De Acapulco a Sydney via Clipperton

Por Juan A. José con la colaboración
de Fernando Capilla Sánchez
Publicado:
Abril- Mayo 2002
Fuente:
América Vuela - Número 76
En
la historia de la aviación comercial siempre
hay rutas que destacan, sea por su importancia, peligrosidad,
poca o mucha rentabilidad o por su romanticismo. En
la historia de la aviación comercial mexicana,
la operación de la aerolínea australiana
Qantas, entre 1964 y 1974, es recordada con gran cariño
porque nos permite evocar esa época maravillosa
de los años sesenta y setenta en que los aeropuertos
de México fueron destino de vuelos, rutas y
operaciones que ahora recordamos con cierta nostalgia,
en especial en tiempos en que se tiende a retirar
al aerotransporte internacional esa aura de romanticismo
que de alguna forma le ha caracterizado.
Hay una isla casi olvidada por ahí en los mapas,
en el Océano Pacífico, no muy lejos
de las costas mexicanas, que tiene una historia aeronáutica
qué contar; una historia vinculada precisamente
a esas bien recordadas operaciones en México
de la aerolínea del “Canguro Volador”,
me refiero a la isla Clipperton.

El “Canguro Volador” sigue a la vanguardia
del transporte aéreo internacional. En esta
imagen presentamos un Boeing 737-800 de Nueva Generación
de Qantas, la gran aerolínea australiana que
alguna vez voló entre Acapulco y Sydney, el
esquema de pintura está inspirado en la zona
Uluru o Ayers Rock.
Descubierta aparentemente por Fernando de Magallanes
en 1521, geográficamente es parte de la América
Central, es territorio francés de ultramar,
pero lleva el nombre de un pirata inglés. También
se le ha conocido entre otros nombres como “L’ile
de la Passión”, “Island of Passion”
o “Isla de la Pasión”. Localizada
a 670 millas al suroeste de Acapulco, Guerrero, México
y con una extensión de menos de cuatro millas
cuadradas, es uno de los lugares más aislados
y agresivos del planeta. Valorada originalmente por
los depósitos de guano procedentes de los millones
de aves que la habitan, que podría ser empleado
en la agricultura, Clipperton comenzó a ser
blanco de fallidas aventuras de empresarios norteamericanos,
ingleses y franceses hacia finales del siglo XIX y
principios del XX, cuando México y Francia
disputaron formalmente su soberanía, misma
que en 1909 fue sometida por ambos gobiernos al arbitrio
del rey italiano Víctor Manuel III, quien emitió
su decisión a favor de Francia en 1931, y ésta
tomó posesión del territorio en 1935.
Se cree que el soberano italiano fue influenciado
por Benito Mussolini y por presiones políticas
al dar un veredicto bastante discutible. De cualquier
forma, la historia registra que la presencia física
mexicana en Clipperton comenzó en 1897, con
la llegada del cañonero “Demócrata”,
procedente de Mazatlán, Sinaloa, cuya tripulación
irónicamente perdió la bandera mexicana
al desembarcar en las turbulentas aguas que rodean
la isla. Tras concesionar la isla a una empresa inglesa,
México mantuvo una guarnición en ella
entre 1908 y 1917, que estuvo al mando del capitán
Ramón de Arnaud (mexicano de origen francés
quien terminaría sus días en las aguas
de Clipperton) que llevó con él a su
mujer Alicia Rovira Arnaud, quien viviría nueve
años en la isla, donde procreó a cuatro
hijos, en lo que sería una trágica historia
de abandono de parte de las autoridades mexicanas
y en la que el único adulto varón sobreviviente
abusaría de las mujeres de la isla.
No sólo por razones comerciales sino estratégicas
y militares, la isla llamó la atención
de los norteamericanos. El almirante Richard E. Byrd,
uno de los grandes héroes de la aviación
naval norteamericana, al que entre otras hazañas
se le acredita haber encabezado en 1929 la primera
misión aérea de reconocimiento del Polo
Sur, visitó la isla en 1943 por órdenes
del presidente Franklin D. Roosevelt (que estaba fascinado
por ella y la visitó dos veces en forma no
oficial en 1934 y 1938, principalmente con propósitos
de exploración natural), quien deseaba que
alguien con la competencia de Byrd, evaluase su potencial
como base aérea y marítima militar y
como punto de escala para la aviación comercial
internacional. Clipperton fue explorada, valorada
y ocupada bajo el más alto secreto en 1944
por la Marina norteamericana, que instaló en
ella una estación de monitoreo meteorológico
como apoyo a las acciones militares durante la Segunda
Guerra Mundial y como apoyo a la navegación
aérea de la postguerra. Roosevelt llegó
a insinuar la posibilidad de que México pudiera
detentar la soberanía del territorio, lo cual
le permitiría obtener su control con mayor
facilidad que de manos de los europeos.

En
la imagen superior un Consolidated Catalina, del tipo
utilizado por Patrick G. Taylor en los vuelos a Clipperton.
En la imagen inferior, Taylor (izq) y Charles Kingsford
Smith, gran héroe de la aviación australiana
(derecha). Taylor y Smith se convirtieron en 1934
en los primeros aviadores que volaron entre Australia
y Estados Unidos. Smith había volado en sentido
opuesto en el “Southern Cross”, en 1928.
Considerada desde los años treinta como una
necesaria escala en una probable ruta alternativa
sur entre Norteamérica y Australia, paralela
a la ruta vía Hawai, en manos de los norteamericanos,
la isla fue objetivo de planes de ingleses, australianos
y norteamericanos, para establecer en ella un punto
de reabastecimiento de hidroaviones, si no es que
todo un aeropuerto internacional. Los norteamericanos
(Roosevelt en especial), estaban decididos a evitar
que los ingleses monopolizaran la nueva ruta, lo cual
era congruente con la política aeronáutica
norteamericana de entonces (por lo menos así
funcionaban hacia mediados del siglo XX), política
representada en el plano de las rutas internacionales
por la omnipresente Pan American (que tenía
la ruta vía Hawai), virtual brazo derecho del
Departamento de Estado y gran aliada de las fuerzas
armadas norteamericanas.
El capitán australiano Patrick Gordon Taylor
(1896-1961), veterano piloto que junto con sir Charles
Kingsford Smith había realizado en 1934 el
primer vuelo entre Australia y Estados Unidos (con
escalas en Fiji y Hawai) y as de la Primera Guerra
Mundial, intentó hacia 1938, en su calidad
de piloto en jefe de Qantas, que por medio del gobierno
inglés (Australia, miembro de la comunidad
inglesa de naciones, obtuvo una limitada autodeterminación
en el año 1978), se pudiese establecer la ruta
alternativa hacia el Pacífico Sur desde Acapulco,
México, hasta Nueva Zelanda vía Clipperton,
las Marquesas o las Tuamotus, las islas de la Sociedad
y las islas Cook. Las hostilidades de la Segunda Guerra
Mundial forzaron a Taylor a aplazar sus planes, mismos
que retomó hacia 1944, cuando los ingleses
informaron a los norteamericanos su deseo de realizar
dos vuelos de exploración transpacífico
en la ruta Acapulco - Clipperton - Bora Bora - Aitutaki
- Tonga - Auckland - Sydney, vuelos para los cuales
se requería autorización norteamericana
para sobrevolar aguas patrulladas por los estadounidenses.
Hacia 1942 los australianos habían sugerido
a los norteamericanos la ruta, la cual estos últimos
rechazaron con los mismos argumentos que en 1944,
es decir, que la ruta y por ende tales vuelos no tenían
valor militar alguno (no sin antes haber mandado a
Byrd a explorar el potencial de la isla). Así
comenzó un período de fuerte cabildeo
entre norteamericanos, británicos y australianos,
tiempo en el que Taylor (quien estaría al mando
de la misión) se preparó y esperó.
La autorización llegó el 3 de septiembre
y Taylor se apresuró para hacerse en Bermudas
de un Consolidated Catalina registro JX 275 de la
Royal Air Force (RAF), al que bautizó “Frigate
Bird” y mandó adaptar tanques de combustible
adicionales, en la Consolidated Aircraft Corporation,
en Elizabeth City Nueva Jersey, E.U.A. Como tripulación,
Taylor escogió personal experimentado del Comando
de Transporte Atlántico de la misma RAF.
En lo que fue el primer vuelo realizado entre México
y el Pacífico del Sur y armado con cuanta información
pudo obtener sobre Clipperton, Taylor despegó
del aeropuerto de Acapulco hacia esa isla en el “Frigate
Bird” (seguramente desde el aeropuerto de “Los
Hornos”) el 9 de septiembre de 1944. Un vuelo
en un Catalina, con vientos favorables puede tomar
de unas seis a siete horas. Tras analizar con cuidado
la mejor ruta para el aterrizaje, Taylor acuatizó
en la laguna interior de Clipperton, comenzando una
aventura de resistencia, improvisación, lucha
contra el clima, incidentes y casi desesperación
de 35 días de duración. El 11 de septiembre
Taylor llevó de regreso a Acapulco al “Frigate
Bird”, donde se encontraba en espera de instrucciones
y apoyo otro Catalina de la RAF (JX 532, al mando
de L.L. “Slim” Jones). Taylor regresó
a Clipperton el 22 de septiembre.
Al enfermarse Jones y presentar problemas mecánicos
el JX 532, otro Catalina (JX 603) al mando de Paddy
Uprichard fue enviado 10 días después
a apoyar a Taylor. Despegando nuevamente desde Acapulco
llevó refacciones y apoyo a Taylor, que ya
se encontraba ansioso de despegar de Clipperton hacia
Bora Bora. El JX 603 hubo de regresar a Acapulco por
más refacciones, en este vuelo transportó
al continente a algunos miembros de la expedición
que ya no podían o no debían quedarse
en la inclemente Clipperton. Bajo el mando ahora del
comandante Spinks, el 603 voló nuevamente entre
Acapulco y Clipperton el 8 de octubre.
Luchando contra tremendas condiciones ambientales,
entre ellas un huracán, Taylor, Spinks y los
miembros de la expedición lograron proteger
y dejar en condiciones los dos Catalina hasta el 14
de octubre, cuando recibieron un mensaje desde Dorval
(Montreal), Canadá, que contenía un
pronóstico meteorológico favorable para
volar a Bora Bora. Taylor despegó ese día
el “Frigate Bird” desde la laguna, con
poco margen para errores. Minutos después,
el 603 hacía lo mismo en dirección a
Dorval, vía Acapulco. Taylor llegó a
Bora Bora (a 3,000 millas de distancia) tras 27 horas
de vuelo, de ahí continuó hacia Tahití,
Aitutaki, Tonga, Nueva Zelanda y finalmente Australia,
a donde llegó una semana después de
despegar de Clipperton.
Inspirada seguramente en la visión de Taylor,
Qantas inició operaciones el 26 de noviembre
de 1964 en lo que llamó “Ruta Fiesta”,
misma que corría entre Sydney y Londres, haciendo
escalas en Nadi (Fiji), Papeete (Tahití), Acapulco,
ciudad de México, Nassau (Bahamas) y Hamilton
(Bermudas). La ruta fue operada con equipo Boeing
707 y abandonada por incosteabilidad a finales de
1974. El alcance de las aeronaves empleadas por Qantas
permitió descartar a Clipperton (donde a propósito,
nunca se construyó aeropuerto alguno propiamente
dicho) como punto de escala.
Salvo casos de vuelos chárter, como los de
Qantas (operando Boeing 747SP’s) y de los Concorde
de Air France y British Airways, que han realizado
varios vuelos en ambos sentidos entre Acapulco y las
islas del Pacífico (Honolulú, Kona Guam,
Papeete, Nadi) y otros especiales como son los relacionados
con visitas presidenciales, la ruta entre Acapulco
(México) y el Pacífico Sur (Australia
y Nueva Zelanda principalmente) no ha sido operada
desde entonces con vuelos directos. Mientras tanto
ahí sigue Clipperton sin habitantes, pero con
su apasionante historia de aventura.
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