Un Albatros de 80 años
Por: Claudio Cáceres Godoy y Alessandro Bocca
Fotografía: Autores y Rino Poletti
Publicado: julio - agosto 2003
Fuente: America vuela - número 87


El Servicio de Aviación Naval de la Armada de Chile, creado el 16 de marzo de 1923, fue uno de los primeros componentes de este tipo a nivel sudamericano. En sus 80 años de existencia ha acumulado una notable experiencia que es sinónimo de profesionalismo, superación y sacrificio que le han llevado a ocupar un destacado lugar entre sus similares a nivel mundial, lo cual es motivo de orgullo para sus actuales miembros.

Vista panorámica de la Base Aeronaval Viña del Mar, que muestra las aeronaves presentes en la ceremonia del 14 de marzo.

Al centro, el comandante en jefe de la Armada Nacional, almirante Miguel Angel Vergara Villalobos; a la izquierda, el comandante de Operaciones Navales, vicealmirante Oscar Manzano Soko y a la derecha el comandante de la Aviación Naval, contralmirante Percy Richter Silberstein pasan revista en la ceremonia del 80º aniversario de la Aviación Naval de Chile.




Bell 412 en FIDAE 2002, esta aeronave es la última adquisición de la Fuerza Aeronaval.

Mediante una impecable ceremonia militar realizada el 14 de marzo pasado en las dependencias de la Base Aeronaval Viña del Mar, se conmemoró el octogésimo aniversario de la creación del Servicio de Aviación Naval de la Armada de Chile. Los orígenes de la especialidad datan del 16 de marzo de 1923, fecha en que el presidente Arturo Alessandri Palma materializó la iniciativa del capitán de fragata Eduardo von Schroeder Sarratea.

El evento contó con la presencia del comandante en jefe de la Armada de Chile, almirante Miguel Angel Vergara Villalobos, el comandante de la Aviación Naval, contraalmirante Percy Richter Silberstein, así como de altos oficiales superiores de la Armada y autoridades civiles y militares.
En su discurso, el contraalmirante Richter resumió lo que han significado para la nación estos ochenta años y destacó los aspectos más trascendentes de la formación, de las técnicas asumidas y de las operaciones cumplidas por la aviación naval.

Señaló las metas logradas durante el año 2002, entre las cuales destacó notablemente la realización del “Proyecto Hielo”, una ambiciosa expedición científica internacional planificada para analizar una extensa zona en la Antártida occidental, proyecto anhelado por casi 40 años. Dicha operación fue ejecutada en forma conjunta por el Escuadrón de Exploración Aeromarítima VP-1, el Centro de Estudios Científicos de Chile y la Agencia Espacial de los Estados Unidos (NASA), para derivar en una compleja adaptación científica de un avión de patrullaje marítimo P-3ACh, durante un importante e intenso periodo de operaciones. De esta forma se quiere llamar la atención sobre el valioso esfuerzo institucional de cooperación para el desarrollo de Chile. Por otra parte, se valoraron también las diez mil horas voladas en beneficio directo de las tareas navales y marítimas asignadas a la aviación naval.

El año 2002 también fue calificado de especialmente duro para la aviación naval, por cuanto se registraron dos accidentes aeronáuticos, en uno de los cuales fallecieron el teniente 2º Esteban San Miguel Vásquez, el subteniente Jorge Stark López y el marinero Eduardo Martínez Letelier, irreparables y dolorosas pérdidas para sus familias y para la Armada.
Nadie podría negar el tremendo valor humano y material que significan las operaciones aéreas de la aviación naval en apoyo de la población civil, y en el transcurso del año pasado encontramos dos eventos de muy singulares características: Durante las lamentables inundaciones invernales que azotaron el valle central de Chile, los medios aéreos de la aviación naval realizaron importantes operaciones aéreas de búsqueda y salvamento. Sumado a éstas, en la pasada temporada veraniega la labor de los helicópteros navales fue determinante para el rescate de personas desde el mar. Muchas familias chilenas deben la existencia de uno de sus miembros, a la pronta y oportuna ayuda de las aeronaves de la aviación naval de Chile.


ANTECEDENTES HISTORICOS
Los orígenes del servicio de aviación naval de la Armada de Chile, los encontramos a principios del siglo XX, mediante el envío de oficiales y gente de mar a la recién creada Escuela de Aeronáutica Militar, cuyas dependencias se encontraban en Santiago. Así, en abril de 1916 comenzó el primer curso para aviadores navales en el país, titulándose ese mismo año el primer piloto naval: Contador 3º Carlos Yánquez Cerda.



Avro 504 K matriculado Nº 2, es sacado del agua en la Base Aeronaval de Valparaíso.

Fue en 1919 cuando la Armada pudo contar con sus primeras aeronaves, la Primera Guerra Mundial privó a la Armada de Chile de unidades navales que se construían en artilleros británicos, buques que fueron incautados y destinados urgentemente al servicio de la Armada Británica. Por lo anterior, la Armada fue compensada con una partida de aviones, dentro de los cuales destacaban hidroaviones Short 184, Sopwith Baby, Avro 504 y el hidroavión biplano F-2A. El primer vuelo de un avión naval fue efectuado en el puerto de Talcahuano, el 3 de julio de ese año, por el subteniente 2º Manuel Franke, al mando de un hidroavión Sopwith Baby. Se iniciaba así una época marcada por el esfuerzo y dedicación para llevar adelante la meta de materializar la especialidad.


El Bote Volador Felixtowe F2A, amarizado. Este avión portaba el nombre del primer mártir de la aviación naval, guardiamarina Guillermo Zañartu Irigoyen

En 1923, después de muchos esfuerzos y negociaciones el presidente Arturo Alessandri Palma emitió un decreto para consolidar el Servicio de Aviación Naval de Chile, y su primer comandante fue el capitán de Fragata Edgardo von Schroeders, lo cual permitió el crecimiento y desarrollo de la aviación naval en el país. Con el correr del tiempo y gracias a la experiencia acumulada, la Aviación Naval de Chile realizó sus primeras adquisiciones oficiales, así llegaron los hidroaviones Dornier Wall, Avro 504-N y Fairey III-F. Todo este material de vuelo y personal especializado, necesitaba un centro de operaciones que reuniera las condiciones necesarias para su óptima operación, fue así como durante el año 1925 se inauguraron las actividades en la nueva Base Aeronaval de Quintero.







El Sopwith Baby N-1068 es bajado mediante grúa al mar, desde un buque de la Armada, para un vuelo de rutina.



La incipiente historia de la aviación naval de los años veinte fue pródiga en logros, la Base Aeronaval de Quintero se consolidaba eficientemente mientras que los cursos de aviadores navales continuaban. En pocos años el Servicio contaba con material aéreo de tecnología moderna para la época. Hasta finales de la década, la Aviación Naval prestó valiosos servicios de apoyo a la Escuadra y ostentaba un historial de marcas, entre éstas tenemos el primer salto en paracaídas sobre el mar, en Sudamérica; el primer vuelo de hidroavión en Chile y numerosos vuelos de escuadrilla a lo largo del país, que causaron sorpresa a la opinión nacional y de paso nutrieron con valiosa experiencia de vuelo a sus tripulaciones.
A comienzos de 1930 se materializa la idea de unificar los servicios aéreos de la Armada y el Ejército, así el 21 de marzo de 1930, el presidente Carlos Ibáñez del Campo dispone por decreto la fusión de ambos servicios, quedando el nuevo cuerpo a cargo de la Subsecretaría de Aviación, dependiente del Ministerio del Interior. Ese día, el material de vuelo, pilotos, personal de tierra e incluso la Base Aeronaval de Quintero, pasaron a formar parte de la naciente Fuerza Aérea Nacional, contribución trascendente y generosa de la Armada para el país.


Fairey III-N en maniobra de colocación sobre catapulta de lanzamiento, a bordo del acorazado “Almirante Latorre”, de la Armada Nacional.


Sin embargo, las operaciones aeronavales continuaron desarrollándose a bordo del acorazado “Almirante Latorre”, mediante la utilización de aviones. Concluida la Segunda Guerra Mundial, la Armada envió diez oficiales a los Estados Unidos, con el propósito de obtener el título de aviadores navales. Estos pilotos llegaron a calificar y volar aviones de caza y torpederos a bordo de portaaviones norteamericanos. Gracias a este tipo de iniciativas sumadas a un gran esfuerzo y trabajo en equipo, en 1953 la Armada logró hacer renacer el Servicio de Aviación Naval.



Bella instantánea que muestra al Short 184 en vuelo sobre el mar. Este avión fue uno de los primeros elementos de la naciente rama aeronaval.






Ese mismo año, el presidente Carlos Ibáñez del Campo en su segundo periodo como primer mandatario, materializaba el Decreto Nº 149, que permitía a la Armada adquirir aviones y helicópteros para reactivar el servicio de aviación. De esta manera la armada adquirió cuatro aviones de transporte Beechcraft D18S, junto con cuatro helicópteros Bell 47, con la limitación explícita de contar como máximo con una de estas aeronaves por cada zona naval.




Dornier Wall Nº 16, preparado para el despegue, desde la Base Aeronaval de Quintero. Abajo, líder y elemento vuelan sobre el océano Pacífico en sus Bell 47 G (UH-13), primeros helicópteros del Servicio Naval.



Labor de vigilancia del mar chileno realizada con aviones Beechcraft D18S Naval 103, en la decada de los cincuentas


Ante el rechazo experimentado por la Armada respecto a su intención de reanudar sus operaciones aeronavales en su antigua base de Quintero, un escuadrón aeronaval compuesto por tres aeronaves, diez pilotos navales y cuarenta técnicos de variada especialización, se radica y comienza sus actividades aéreas en la nueva Base Aeronaval El Belloto.
Desde ese entonces puede afirmarse que comenzó el despegue definitivo de la aviación naval, no necesariamente con la rapidez y dirección anhelada por sus integrantes. Su desarrollo, en esos primeros años, obedeció a un proceso incierto y vacilante, pero con el paso del tiempo adquirió la necesaria claridad estratégica y operativa respecto de aquellos objetivos que debía sustentar para guiar su crecimiento y consolidación.


Helicóptero Alouette III (SH-9) Naval 63 aterrizado sobre la cubierta del portaviones norteamericano “USS Constellation”, de visita en Valparaíso.




Los Sikorsky 51 y 52 SH-34 J en vuelo de apoyo a la Escuadra Nacional. Estas fueron las primeras aeronaves chilenas dotadas de equipos antisubmarinos.




Naval 121 es la matrícula del Douglas C-47, al que vemos en carrera de despegue de la Base Aeronaval Guardiamarina Zañartu, en el extremo austral de Chile.


En la década de los años sesenta comenzó un moderado aumento del material de vuelo; en virtud de un acuerdo con los Estados Unidos se incorporaron dos helicópteros Sikorsky SH-34J, aeronaves de avanzado desarrollo tecnológico para la época, que llevaron a obtener importantes experiencias en guerra antisubmarina. Más tarde llegaron aviones de transporte Douglas C-47, con los cuales la aviación naval pudo desarrollar un nuevo abanico de misiones aprovechando las características de los longevos bimotores. A fines de ese periodo, cuatro helicópteros Bell 206 fueron ingresados al inventario, siendo éste el primer material propulsado por motores a turbina.


Este CASA 212-100, número 145, aterriza en la Base Aeronaval Viña del Mar, luciendo su actual esquema de pintura.




IAI Westwind II, jet ejecutivo que cumplió labores VIP para la Armada. Esta aeronave fue el primer jet que tuvo en su inventario la Aviación Naval de Chile y se le asignó el número 130.


Con los antiguos y nuevos helicópteros, la aviación naval realizó actividades de vuelo en el continente antártico. Relevantes fueron los rescates en condiciones excepcionalmente difíciles, efectuados durante dos catástrofes naturales de origen volcánico, que afectaron a la isla Decepción. De igual forma estas aeronaves permitieron cumplir con variadas y nuevas tareas de enlace, búsqueda y salvamento, operaciones sanitarias, tareas hidrográficas, además de las misiones de vector de armas en beneficio de la Escuadra Nacional.

A mediados de la década de los sesenta, la aviación naval concreta un anhelo fundamental: la adquisición de media docena de aviones de instrucción básica Beechcraft T-34 Mentor. Con este material de vuelo se pudo iniciar la formación integral de sus pilotos, posteriormente todo el quehacer académico en la formación de oficiales y gente de mar, sería desarrollado en la Escuela de Aviación Naval.

Fue en la década siguiente, en los años 70, cuando se produjo un gran plan de renovación del material de vuelo, concretándose con la llegada de tres biturbohélices brasileños Embraer Bandeirante C-95 (denominación de la fábrica EMB-110C) para funciones de entrenamiento bimotor, enlace y transporte liviano. También se compraron a Embraer seis P-111 (EMB-111), que cumplieron roles de exploración aeromarítima contando además con cierta capacidad de ataque, ambas adquisiciones revitalizaron las actividades aeronavales en todo el territorio nacional. Poco tiempo después se incorporaron los aviones CASA 212 Aviocar para cumplir las misiones de transporte y diez helicópteros Aerospatiale Alouette III SA 319B, que pasaron a formar parte de la Escuadra, organizados en una unidad, cumpliendo tareas de exploración y como vectores de armas antisubmarinas.


Al final de la década, con la última adquisición de diez aviones Pilatus PC-7 de instrucción, se concretó una total renovación de material, situación que permitió apoyar eficazmente a los mandos institucionales en todas sus tareas y responsabilidades a lo largo del país. Actualmente los PC-7 constituyen el medio más valioso de entrenamiento para oficiales que desean convertirse en aviadores navales.

A mediados de los ochenta, dado que se había hecho evidente que las dependencias e infraestructura aeronáutica de la Base Aeronaval El Belloto resultaban insuficientes, se determinó la construcción de un nuevo establecimiento de soporte terrestre en Concón. Esas dependencias, acordes con la nueva era en operación, mantenimiento e infraestructura que experimentaba el servicio, fueron inauguradas en marzo de 1989, bautizándose como Base Aeronaval Viña del Mar. (Ver reportaje de América Vuela Nº 76).


Embraer EMB-110 (C-95) rodando para el despegue. La aviación naval chilena tuvo tres aeronaves similares en su inventario.


A finales de la década de los 80, se incorporó un avión IAI Westwind II de procedencia israelita. Este fue el primer aparato de propulsión turboventilador que recibió esta fuerza para misiones de enlace, transporte del comandante en jefe de la Armada, almirante José Toribio Merino Castro, además estuvo destinado a poner a prueba los sistemas de armas de los buques y a calibrar sus equipos. Posteriormente sería sustituido por dos aviones Dassault Falcon 20 destinados a apoyar la Escuadra en actividades de Exploración Aeromarítima. Al mismo tiempo se materializó la renovación de los helicópteros SA-319B, que fueron reemplazados en algunos roles por material MBB-BO-105, los cuales son un valioso medio para las actividades relacionadas con la protección de la vida en el mar y el resguardo de los intereses marítimos.


Escalón de tres Beechcraft T-34 Mentor en vuelo. Este tipo de avión sirvió en labores de entrenamiento hasta la llegada de los Pilatus PC-7.


Comenzando la década de los noventa, se materializó la compra de los helicópteros Eurocopter Super Puma, destinados a la Escuadra. Estas aeronaves cuentan con soberbias capacidades de ataque antisuperficie y antisubmarina. Los nuevos medios consolidaban una importante contribución a la potencia ofensiva de la Escuadra. En la misma época, germina exitosamente la ambiciosa intención de adquirir aviones de exploración aeromarítima de largo alcance y capacidades operativas, adquiriéndose una partida de aviones Lockheed P-3 Orion, con lo cual la Escuadra Nacional lograba satisfacer de manera substancial sus requerimientos.

En vísperas de un nuevo milenio, el continuo crecimiento acompañado de un lógico proceso en la renovación del material de vuelo, hizo que la Armada adquiriera en Estados Unidos una partida de aeronaves Cessna O-2A Skymaster. Recientemente se compró un helicóptero Bell 412 que vino a incrementar las capacidades operativas de la fuerza de ala rotatoria, se espera que esta versátil aeronave sea la primera de varias unidades en ser incorporadas al servicio.
Las primeras actividades aeronavales que se iniciaron en 1954, en las cercanías de El Belloto, distan considerablemente de las actuales. Hoy, a principios del siglo XXI, el albatros de la aviación naval marca la soberanía desde el desierto nortino hasta los hielos antárticos superando con creces los anhelos y sueños de sus visionarios fundadores. Finalmente, si tuviéramos que simplificar en tres palabras lo que han sido estas décadas de existencia del Servicio de Aviación Naval de Chile, simplemente serían: profesionalismo, valentía y sacrificio.

VALORANDO EL PASADO
Sin lugar a dudas uno de los eventos más atractivos y novedosos del octaogésimo aniversario fue la inauguración del Museo de la Aviación Naval, al interior de un avión Lockheed P-3 Orion, que será el perfecto complemento histórico a la exposición estática de aeronaves antiguas y remozadas que se exhiben permanentemente en los alrededores de la base aérea.
Al respecto, el contraalmirante Percy Richter declaró: "este museo se materializó con el aporte de algunos amigos e integrantes de la aviación naval; la recuperación de un antiguo avión P-3 fue indispensable para acoger interiormente algunas muestras históricas de esta especialidad y para beneficio y responsabilidad de las nuevas generaciones de aviadores navales presentes y por venir".
La presentación de esta valiosa iniciativa corrió por cuenta del oficial en retiro de la aviación naval e historiador Carlos Tromben, quien pidió: "a quienes poseen materiales de interés, tales como objetos, antiguas piezas de equipos de vuelo, documentos, fotografías, manuales, cartas de navegación o mapas, las donen para enriquecer la colección de este museo, pues en caso contrario se perderá el recuerdo de las generaciones pasadas. Nuestro museo es una semilla que debe caer en el fértil terreno de quienes tenemos la responsabilidad de entregar a las generaciones futuras un legado y un espíritu para que lleven esta querida especialidad a las más altas cumbres del profesionalismo".
Al ser consultado sobre algunos aspectos de la aviación naval, el comandante en jefe de la Armada, almirante Miguel Angel Vergara, declaró: "En este momento no se podría pensar en una Armada que no tuviera una aviación naval, tanto para la exploración aeromarítima como en la parte de armamento, actualmente no concibo una marina sin ella”.

Agradecimientos:
Los autores agradecen al Departamento de Relaciones Públicas de la Aviación Naval, a través del capitán de Corbeta Eduardo Fainé, y al suboficial Carlos Ramírez, por la valiosa ayuda y facilidades otorgadas para cubrir este magno evento.



Ceremonia de inauguración del Museo de la Aviación Naval de Chile, a bordo del avión Lockheed P-3 Orión.


LA AVIACION NAVAL DE CHILE, HOY
Actualmente la Aviación Naval de Chile es una fuerza de apoyo moderna y muy avanzada, consecuente con el tipo de maniobras aeronavales que ejecuta. Estas se desarrollan en el cielo que cubre la extensión oceánica y aguas interiores, siguiendo el espíritu naval con el que nació en los albores de la aeronáutica chilena.




Hermosa imagen que muestra al Bell 206 (UH-57) Jet Ranger al atardecer, en su base.


La Aviación Naval de la Armada de Chile básicamente está dividida en dos grandes fuerzas aeronavales, al interior de las que operan los destacamentos repartidos a lo largo del país. La principal unidad es la Fuerza Aeronaval Nº 1, con asiento en Viña del Mar, integrada por el Escuadrón de Propósitos Generales VC-1, una de las unidades más antiguas de la aviación naval, actualmente está equipado con material de vuelo del tipo CASA 212, Cessna O-2A (versión militar del Cessna 337 Skymaster) y un EMB-111AN, especialmente adaptado para desarrollar misiones de transporte. Las tareas del Escuadrón son muy diversas, pues presta servicio de transporte de pasajeros y carga, remolque de blancos aéreos para la Escuadra, lanzamiento de paracaidistas, misiones sanitarias, apoyo estrecho a fuerzas terrestres y entrenamiento avanzado de pilotos.

Escuadrón de Helicópteros Utilitarios Bell HU-1, su misión principal es realizar misiones de enlace, entrenamiento de tripulaciones, patrullaje costero, búsqueda y salvamento. Para cumplir eficazmente con estos propósitos, la unidad está equipada con helicópteros Bell 206, Bell 412 y Eurocopter Bo-105, si es necesario estos helicópteros pueden operar embarcados. Este escuadrón es la cara visible de la aviación naval, debido principalmente a su participación en diversas operaciones en beneficio de la población civil.

La puerta de entrada a la aviación naval de los futuros oficiales aviadores es el Escuadrón de Instrucción VT-1. Equipado con los aviones turbohélice Pilatus PC-7, su misión principal es proporcionar entrenamiento aéreo a los alumnos de la Escuela de Aviación Naval. Hay que destacar que si las circunstancias operacionales lo ameritan, los aviones PC-7 pueden desempeñar eficazmente tareas de apoyo aéreo estrecho por su buena capacidad para portar armamento de diferente tipo.

La mayor unidad de ala afija es el Escuadrón de Exploración Aeromarítima VP-1, esta unidad es responsable de la ejecución de misiones de patrullaje marítimo de largo alcance. Con este propósito está equipado con aviones Lockheed P-3ACh del cual se puede decir con propiedad que es el avión de exploración por excelencia, junto a éstos operan los longevos Embraer EMB-111AN, que se utilizan para misiones de exploración de corto alcance. Las misiones de exploración aeromarítima abarcan también Búsqueda y Salvamento Marítimo, Vigilancia y Protección del Mar Territorial y Zona Económica Exclusiva.

Existe una segunda unidad de ala giratoria, estamos hablando del Escuadrón de Helicópteros de Ataque HA-1, unidad embarcada que depende técnicamente del Comando de la Aviación Naval y operativamente de la Comandancia en Jefe de la Escuadra Nacional. Equipado con los Eurocopter AS-332B1/F1 Super Puma, la unidad es responsable principalmente de la lucha antisubmarina y contra unidades navales de superficie. Su material de vuelo está equipado con sofisticados sistemas de detección, guerra electrónica y autodefensa, y está capacitado para transportar torpedos Mk.46, cargas de profundidad y misiles AM-39 Exocet.

A los Cessna O-2 navales les corresponde la tarea de vigilancia del territorio marítimo, para locual su mantenimiento debe ser periódico y prolijo.
La Antártida chilena es uno de los sitios visitados usualmente por los helicópteros de la Aviación Naval, en este caso un MBB-BO 105, Naval 43.

El HA-1 con su personal y medios aéreos opera permanentemente en distintas unidades de la flota de mar, como parte integral de los sistemas de armas de los buques, destacando principalmente los destructores misileros portahelicópteros y las fragatas misileras, unidades navales que fueron especialmente modificadas en astilleros chilenos para permitir las operaciones de vuelo de los helicópteros Super Puma desde sus cubiertas. Sus tripulaciones reciben permanente instrucción en centros de perfeccionamiento en el extranjero.


Eurocopter AS.552 (SH-32) Super Puma/Cougar a bordo de la fragata “Lynch”, de la Armada de Chile. Su armamento consta de un torpedo Allian MK-46 y un misil AIM-39 Exocet. Al fondo se divisa la flota nacional en su puerto de abrigo de Valparaíso.

La segunda organización operacional de los medios aeronavales es la Fuerza Aeronaval Nº 2, que está formada por tres estaciones aeronavales localizadas en las australes ciudades de Punta Arenas, Isla Dawson y Puerto Williams. El material de vuelo corresponde a aeronaves del tipo EMB-111AN, CASA 212 Aviocar, Lockheed P-3ACh y helicópteros Eurocopter Bo-105, todos originarios de los escuadrones mencionados anteriormente. La misión principal de esta fuerza es la vigilancia al sur del Cabo de Hornos, misiones de búsqueda y rescate, enlace y transporte. Hay que destacar que las estaciones aeronavales cuentan con la infraestructura necesaria para realizar el mantenimiento de las aeronaves.
Finalmente, en las ciudades de Iquique, Talcahuano y Puerto Montt existen pequeños destacamentos destinados a misiones de patrullaje costero y enlace, equipados con pocas aeronaves, destacándose los aviones EMB-111 y helicópteros del tipo BO-105 y Bell 206.


Lockheed P-3 Orión, primera aeronave de patrulla con prestaciones de largo alcance, de la Armada de Chile.


En el ámbito de las relaciones internacionales, anualmente los diferentes escuadrones de la aviación naval integran y desarrollan operaciones combinadas con otras armadas, prácticamente todos los escuadrones de la aviación naval de alguna manera han participado en diversas operaciones binacionales y multinacionales, destacando ejercicios con Italia, Canadá, Argentina, Brasil, Japón, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Con bastante autoridad se puede decir que las maniobras militares RIMPAC, TEAMWORK, UNITAS y MARCOT han conocido el valor y profesionalismo de los hombres de la aviación naval de Chile.

Pilatus PC-7, en esquema de pintura camuflada, usada en la época en que Chile mantenía
diferencias con Argentina, por la soberanía de las islas Picton, Lenox y Nueva.

El proceso de desarrollo y crecimiento del material de vuelo y humano de la aviación naval continuará invariablemente, muchas son las metas y desafíos que se han alcanzado así como llegarán otras, los últimos acontecimientos globales nos han demostrado que los aviones y helicópteros constituyen armas letales para la guerra en el mar. Aún más, el tiempo ha evidenciado que las acciones navales requieren un todo indivisible entre los buques y aeronaves para que éstas últimas operen oportunamente cuando los acontecimientos lo requieran.

Dassault Falcon 20, segundo jet ejecutivo utilizado en labores VIP y de vigilancia. El inventario registra dos aviones de este tipo.

La aviación naval es un arma fundamental en la Armada de Chile, la cual acompaña con sus alas a los buques en las tareas de vigilancia, seguridad y resguardo del patrimonio nacional, puesto que en el mar se encuentran las expectativas de un mejor mañana para la nación.

Este artículo está dedicado a la memoria de los tenientes primero Juan Pablo Espinoza Sapunar y Gustavo Bahamondes Benavente, fallecidos el 24 de mayo en un accidente nocturno en alta mar.