personal y medios aéreos opera
permanentemente en distintas unidades de la flota
de mar, como parte integral de los sistemas de armas
de los buques, destacando principalmente los destructores
misileros portahelicópteros y las fragatas
misileras, unidades navales que fueron especialmente
modificadas en astilleros chilenos para permitir
las operaciones de vuelo de los helicópteros
Super Puma desde sus cubiertas. Sus tripulaciones
reciben permanente instrucción en centros
de perfeccionamiento en el extranjero.
Eurocopter AS.552 (SH-32) Super Puma/Cougar a bordo
de la fragata “Lynch”, de la Armada
de Chile. Su armamento consta de un torpedo Allian
MK-46 y un misil AIM-39 Exocet. Al fondo se divisa
la flota nacional en su puerto de abrigo de Valparaíso.
La segunda organización operacional de los
medios aeronavales es la Fuerza Aeronaval Nº
2, que está formada por tres estaciones aeronavales
localizadas en las australes ciudades de Punta Arenas,
Isla Dawson y Puerto Williams. El material de vuelo
corresponde a aeronaves del tipo EMB-111AN, CASA
212 Aviocar, Lockheed P-3ACh y helicópteros
Eurocopter Bo-105, todos originarios de los escuadrones
mencionados anteriormente. La misión principal
de esta fuerza es la vigilancia al sur del Cabo
de Hornos, misiones de búsqueda y rescate,
enlace y transporte. Hay que destacar que las estaciones
aeronavales cuentan con la infraestructura necesaria
para realizar el mantenimiento de las aeronaves.
Finalmente, en las ciudades de Iquique, Talcahuano
y Puerto Montt existen pequeños destacamentos
destinados a misiones de patrullaje costero y enlace,
equipados con pocas aeronaves, destacándose
los aviones EMB-111 y helicópteros del tipo
BO-105 y Bell 206.
Lockheed P-3 Orión, primera aeronave de patrulla
con prestaciones de largo alcance, de la Armada
de Chile.
En el ámbito de las relaciones internacionales,
anualmente los diferentes escuadrones de la aviación
naval integran y desarrollan operaciones combinadas
con otras armadas, prácticamente todos los
escuadrones de la aviación naval de alguna
manera han participado en diversas operaciones binacionales
y multinacionales, destacando ejercicios con Italia,
Canadá, Argentina, Brasil, Japón,
Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Con bastante
autoridad se puede decir que las maniobras militares
RIMPAC, TEAMWORK, UNITAS y MARCOT han conocido el
valor y profesionalismo de los hombres de la aviación
naval de Chile.
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Pilatus PC-7, en esquema
de pintura camuflada, usada en la época
en que Chile mantenía
diferencias con Argentina, por la soberanía
de las islas Picton, Lenox y Nueva. |
El
proceso de desarrollo y crecimiento del material
de vuelo y humano de la aviación naval continuará
invariablemente, muchas son las metas y desafíos
que se han alcanzado así como llegarán
otras, los últimos acontecimientos globales
nos han demostrado que los aviones y helicópteros
constituyen armas letales para la guerra en el mar.
Aún más, el tiempo ha evidenciado
que las acciones navales requieren un todo indivisible
entre los buques y aeronaves para que éstas
últimas operen oportunamente cuando los acontecimientos
lo requieran.
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| Dassault
Falcon 20, segundo jet ejecutivo utilizado en
labores VIP y de vigilancia. El inventario registra
dos aviones de este tipo. |
La
aviación naval es un arma fundamental en
la Armada de Chile, la cual acompaña con
sus alas a los buques en las tareas de vigilancia,
seguridad y resguardo del patrimonio nacional, puesto
que en el mar se encuentran las expectativas de
un mejor mañana para la nación.
Este artículo está
dedicado a la memoria de los tenientes primero Juan
Pablo Espinoza Sapunar y Gustavo Bahamondes Benavente,
fallecidos el 24 de mayo en un accidente nocturno
en alta mar.