Por Héctor Dávila C.
LOS CORSARIOS MEXICANOS
Por Héctor Dávila C.
Fografías del Archivo Histórico de Estrategia Aeronáutica.
Publicado:
Fuente: América Vuela - Número 42
Publicado:
Fuente: América Vuela - Número 42

Los Chance Vought V-99M Corsair listos para su entrega
a México, en la plataforma nevada de la fábrica,
en el invierno de 1937.
Probablemente el primer avión naval norteamericano
que recibió como parte de su designación
oficial un nombre fue el Corsair, de Chance Vought,
un biplano del que se derivó una extensa y ramificada
familia que dio tal éxito a sus fabricantes,
que subsecuentes generaciones de aviones navales Vought
serían bautizados con el mismo nombre, muy famosos
y bien recordados en la actualidad; por supuesto casi
cualquier lector conoce al legendario caza de alas de
gaviota invertida F4U Corsair, que campeó sobre
el Pacífico en la segunda guerra mundial y al
jet de ataque A-7 Corsair II, que ha visto acción
desde la polémica guerra de Vietnam hasta la
popular “Tormenta del Desierto” contra Irak,
pero el primero de los Corsair es poco conocido, y si
bien el poderoso F4U en distintas versiones sirvió
con las fuerzas aéreas de El Salvador y Honduras
(llegando incluso a combatir) así como con la
aviación naval argentina, es la familia de biplanos
Corsair la más íntimamente relacionada
con América Latina y particularmente con México.

El primer Chance Vought Corsair O2U-2M recibido por
la FAM fue asignado al legendario coronel Pablo Sidar,
cuyo nombre y rango están pintados junto a la
cabina del avión.
Chauncey Milton Vought fue un joven de gran determinación,
que se enamoró de la aviación en los tiempos
pioneros; se inició como piloto y fue el norteamericano
número 156 en obtener su carnet de la Federation
Aeronautique Internationale, el 14 de agosto de 1912,
pero su gran inquietud por el vuelo lo llevó
a buscar perfeccionar las máquinas existentes
y a adentrarse en el diseño de aviones. Primero
trabajó para las firmas Curtiss y Wright-Martin,
donde se dio cuenta del potencial de su talento, eso
lo llevó a fundar su propia compañía
en junio de 1917, con sede en Nueva York, la cual tuvo
el nombre de Lewis and Vought Corporation, empresa que
sería la segunda constructora de aviones en E.U.
con más tiempo de existencia ininterrumpida después
de Boeing.
Vought se especializó desde el principio en aviones
navales, y uno de sus primeros éxitos, el VE-7,
fue el primer avión en despegar del primer portaaviones
estadounidense, el "USS Langley", el 17 de
octubre de 1922.
Ese mismo año la compañía se reorganizó
y tomó el nombre de Chance Vought Corporation.
El principal cliente de los biplanos de observación
e hidroaviones que fabricaba fue la Armada de los Estados
Unidos, pero en su primera venta de exportación
Chance Vought inició la que sería una
larga y productiva relación con América
Latina, al vender sus primeros tres aeroplanos QO-1
al Cuerpo de Aviación del Ejército de
Cuba en 1924, así como otros aparatos similares
denominados UO-1A que entregó a Perú.
Vought tenía interés de proveer a la US
Navy con el diseño más veloz posible para
las misiones de observación, diseño en
el que trabajó alrededor del poderoso y confiable
motor Pratt & Whitney Wasp y con el nombre en mente
de “Corsair”. El aparato resultante fue
un robusto biplano, biplaza de cabina abierta, de maravillosas
cualidades de vuelo, con maniobrabilidad semejante a
la de los aviones monoplazas de persecución de
la época, lo que hizo que la Armada estadounidense
de inmediato ordenara 132 de estos aeroplanos, bajo
la designación O2U-1 Corsair, que entraron en
servicio en 1927. El Corsair demostró rápidamente
su casta, capturando marcas mundiales de velocidad,
altitud y alcance, y fue para la US Navy un aparato
de observación invaluable, capaz de ser desplegado
desde portaaviones u operado con pontones desde el agua
y que nada pedía a los aviones de base terrestre.
Su velocidad era de 150 mph y hasta 500 millas de alcance.
Además, al servicio del US Marine Corp, los Corsair
entraron en combate en Nicaragua en 1928, contra las
fuerzas de Sandino, donde no sólo realizaron
exitosamente misiones de observación, ametrallamiento
y bombardeo, sino también se les usó como
ambulancia aérea. El estupendo aparato atrajo
naturalmente el interés del extranjero y se exportó
ampliamente.
El
Chance Vought O2U-2M Corsair número 8 de la FAM
muestra las ruedas usadas para levantar su empenaje
y facilitar la entrada y salida del hangar. Es muy interesante
notar que se le ha adaptado a este avión una
cubierta anular al motor, de las fabricadas para los
Corsarios Azcárate.
Las características de gran alcance y confiabilidad
del Corsair lo hacían excelente para países
de gran extensión territorial, con pocas pistas
preparadas y con muchas necesidades a cubrir con pocos
aparatos, así que cuando México buscaba
un aparato multipropósitos para la Fuerza Aérea,
los norteamericanos recomendaron ampliamente al maravilloso
Corsair, de Chance Vought, el que por su probado desempeño
se haría sumamente popular en Latinoamérica
entre 1929 y 1939.
México decidió comprar una docena de estos
aviones, que recibieron la designación O2U-2M,
pero era obvio que la candente situación política
en el país durante 1929 requería acciones
rápidas, pues desde marzo el general José
Gonzalo Escobar se había levantado en armas contando
con gran simpatía dentro de parte importante
del ejército. Desesperadamente, las fuerzas leales
al presidente Emilio Portes Gil buscaron la rápida
incorporación de aviones para complementar a
los Bristol Fighter F.2B que, aunque construidos nuevos
en 1927, eran diseños que databan de la primera
guerra mundial y sobre los que pesaba lo más
arduo de los combates, junto con un par de vetustos
Bristol Boarhound, DeHavilland DH-4B y un Douglas O-2C.
Desafortunadamente, los 10 aviones que se consiguieron
para entrega inmediata (cuatro Stearman C-3B y seis
Waco Taperwings) eran de tipo civil y no contaban con
el armamento ni las condiciones necesarias. De esta
manera, el gobierno mexicano pidió al de Estados
Unidos las mayores facilidades, por lo que se ordenó
a Chance Vought dar prioridad máxima al pedido
mexicano por sobre la producción de los aparatos
para la US Navy, lo que permitió que los primeros
tres Corsair O2U-2M fueran entregados ¡en menos
de dos semanas desde que se recibió el pedido!

El Corsario Azcárate O2U-4A número 59,
captado en vuelo.
En el mismo mes que estalló la revuelta escobarista,
los primeros tres Corsair mexicanos volaban de Nueva
York hasta Nuevo Laredo para ser internados en territorio
mexicano; fueron los pilotos de traslado Rodolfo Torres
Rico (que haría fama en la Cía. Mexicana
de Aviación), Raúl F. Azcárate
(hermano del general Francisco Azcárate, que
fabricaría Corsairs en el futuro) y el primer
piloto militar mexicano, Samuel Carlos Rojas, quien
fungía como agregado militar en la embajada mexicana
en E.U. Este vuelo sería la primera ocasión
en que aviones militares extranjeros, con armamento,
volaran sobre territorio estadounidense. Para abril
se entregaba un segundo lote de tres Corsair y los aviones
llegaron justo a tiempo para participar en los combates.
El teniente coronel Pablo Sidar, piloteando el Chance
Vought O2U-2M número 1 de la FAM, combatió
con gran determinación al frente de su escuadrilla
de relucientes y plateados biplanos, siendo ascendido
a coronel por méritos en campaña, el grado
más alto entre los pilotos aviadores del Ejército
Mexicano en esa época. Otros famosos pilotos
se foguearon en la cruenta guerra de 1929 volando el
Corsair, entre los que destacaron Roberto Fierro Villalobos
(que también fue ascendido a coronel), Luis Boyer,
Arturo Jiménez Nieto, Antonio Cárdenas
Rodríguez, Carlos Rovirosa, Luis Farell y Gustavo
León.
Apenas sometidos los escobaristas, los Corsarios, como
ya se les llamaba en México, fueron usados para
combatir a las últimas fuerzas cristeras que
aún luchaban en la famosa guerra religiosa de
1926 - 1929.
Casi al mismo tiempo que los Corsair, se recibieron
entre abril y junio de 1929 nueve biplanos Douglas O-2M
especialmente construidos para México (equivalentes
al O-32, con mejoras que se incorporarían posteriormente
a los O-38 del US Army) así como tres O-2M-2
en 1930.
Con este nuevo equipo se formó el Primer Regimiento
Aéreo basado en el querido campo de Balbuena,
integrado por tres Escuadrones, el 1º con los Chance
Vought O2U-2M Corsair, el 2º con los Douglas O-2M
y el 3º con los menos agraciados Bristol Fighters.

La banda de color en el fuselaje de la máquina
60, probablemente roja o amarilla, podría denotar
que el avión pertenece a un líder de escuadrón,
aunque los aparatos 61 y 63 también llevaban
dicha banda, pudiendo ser en ese caso un distintivo
de escuadrilla.
Los excelentes resultados brindados por la aviación
en las campañas militares de 1929 hicieron que
el ejército decidiera ampliar su Departamento
de Aeronáutica creando un segundo Regimiento
Aéreo, el cual sería equipado con el mejor
tipo de avión, por lo que tras evaluarse las
máquinas del 1er. Regimiento Aéreo, se
estimó al Corsair como el más conveniente,
pero se consideró de gran importancia que los
más de 30 aeroplanos que se procurarían
para este fin fueran hechos en el país, a fin
de lograr algún grado de independencia tecnológica.

Los Corsarios Azcárate O2U-4A reposan dentro
de su hangar, con cubiertas de lona en motor y cabina.
Los O2U-4A de fabricación nacional pueden ser
diferenciados fácilmente de los O2U-2M importados
porque recibieron numeraciones del 32 al 63, además
de llevar pintado en la parte fija del plano vertical
el logotipo de Azcárate, que es un avioncito
formado por las letras del nombre de la fábrica,
con la leyenda: “MANUFACTURADO POR AZCARATE, S.
EN C. MEXICO, D.F. BAJO LICENCIA DE CHANCE VOUGHT CORP.”
Aunque el O2U-4A de la imagen pareciera la excepción,
no es así, pues tras un accidente se dañó
su timón, el que fue reemplazado por el que perteneció
originalmente al O2U-2M número 5, mientras la
verdadera identidad de este avión la revela el
número que apenas se aprecia bajo el ala, junto
a la insignia de la FAM.
Juan Francisco Azcárate, destacado ingeniero
aeronáutico y prestigioso militar, se había
empeñado en construir una industria aeronáutica
mexicana, y ya había diseñado un sesquiplano
denominado O-E-1 que fue el primer avión nacional
en recorrer toda la República en 1928, del que
posteriormente construyó 10 ejemplares más
pequeños de entrenamiento que, conocidos como
sesquiplanos Azcárate E (ver AV#1 Pág.
16), entraron en 1929 en servicio con la Escuela Militar
de Aplicación Aeronáutica. Este primer
éxito lo llevó a fundar la fábrica
de aviones Juan F. Azcárate, S. en C., que inició
operaciones en 1930 y tuvo como primer trabajo el ensamble
de 7 aviones de entrenamiento Kreider-Reisner KR-34C
ordenados por la FAM a la firma norteamericana Fairchild,
el 4 de junio de 1930, mismos que entraron en servicio
a mediados de julio del mismo año. Al tanto de
las necesidades del Ejército Mexicano y su preferencia
por el Corsair, Azcárate negoció, a través
de la United Aircraft Export Inc., la obtención
de la licencia de producción de los aeroplanos
de Chance Vought.

Los V-99M se alistan al despegue a principios de 1938,
en Balbuena, antes de recibir sus números FAM.
Azcárate recibió un pedido por 31 biplanos
Corsair, en versión con mayor capacidad de carga,
denominada O2U-4A y con el nombre popular de “Corsario
Azcárate”.
La fábrica, ubicada junto a los famosos campos
aéreos de Balbuena, entonces en las afueras de
la ciudad de México, prosperó rápidamente,
llegando a contar con más de 250 empleados y
con el genio de la ingeniería aeronáutica
Angel Lascuráin.

El O2U-2M número 3 de la FAM fue el Corsair personal
del Cap. P. A. R. Torres Rico
En marzo de 1931, con la entrega de los primeros Corsarios
Azcárate, se formó el 2º Regimiento
Aéreo, que para diciembre contaba ya con 8 aviones,
mientras que otros 23 estaban en distintas fases del
proceso de producción. Para febrero de 1932 todos
los aparatos habían sido completados y entregados,
la fábrica se quedó sin trabajo, tuvo
que cerrar sus puertas y vender sus instalaciones al
gobierno en mayo de 1932. Ahí se ubicó
la Escuela Militar de Aplicación Aeronáutica.

El motor de un Corsario Azcárate está
a punto de cobrar vida mediante el obligado “crank”,
accionado por el abnegado personal de tierra. Nótese
el logotipo de Azcárate en el plano fijo del
timón.
Sin embargo, los Corsarios Azcárate O2U-4A más
que duplicaron la capacidad de la aviación militar
mexicana, además de mejorar sus habilidades operativas
al tener una flota de aviones de combate prácticamente
unificada. Los O2U-4A hechos en México, como
mencioné antes, eran aparatos más refinados
y con prestaciones superiores a las de sus “primos”
en servicio con la US Navy. Los últimos Corsarios
Azcárate fabricados contaban con refinamientos
como una cubierta anular para el motor que les hacía
ganar un poco más de velocidad, lo que llamó
la atención del Dr. Michael Watters, jefe de
ingeniería de la Chance Vought, quien diseñó
una nueva cubierta aerodinámica para el morro
del Corsair, la que ofreció a México,
logrando que se pusieran a su disposición, en
octubre de 1933, dos Corsarios Azcárate y los
pilotos capitanes Hermosillo y Cristiani, con el fin
de realizar pruebas al sistema. A uno de los aparatos
se le instaló la cubierta experimental, comparando
su desempeño en igualdad de condiciones con el
aparato estándar, del que lo separó una
ganancia de 15 mph en velocidad, así como mejoras
en el enfriamiento. Sin embargo, el carenado no fue
incorporado a la flota de la FAM, ni tampoco a los aviones
fabricados en E.U., por razones desconocidas, pero el
hecho de que algunos Corsarios Azcárate estuvieran
dotados de una cubierta para el motor, de fabricación
local, no tan complicada como la de Watters, ha hecho
creer a varios historiadores que el morro diseñado
por el norteamericano fue instalado de serie en los
aviones mexicanos y de ahí sus mejores prestaciones,
lo que sin duda es falso.

Una escuadrilla de Corsarios Azcárate, en vuelo,
nos muestra en primer plano al aparato número
61, armado con bombas de fabricación nacional
y con el anillo, adaptación mexicana, que cubre
su motor.
Los Chance Vought O2U-2M recibidos por México
en 1929 estaban equipados con motor Pratt & Whitney
Wasp R-1400 de 400 hp, lo que les daba una velocidad
de 157 mph, mientras que los modelos estándar
O2U-2 estadounidenses contaban con el motor R-1340 y
una velocidad inferior de 151 mph; por otro lado los
O2U-4A hechos por Azcárate contaban, por atinadas
decisiones de logística, con los mismos R-1400
Wasp que los O2U-2M, pero eran un poco más veloces
pues eran más ligeros, habiéndose logrado
una reducción de peso al acortar el largo del
fuselaje en tres pulgadas con respecto al modelo hecho
en E.U., aunque eran un poco más altos.

Uno de los V-99M fue “estrenado” en su primer
vuelo, aún en suelo norteamericano, pero los
daños fueron rápidamente reparados en
la fábrica.
Los Corsarios Azcárate fueron dotados cada uno
con 2 ametralladoras Lewis calibre 0.30 adquiridas a
la Crawford Airplane Supply. Co. a finales de 1932,
así como con portabombas con capacidad para 500
libras, lo que convirtió a los aeroplanos en
auténticas naves de guerra.
La “fiebre” O2U se extendió por toda
América Latina, se exportaron cuatro O2U-1A a
Argentina, tres O2U-1E y dos O2U-3B a Perú, seis
O2U-2A al Brasil, 26 aviones O2U-3A a Cuba y dos O2U-3SD
para Santo Domingo (hoy República Dominicana),
pero los 43 Chance Vought O2U mexicanos (entre importados
y de construcción nacional) hacen del país
azteca el mayor operador del tipo fuera de EU.
Naturalmente, el éxito de ventas de los Corsair
O2U hizo que Chance Vought desarrollara aparatos más
avanzados, con mayores prestaciones, con gran flexibilidad
en cuanto a opciones de fabricación para satisfacer
plenamente el mercado de exportación, conservando
para estos modelos su prestigioso y popular nombre de
Corsair. Esta nueva familia de biplanos sería
conocida en el servicio norteamericano como O3U, un
avión realmente nuevo, extensamente probado por
vez primera en un invento llamado “túnel
de viento”, equipado con cubiertas aerodinámicas
para su motor Pratt & Whitney Hornet R-1690 de 600
hp, capaz de una velocidad de 190 mph, que también
recibió las designaciones SU-1 y SU-2, y al que
algunos llamaron Corsair II.
Pese a que el nuevo Corsair fue favorecido tanto por
la US Navy como por los US Marines, Chance Vought no
despegó un ojo del jugoso mercado de exportación,
basta mencionar que en 1929 las ventas de exportación
de los Corsair triplicaron a las del año anterior,
siendo Chance Vought la compañía norteamericana
líder en ventas al extranjero, con entradas por
más de 1,000 millones de dólares. Los
modelos de exportación de los Corsair dejaron
de utilizar las designaciones navales estadounidenses
y se les aplicó una sencilla denominación
consistente en una V seguida de un número de
modelo, partiendo de un demostrador fabricado en 1931
conocido como V-50, aunque el primer modelo vendido
fue el V-65B del que Brasil adquirió 35 ejemplares
en 1933.

El Corsair V-99M fue un avión muy apreciado por
los pilotos de la FAM, cuyas cualidades destacaron en
el conflicto cedillista de 1938.
Como era lógico, la segunda generación
de aviones multipropósitos Corsair tuvo gran
éxito de ventas, incluso mayor al de los O2U,
simplemente China, envuelta en constantes conflictos
internos y contra Japón, compró 79 Corsair
de los modelos V-65C y V-92C. En América Latina
el primer cliente fue Brasil, que como mencionamos anteriormente
adquirió 36 Chance Vought V-65B para el Ejército,
así como ocho hidroaviones V-66B para la Armada,
seguidos por quince V-65F, un V-66F y un V-80F para
Argentina, así como tres Corsair entregados a
Perú bajo la denominación V-80P, este
último era un caza en vez de un aparato multipropósitos
o de observación como la mayoría de los
Corsair, además de ser “convertible”,
pues podía operar tanto con ruedas como con flotadores.

Pilotos militares preparan su siguiente misión
en los V-99M contra los rebeldes cedillistas.
En 1934 se desarrolló la serie V-90, concebida
específicamene para la exportación, ofrecida
con cinco opciones de motor Hornet de entre 525 y 675
hp y que incorporaba una nueva y más confortable
cabina opcional, cerrada para el piloto aunque abierta
para el observador, así como mayor capacidad
de combustible, este modelo de Corsair era derivado
del V-65 y sus equivalentes más cercanos con
la US Navy eran conocidos como O3U-4 y SU-4.

Regresando a México, sus Corsarios habían
dado un excelente servicio y aún operaban como
espina dorsal de la FAM en 1937, cuando se hizo necesario
adquirir más aviones para reemplazar a los Bristol
Fighter y a los Douglas O-2M cuyos últimos y
escasos sobrevivientes se negaban, como mulas cansadas,
a mantenerle el paso a los populares, queridos y joviales
Corsarios. Sin embargo, quizá para no depender
de un solo proveedor, el requerimiento de 20 aviones
nuevos fue dividido en dos partidas y el pedido se otorgó
a dos fabricantes, obteniéndose una decena de
biplanos Consolidated-Fleet 21-M (ver AV #19 Pág.
38) construidos bajo pedido especial a partir del modelo
21-C (cuyo equivalente más cercano en el US Army
Air Corp es el BT-7) y, por supuesto, una decena de
nuevos Corsair.
Estos Corsair, denominados V-99M, eran de una versión
optimizada para las necesidades de la operación
de los altos y calurosos territorios mexicanos, que
fueron entregados por la fábrica Chance Vought
de Hartford el 30 de diciembre de 1937, siendo similares
al modelo O3U-6 de la Armada norteamericana. Estos aviones
disfrutaban de grandes ventajas comparados con sus “hermanitos
menores” O2U, junto a los que operarían
por muchos años en México, el motor del
V-99M era el Pratt & Whitney R-1340-T1H-1 Wasp de
550 hp y estaba dotado, además de portabombas,
con una ametralladora Colt 0.30 fija en el morro y otra
flexible en la parte trasera de la cabina. Su apariencia,
con su enorme motor oculto tras el carenado y su empenaje
de diseño revisado, así como la novedad
de la cabina cerrada para el piloto, conferían
al nuevo V-99M un aspecto muy distinto al de los queridos
Corsarios Azcárate, lo que hacía difícil
adivinar que eran ambos del mismo linaje, aunque lo
que verdaderamente agradó a los pilotos de la
FAM fue su velocidad de 165 mph y su sorprendente capacidad
de ascenso.

Los Corsair V-99M, junto a los Consolidated 21-M, tendrían
casi inmediatamente su bautizo de fuego, acompañados
por los viejos Corsarios Azcárate y alguno que
otro sobreviviente de los O2U-2M originales, cuando
se pronunció el levantamiento armado del general
Saturnino Cedillo, en mayo de 1938. Entonces se organizó
un Escuadrón Aéreo Mixto que partió
con 17 pilotos al estado de San Luis Potosí al
mando del coronel Alfredo Lezama.
Además de sus nuevos aviones, los pilotos de
la FAM contaron con un buen equipamiento y logística,
así como la seguridad de disponer de paracaídas
en combate, los que se usaban de manera rutinaria desde
1933. Pero lo que quizá representó un
interesante reto para la aviación militar fue
el hecho de que las fuerzas cedillistas contaban con
su propia fuerza aérea, con la que amenazaban
petulantemente acabar con los pilotos de la FAM. La
verdad es que los aviones rebeldes, piloteados por mercenarios,
eran un puñado de aparatos de turismo Waco, Alexander
Eagle Rock y Travel Air 2000 que prácticamente
eran inútiles ante la FAM, con una excepción
que dio a las fuerzas federales unos cuantos dolores
de cabeza, y es que los insurrectos habían adquirido,
por la jugosa suma de casi 30,000 dólares, un
par de monoplanos de cabina cerrada y ala alta Howard
DGA-8 de apariencia muy moderna, y muy veloces. Aunque
no eran aviones de combate, los Howard fueron usados
en una acción audaz al atacar el campo aéreo
federal repleto de Corsarios, el 21 de mayo de 1938.
Los Howard lanzaron cuatro bombas de 28 Kg sobre los
sorprendidos aviadores de la FAM, con tan mala suerte
que ninguna dio en el blanco, ocasionando sólo
el feroz despegue de los V-99M intentando en vano alcanzar
a los veloces aviones cedillistas, que con la ventaja
de la altura, habían desaparecido en el horizonte
cuando los Corsair apenas ascendían unos cuantos
pies, dejando a la FAM como principal daño, una
fuerte sensación de frustración. Se montaron
patrullas de combate con la esperanza de encontrar a
los aviones rebeldes y derribarlos, al tiempo que al
menos un V-99M fue apresuradamente camuflado para evitar
que fuera un blanco fácil en caso de otra sorpresiva
visita de los Howard, mientras los pilotos mercenarios,
borrachos en las cantinas, retaban a un duelo aéreo
a los pilotos de la FAM, duelo que nunca ocurrió
pues los Howard fueron capturados intactos por las fuerzas
federales, pero lo que sí sucedió es que
la FAM castigó con dureza a las tropas del general
Cedillo, batiéndolas en constantes piques de
ametrallamiento y bombardeo, en las localidades de Río
Verde, Villa Reyes, Jaral de Berrio, El Salto, El Meco
y El Zenzontle, constando el uso durante la campaña,
de 182 bombas de fragmentación y 2,480 cartuchos
de ametralladora por parte del Escuadrón Aéreo
Mixto.

Las dos fotos superiores: Corsarios V-99M despegan para
una misión de reconocimiento y lanzamiento de
propaganda durante el conflicto cedillista.
Foto inferior: Un par de afortunados pilotos de la FAM
posan junto a su “Corsario” V-99M tras un
incidente que no pasó de los daños materiales
que se observan.

Aunque en 1939 la FAM obtuvo sus primeros monoplanos
de tren retráctil, en la forma de los Bellanca
28-90B Flash, éstos no pudieron ser puestos en
servicio por causa de dificultades técnicas,
por lo que al entrar México en estado de guerra
con las potencias del Eje el 22 de mayo de 1942, el
Departamento de Aeronáutica del Ejército
Mexicano contaba para el patrullaje y defensa de los
litorales nacionales principalmente con los 10 Chance
Vought V-99M, los Consolidated Fleet 21-M y al menos
una veintena de Corsarios Azcárate aún
operativos.

Armeros de la FAM trabajan en los portabombas instalados
bajo las alas de un Corsair V-99M en Balbuena, al inicio
de la segunda guerra mundial.
Los Corsair fueron dedicados a realizar constantes y
riesgosos vuelos de patrulla sobre el mar en busca de
submarinos enemigos, en tanto se gestionaba la incorporación
de aviones más modernos.
Durante estas precarias operaciones y escasamente armados,
los pilotos de los Corsarios mexicanos tomaron altos
riesgos con mínimas oportunidades de lograr algo,
muchas veces engañados por ballenas en aguas
bajacalifornianas que momentáneamente parecían
temibles sumergibles de acero, aunque existe el reporte,
no confirmado, de un ametrallamiento a un submarino
supuestamente japonés, por uno de los Corsair
patrulleros piloteado por el teniente Leopoldo Meza,
el 21 de marzo de 1942, aunque la llegada oportuna de
modernos aviones Vought-Sikorsky Kingfisher, North American
AT-6, Douglas A-24B y Beech AT-11 significó el
relevo de los nobles biplanos de la responsabilidad
de la defensa continental (ver AV #5 Pág. 4).
Aunque durante la segunda guerra mundial un buen número
de Corsair estaba en buenas condiciones en México
los pilotos, embelesados con las nuevas y modernas máquinas
que llegaron en cantidades nunca antes vistas a la FAM
se olvidaron de ellos, siendo su madera presa del hacha
y su metal para la fundición. Ninguno de los
Corsair mexicanos fue preservado, de hecho, solamente
dos biplanos Chance Vought Corsair sobreviven hasta
nuestros días, se trata de un V-93S en exhibición
en el museo de la Real Fuerza Aérea Tailandesa
y otro en Argentina.
Pero la historia de los Corsarios mexicanos no termina
aquí, hay algunos aspectos que esperan todavía
ser aclarados, ya que además de los tres tipos
de Corsair que usó la FAM (O2U-2M, O2U-4A y V-99M),
existen versiones que afirman que otros dos modelos
del célebre biplano Chance Vought sirvieron a
la aviación mexicana.
Registros de la fábrica muestran que un ejemplar
denominado V-97, directamente derivado del O2U-1 pero
equipado con un poderoso motor Twin Wasp de 1,000 hp,
se fabricó para México, pero en lo personal
no tengo duda alguna de que este avión nunca
sirvió en la FAM, aunque diversas fuentes extranjeras
afirman lo contrario. Igualmente hay numerosas fuentes
estadounidenses que afirman que el V-100 también
fue construido para la FAM con motor Wasp Junior como
entrenador y que incluso en México se le llamó
Corsario Junior. De este aparato tampoco he podido encontrar
evidencias documentales o fotográficas de su
uso en México, ni siquiera referencias de algún
testigo, y las únicas fotos conocidas del aparato
son las que lo muestran sin otra marca más que
la matrícula experimental norteamericana X-14377.
Lo más probable es que estos aviones hayan sido
demostradores construidos con la intención de
vender el modelo, sin suerte, a México y que
hayan terminado su vida desguasados, aunque existe la
posibilidad de que, como ocurrió con muchos tipos
de aviones, México haya servido como país
de destino “máscara” para triangular
la venta de los aparatos a países en conflicto
como España, donde la adquisición de equipo
militar era obstruida por convenios internacionales
de neutralidad, o quizá fueron entregados a China,
como muchos otros aviones, en condiciones muy oscuras
y poco documentadas. Cualquier hipótesis es una
línea de investigación válida,
pero para fines prácticos se puede considerar
que el V-97 y el V-100 son Corsarios que erróneamente
se han asociado a México pues no hay evidencia
alguna de que hayan servido con la FAM, aunque sería
grato encontrar alguna foto o documento que demostrara
mi equivocación.
Por el contrario, lo que es un hecho fácilmente
comprobable es que la familia de biplanos Chance Vought
Corsair, hoy un poco olvidada por los historiadores
y entusiastas, es una de las series de aviones que más
impacto tuvieron en la aviación latinoamericana
y mexicana al iniciar la década de los treintas,
en el ocaso del reino de los biplanos.
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