Lindbergh en México
Por
Juan Antonio José
Publicado:
Mayo - Junio 2000
Fuente: América Vuela - Número 62

Lindbergh con uniforme de vuelo de la FAM junto al
Morane Saulnier M.S. 35 E.p.2 que piloteó en
Balbuena en diciembre de 1927.
Cuando mis abuelos llegaron a la ciudad de México,
el 14 de diciembre de 1927, la primera impresión
que se llevaron fue que se trataba de una ciudad vacía,
en la que casi no había gente en las calles
y eso les sorprendió. Conforme fueron buscando
en vano al tío que debía esperarlos
en la estación del ferrocarril, a mis abuelos
recién llegados de Turquía no les quedó
otra alternativa que buscar a la comunidad judía
de México y pedir ayuda. "–Señor,
disculpe —preguntó mi abuelo—¿sabe
usted dónde hay judíos en México?
¡En la Lagunilla!, fue la respuesta general,
pero hoy no vaya para allá porque no va a encontrar
a nadie ¡Todos se fueron a Balbuena a recibir
a Lindbergh! Más o menos así comienza
la película mexicana "Novia que te vea",
realizada en 1993. La visita de Charles A. Lindbergh
a México en 1927, puede ser considerada como
la primera, la más tumultuosa y la más
clara expresión de la forma como los mexicanos
acogemos a nuestros visitantes, expresión que
volvimos a repetir varias veces, en especial durante
las cuatro visitas del papa Juan Pablo II.
Lindbergh nació en 1902 en Detroit, Michigan,
hijo de Charles August Lindbergh y Evangeline Lodge
Land, quienes por cierto visitaron la ciudad fronteriza
de Tijuana, Baja California, durante su viaje de bodas.
El primer viaje importante de Charles fuera de su
país lo hizo a Centroamérica en 1913,
cuando viajó por barco con su mamá a
Panamá, para visitar las obras de la vía
interoceánica, a cuya construcción contribuía
su padre en calidad de miembro del Comité del
Congreso Norteamericano sobre el Canal. No hay evidencia
para documentar que Lindbergh hubiese visitado Tijuana
u otra ciudad mexicana durante su estancia en San
Diego, en tiempos de la construcción del Ryan
NYP, "Espíritu de San Luis", ni tampoco
que haya sobrevolado territorio mexicano durante los
vuelos de prueba de la aeronave. El 23 de septiembre
de 1927 el "Espíritu de San Luis"
sobrevuela Mexicali, Baja California, en ruta entre
San Diego y Tucson, como parte del exitoso tour de
promoción de la aeronáutica auspiciado
por el Fondo Guggenheim. La segunda visita que hace
a los cielos de México ocurre al día
siguiente, cuando sobrevuela el estado de Chihuahua,
en ruta a El Paso, procedente de Lordsburgh. Cabe
destacar que este autor no ha encontrado evidencia
que demuestre que tales vuelos sobre el territorio
nacional, si bien breves, contasen con el consentimiento
de las autoridades mexicanas, por lo que quizás
Lindbergh literalmente violó nuestro espacio
aéreo.
Lindbergh y su avión Curtiss Falcon Lindbergh
Special con el que visitó México en
1928. Entre otros, lo acompaña el famoso aviador
mexicano Roberto Fierro.

Cessna CW-6 que Lindbergh evaluó en México
como bombardero, acompañado por Alfredo
Lezama en 1929. |
Los
antecedentes del vuelo entre Washington, D.C. y la
capital de México, en diciembre de 1927, primera
visita formal de Lindbergh a nuestro país,
tienen su origen fundamental en la buena relación
que establecieron entre sí Lindbergh y Dwight
W. Morrow, desde que se conocieron en la sede temporal
de la Casa Blanca, en Washington, D.C., en junio de
1927. Morrow era entonces un importante y acaudalado
abogado y hombre de negocios, socio de la poderosa
J.P. Morgan & Co. y se convirtió en una
persona decisiva en la vida del joven héroe,
al que consideraba literalmente "había
que proteger de los lobos". En agosto de 1927,
Morrow fue nombrado Embajador en México. El
29 de septiembre Lindbergh escribió a su amigo
y asesor financiero, felicitándolo por el nombramiento
y comentando: "Por lo poco que he podido ver
en nuestras fronteras, me temo que el puesto será
difícil —agregando en la misma carta—,
si hay alguna oportunidad en la que pueda ser de ayuda
para usted, por favor llámeme". El 4 de
octubre en respuesta a su carta de felicitación,
Morrow escribió a Lindbergh: "Usted me
habló alguna vez sobre la posibilidad de que
usted hiciera vuelos en Latinoamérica... sería
bueno hablar de ello...", y así lo hicieron,
antes de que Morrow saliera hacia México a
finales de octubre de 1927. El diplomático
percibió acertadamente que la fama de Lindbergh
podría ser bien empleada en su misión
en México, mediante un vuelo de "buena
voluntad", que ayudaría a relajar un poco
el ambiente de hostilidad que prevalecía en
las relaciones bilaterales en ese entonces. A la luz
de la reacción positiva percibida en México
ante las insinuaciones de Morrow sobre un viaje de
Lindbergh al país, se fueron destrabando las
barreras en la Unión Americana y se fueron
encontrando buenas razones para hacer de ese viaje
el primer punto focal de una gira por América
Latina.
A finales de noviembre dos patrones de eventos convergieron
para evitar una demora indefinida de los planes para
la realización del vuelo, uno de ellos fue
la intención del gobierno norteamericano de
emplear a la aviación como herramienta de la
diplomacia, arte en el cual destacaría en el
futuro cercano Juan Terry Trippe, al mando de su Pan
American Airways, con la que Lindbergh tendría
fuertes y prolongados lazos. Lindbergh posiblemente
tenía la intención de sondear las posibilidades
de que una empresa estadounidense organizara una o
varias líneas que volaran a México,
Centro y Sudamérica, ante el temor de que otro
país se les adelantara, como había ocurrido
con la SCADTA colombiana, en la que empresarios alemanes
eran accionistas mayoritarios, situación que
podría significar alguna presión sobre
el Canal de Panamá. Cabe destacar que los gastos
del viaje fueron cubiertos por el mismo aviador, y
no por alguna aerolínea o gobierno. El segundo
patrón de referencia tiene que ver con el extraordinario
y rápido éxito de Morrow en su gestión
diplomática, que le valió la confianza
del presidente mexicano Plutarco Elías Calles.
—"Déjeme los problemas del vuelo
a mí...", le había dicho Lindbergh
a un Morrow no muy contento por la intención
del aviador de hacer el vuelo sin escalas. En realidad
esta idea tenía como base tratar de cumplir
con un itinerario y llegar al destino a tiempo, sin
importar vientos, niebla o tormentas, como si estuviera
en un vuelo de rutina del correo aéreo, lo
cual llamaría más la atención
en beneficio de la aviación. Calles, encantado
con la idea de tener a Lindbergh en México,
envió a principios de diciembre un cable a
los Estados Unidos, en el que no solamente lo invitaba
al país, sino que le prometía una recepción
"con todo cariño".
El "Espíritu de San Luis" despegó
desde el Bolling Field de Washington, D.C., a las
12:25 p.m. hora del este del día 13 de diciembre
de 1927, llegando a Balbuena a las 3:40 p.m., hora
del este del día 14. Varias fuentes establecen
la llegada a las 2:39, tiempo de México, el
vuelo según Lindbergh, tuvo una duración
total de 27 horas y quince minutos. En ruta mantuvo
su curso correcto hasta que sobrevoló Tampico,
a la que identificó por los tanques de petróleo.
Después, algo salió mal: "Creo
que fue mi culpa" afirmó el propio aviador,
produciéndose una demora de una hora con quince
minutos en relación con el tiempo estimado
de vuelo. Dramática fue la espera para quienes
le recibirían en Balbuena, incluyendo el Presidente
—que fumaba cigarro tras cigarro—, Morrow,
los altos dignatarios y miles de personas que acudieron
al lugar, cifra que según la fuente puede ir
desde 100,000 como se afirma en Excélsior,
hasta los 200,000 que calculó el aviador y
comediante Will Rogers, que estaba entre los presentes.
Las crónicas citan a Calles diciéndole
a Morrow: —"Si se ha estrellado en el camino,
sería la mayor calamidad que haya caído
sobre México", y reflejan la tensión
que prevalecía en el ambiente de Balbuena en
espera de noticias sobre el avión. Había
temor del impacto que un accidente de Lindbergh en
este viaje pudiera tener en el desarrollo de la aviación
mundial. No hay que olvidar que en el México
de 1927 se escuchaban aún los ecos de la Revolución
y que el aterrizaje forzoso o accidente de un piloto,
más aún de un extranjero y en especial
"gringo", podría ser algo muy serio
y mucho peor tratándose del hombre más
famoso del mundo. Sólo para refrescar la memoria,
hagamos referencia a la suerte de los aviadores españoles
Joaquín Collar y Mariano Barberán, que
perecieron en circunstancias poco favorables para
la imagen de México, intentando volar entre
La Habana, Cuba y la ciudad de México en junio
de 1933, tras haber volado sin escalas entre Sevilla,
España y Camagüey, Cuba en su avión
Breguet Super Bidón bautizado "Cuatro
Vientos". Mejor suerte tuvo Amelia Earhart, quien
al intentar volar sin escalas entre Burbank, California
y la ciudad de México, el 19 de abril de 1935,
al igual que Lindbergh también llegó
demorada, sólo que ella aterrizó brevemente
en Nopala, Hidalgo, con el fin de orientarse, y luego
de haberse lastimado un ojo con alguna partícula
o insecto.
En medio de la espera, un Fairchild de la Compañía
Mexicana de Aviación, que había salido
de Tampico poco antes de que Lindbergh sobrevolara
ese puerto, apareció en el horizonte. Confundido
con el "Espíritu de San Luis" produjo
excitación entre la multitud.
"El catorce de diciembre de/ aquel año
veintisiete / muy presente tengo yo./ En el Valle
de Toluca un avión se apareció..."
dice el corrido y efectivamente Lindbergh fue a dar
a Toluca, donde finalmente ubicó su posición
y enfiló hacia el Valle de México. Hacia
las dos de la tarde se anunció oficialmente
en Balbuena que había sido visto sobre la capital
del Estado de México, dándose órdenes
a la Escuadrilla 9, que estaba preparada para escoltarlo,
para que despegara y fuera a su encuentro, lo cual
ocurrió cuando el monoplano Morane Saulnier
M.S. 35 matrícula 31A pilotado por el mayor
Agustín Castrejón, lo identificó
sobre los Llanos de Salazar. Alfonso Reyes, en un
tono más literario nos cuenta el pequeño
error de navegación de Lindbergh en su obra
"Caído del Cielo", de la siguiente
manera: "Sencillo jinete apea de la silla y comparte
con su caballo mitológico el último
sandwich de jamón. Después sonríe.
Cuenta que se ha perdido en las veredas del aire,
que todavía no hay en el cielo suficientes
señales de Touring Club; que el firmamento
mexicano tiene un gran declive hacia el Pacífico
(tal vez afinidades asiáticas), y que eso lo
hizo rodar un poco hacia el Poniente..."
Luego de pasar Tampico, Lindbergh había sobrevolado
parte de los estados de Veracruz, San Luis Potosí,
Guanajuato, Michoacán y el Estado de México.
En el marco de su desorientación, Lindbergh
narra una curiosa anécdota: Resulta que tras
salir de la zona de mal tiempo, trató de guiarse
por los mapas de México que había obtenido
en su país, sin lograr ubicar bien las referencias,
que comenzaron a no corresponder entre lo que veía
desde el avión y lo que leía en el mapa.
Intentó emplear la técnica de identificar
las poblaciones leyendo sus nombres en las estaciones
del tren. Lamentablemente todo lo que veía
en las estaciones del tren de México eran letreros
en los que se podía leer la palabra "Caballeros".
Pero no había población alguna con ese
nombre en el mapa del aviador, quien al ver que todas
las estaciones que inspeccionaba se llamaban igual,
se dio cuenta que ese nombre correspondía a
un lugar propio para hombres, ¡léase
el baño!. Lindbergh continuó guiándose
en lo posible por accidentes geográficos hasta
que vio una ciudad bastante grande, donde pudo observar
un letrero en una pared que decía "Hotel
Toluca", lo cual le permitió identificar
su posición y determinar su rumbo correcto
hacia la capital de la República.
En Balbuena estaban para recibirlo, además
de Calles y Morrow, otras personalidades como el general
Alvaro Obregón, miembros del gabinete, el jefe
del Estado Mayor Presidencial, comisiones del Senado
de la República, la Cámara de Diputados,
el Ayuntamiento de la ciudad, las Fuerzas Armadas,
miembros del cuerpo diplomático, aviadores
y público en general. Ya en tierra, Morrow
condujo a Lindbergh ante Calles, después se
entonaron los himnos nacionales. "Lo felicito
por su viaje, es una gloria más para su patria
y una nueva gloria para usted", fueron las palabras
de Calles. Después se volvió hacia Morrow
y añadió: "Tengo el gusto de entregar
a usted sano y salvo al coronel Lindbergh, dentro
del territorio de mi patria". Acto seguido, el
presidente municipal en comisión del Ayuntamiento
de la ciudad de México, señor Arturo
de Saracho, entregó a Lindbergh las llaves
de la ciudad, con las cuales dijo: "Puede usted
hacer lo que guste". ¡Y que si lo hizo!,
ya que capturó para sí y para las causas
que perseguía, la atención de la población
entera, del gobierno y de las fuerzas armadas mexicanas.
En este sentido Calles declaró a la prensa
reunida en Balbuena: "Pero no tiene sólo
interés técnico como acto heroico de
aviación... Lo considero sobre todo, como una
valiosa embajada de buena voluntad que envía
el pueblo de Norteamérica, que seguramente
al enviarnos a su representativo más alto de
la juventud, de la voluntad y del heroísmo
de los Estados Unidos, lo hizo para producir un acercamiento
espiritual y material más firme entre ambos
países. Si traduzco acertadamente el significado
del viaje de Lindbergh, puedo asegurar que sus resultados,
desde el punto de vista a que me refiero, serán,
han sido ya más bien positivos e inmediatos".
El recorrido entre Balbuena y la sede de la Embajada
de los Estados Unidos, ubicada entonces en un predio
de la esquina que hacen las calles de Niza y Londres
en la colonia Juárez (hoy en día es
el restaurante "La Calesa de Londres"),
tomó más de una hora, en la cual el
ilustre visitante fue objeto de la aclamación
de miles de capitalinos. En su diario, la señora
Morrow se refiere al recorrido de la caravana de una
manera elocuente: "¡Oh, las multitudes
en las calles camino a la Embajada... en árboles,
en postes de telégrafos, sobre los toldos de
los autos, techos y hasta en las torres de la Catedral.
Flores y confeti volaban en todo momento...!"
Por toda la ciudad el grito ¡Viva Lindbergh!
se escuchó a viva voz. En las tiendas de la
capital las banderas de los Estados Unidos y las grabaciones
de su himno se agotaron, la ciudad se llenó
de fotos de Lindbergh y mientras las diferencias diplomáticas
eran olvidadas, al menos por un tiempo, los mexicanos
se dedicaron a bautizar "Lindbergh" a platillos
de comida, escuelas, teatros, bebidas y cuanta cosa
imaginable.

Desfile obrero en honor de Lindbergh en el
Zócalo de la capital mexicana el 18 de diciembre
de 1927.
Durante su estancia en la ciudad de México
se hospedó en la Embajada. El 15 de diciembre
visitó la Secretaría de Relaciones Exteriores,
luego en Palacio Nacional fue recibido por Calles,
de ahí se trasladó al Centro Escolar
"Benito Juárez", donde presidió
la inauguración de la biblioteca Lincoln. Por
la tarde asistió a la sesión de gala
de la Cámara de Diputados, celebrada en su
honor, donde fue condecorado y vio el Calendario Azteca.
El 16 de diciembre visitó el Colegio Americano
donde al hablar a los alumnos refirió lo siguiente:
"La aviación, muchachos, es el medio futuro
de transporte entre Estados Unidos y este país...
cuando ustedes crezcan ya el vuelo entre los dos países
se hará por rutas regulares..." Por la
tarde fue a Balbuena, donde hizo seis vuelos sobre
el Valle de México en un avión Payasol
Morane Saulnier, M.S. E.P.2 35, matrícula 31A128,
de la entonces Fuerza Aérea Mexicana. El primer
vuelo lo hizo con el piloto Alberto Castrejón,
luego volaron con él, entre otros, Will Rogers
y el general Alvarez. Lindbergh expresó su
admiración hacia los pilotos mexicanos, principalmente
hacia Castrejón y Emilio Carranza, al que había
conocido en El Paso el 24 de septiembre, durante el
tour Guggenheim. Los pilotos mexicanos se enfrentaban
no sólo a la importante elevación de
la capital, sino a los vientos tan cambiantes y a
la orografía de la región —"nunca
había visto el viento cambiar tan rápido"—,
dijo Lindbergh. El 17 de diciembre se llevó
a cabo el gran festival en el Estadio Nacional, organizado
en su honor por la Secretaría de Educación
Pública. Más de sesenta mil personas
colmaron las graderías. Lindbergh llegó
al estadio acompañado de Calles y Morrow. Ese
día el "Espíritu de San Luis"
recibió en las tolvas del motor dos banderas
mexicanas que le fueron pintadas.
El 18 de diciembre asistió en el Rancho del
Charro a un jaripeo y en la plaza de toros "El
Toreo", en Sotelo, asistió a una corrida
donde seguramente lo que más le gustó
fue el capote que le obsequió el matador José
Ortiz. En el Zócalo de la ciudad se llevó
a cabo un impresionante desfile obrero en homenaje
al visitante, en el que pudieron haber participado
más de cien mil trabajadores. Lindbergh presenció
el evento desde los balcones del Palacio Nacional,
en compañía de Morrow y funcionarios
del gobierno mexicano. El día 19 visitó
Xochimilco, donde subió a una trajinera. El
general Roberto Fierro en sus memorias afirma haber
recibido la orden superior de actuar como su ayudante
de campo, junto con el general José Luis Amezcua
y los pilotos Gustavo León, Alfredo Lezama
y Fritz Bieler. Hasta se retrató en un set
arreglado con decoración alusiva al "Espíritu
de San Luis" por un fotógrafo ambulante.
El 20 de diciembre realizó una serie de vuelos
al mando del Fairchild FC-2, matrícula M-SCOE
de la Compañía Mexicana de Aviación.
Entre los pasajeros estuvieron el Presidente de la
República (en su primer vuelo), el general
Alvaro Obregón y su amigo Dwight Morrow. "¡Quién
no se siente seguro volando con el coronel Lindbergh!"
afirmó Calles tras el vuelo. En este marco
hubo una exhibición de destreza por parte de
pilotos de la Fuerza Aérea Mexicana. Por la
tarde vino el homenaje de las fuerzas armadas de México,
presidiendo el acto en representación de Calles
el general Joaquín Amaro, secretario de Guerra
y Marina. El siempre "elocuente" Lindbergh,
al preguntársele su opinión sobre el
Colegio Militar respondió: "Fine, just
fine..." Sin embargo más tarde, ese mismo
día Lindbergh hubo de hacer un esfuerzo y habló,
presagiando en esa oportunidad lo que ahora, gracias
al esfuerzo de los pioneros y los legendarios se ha
hecho realidad. Estaba convencido de que existían
condiciones para el establecimiento de una línea
aérea entre Estados Unidos y México
y pretendía el apoyo necesario de los gobiernos,
los hombres de negocios y el pueblo.

Charles Lindbergh en la Cámara de Diputados
de México, el 15 de diciembre de 1927.
El 21 de diciembre de 1927 Anne Morrow llegó
a la ciudad de México a pasar la Navidad con
su familia. La ironía es que no estaba muy
contenta con la idea del asunto del héroe que
invadía el entorno familiar, tanto que escribió
en su diario, que "ella no iba a reverenciar
a Lindy". Con lo que no contaba la tímida,
pequeña, culta y hermosa Anne era con el destino
mismo; ¿quién iba a decir a esa niña
que llenó un cuestionario de rutina para graduarse
en la escuela privada de Miss Chapin de Nueva York,
respondiendo a una pregunta sobre su "esposo
ideal" con un "quiero casarme con un héroe",
que no sólo se casaría con uno, sino
que éste sería el más famoso?
El día 22 y con apoyo de Henry Ford, la madre
del aviador llegó a México en forma
espectacular en el avión más grande
que hubiera operado hasta entonces en Balbuena: un
Ford Trimotor 4- AT -10, matrícula NC-1077.
Nuevamente tocó al mayor Alberto Castrejón,
en este caso acompañado por el capitán
Alberto Viéytez, salir al encuentro de la aeronave
de la señora Lindbergh, que como la de su hijo,
se había desviado de su ruta. Lindbergh despegó
en el "Espíritu de San Luis" al encuentro
del "Ford", sin lograrlo. Al regresar tuvo
que realizar tres pequeños vuelos para evitar
lastimar a alguien entre la multitud que estaba esperando
en el aeródromo. Antes de recibir a su mamá
tuvo tiempo ese día de visitar Teotihuacán,
donde Obregón le ofreció un banquete
en la llamada gruta y hasta subió a la Pirámide
del Sol. El 23 Lindbergh salió hacia Cuernavaca,
Morelos, con el general Pedro Caloca y un grupo de
militares, Emilio Carranza incluido, ahí los
miembros de la Fuerza Aérea le ofrecieron una
fiesta en el Hotel Jardín Borda. Los relatos
disponibles hablan de que Lindbergh se la pasó
muy bien con los militares mexicanos, tanto que se
hace en ellos referencia a las bromas que el norteamericano
aplicó a algunos aviadores mexicanos ya entrada
la madrugada, cuando éstos dormían.
La Nochebuena transcurrió en el íntimo
ambiente de la familia Morrow, funcionarios de la
embajada, algunos invitados cercanos a la familia
y su mamá. El día de Navidad Lindbergh
volvió a Xochimilco con los Morrow y su madre,
jugando con relativo éxito al incógnito.
En un momento dado, Lindbergh se salvó de una
desagradable experiencia cuando uno de los amigos
de Morrow fue confundido por un mexicano de gran tamaño
que lo abrazó y sin darse cuenta de su error
le dijo al supuesto Lindy: "¡Adorado héroe,
no puedo dejarlo pasar sin abrazarlo!".
El 26 de diciembre recibió de Juan Guillermo
Villasana cartas aéreas para la ruta de México
a Guatemala y pilotó el "Ford" que
trajo a su madre, llevando a bordo entre otras personalidades
al secretario de Guerra y Marina, general Amaro y
su esposa, a Bill Stout y a miembros de la familia
Morrow, entre los cuales se menciona a la señora
Morrow, una hermana del embajador y a las hijas del
mismo, siendo ésta la primera oportunidad en
la que Anne (ya para entonces enamorada) volaría
con quien años después escribiría
algunas de las más interesantes páginas
de la exploración de rutas aéreas internacionales.
El día 27 acudió a despedirse de Calles
en el Castillo de Chapultepec. El 28 partieron de
México tanto el "Ford" como el "Espíritu
de San Luis", llevando consigo el primero a la
señora Lindbergh hacia Detroit y el segundo
al joven aviador hacia Guatemala, para continuar con
destino a Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua,
Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Islas
Vírgenes, Puerto Rico, República Dominicana,
Haití y Cuba. Entre los obsequios y reconocimientos
que recibió durante su estancia en México
se encuentran: La cruz de la orden del mérito
y el valor, que le entregó Calles, medalla
de oro del Senado, medalla de oro de la Cámara
de Diputados, medalla de oro de Correos, álbum
del Colegio Militar, tres piezas de Talavera del estado
de Puebla, llaves de la ciudad de México y
Tampico, insignia en oro de la Federación Aeronáutica,
un sarape cortesía de Alvaro Obregón,
regalos y membresías diversas de los residentes
americanos en México. Federación clubes
de madres, la YMCA, Federación de Trabajadores
de México y de diversos artistas y particulares
mexicanos.

Durante la visita de Lindbergh a Xochimilco en 1927,
ya era posible para los asistentes tomarse una fotografía
a los mandos del Spirit of St. Louis.
"Este vuelo no será el único que
yo realice, pues tengo pensado regresar al país
dentro de pocos años..." Lindbergh pronunció
estas palabras el 20 de diciembre de 1927 en el Casino
del Colegio Militar, agradeciendo uno más de
los homenajes que recibió en nuestro país.
Y cumplió…
Entre octubre y noviembre de 1928, emplea como pretexto
una invitación para hacer un viaje de cacería
y visita México volando un biplano Curtiss
Falcon, matrícula NC 7455, al que se conocía
como el "Lindbergh Special". El recorrido
inició en el estado de Chihuahua y culminó
en Cuernavaca, donde visitó a Anne, aterrizando
en la Loma del Carril. Los Morrow se habían
enamorado de la "Ciudad de la Eterna Primavera"
tan pronto la visitaron en 1927, ahí decidieron
construir una finca para pasar los fines de semana
a la que llamaron "Casa Mañana".
Ubicada sobre lo que era la calle de Arteaga, la casa
se llama así en honor a la forma como el maestro
de obras Pancho Rebollo y otros artesanos, contestaban
a las preguntas del embajador sobre cuándo
terminarían algo, diciendo ¡mañana!
En 1935, la primera y segunda calles de Arteaga recibieron
el nombre de "Morrow", un merecido homenaje
a una familia que no sólo hizo mucho por dar
prestigio internacional a Cuernavaca, sino que contribuyeron
a la conservación y engrandecimiento de sus
tesoros culturales, baste como ejemplo el hecho de
que los murales de Diego Rivera en el Palacio de Cortés,
fueron un regalo de Dwight W. Morrow o las aportaciones
económicas que hicieron para arreglar los techos
del mismo Palacio. Actualmente la "Casa Mañana"
sigue en pie sobre la calle Morrow, sólo que
ahora como restaurante de comida típica mexicana
llamado "La India Bonita", que funciona
desde 1933.

Teatro “Coronel Lindbergh” en el Parque
San Martín (Parque México, en la Colonia
Condesa) de la ciudad de México, en 1927.
En febrero de 1929 realiza en favor de Pan American
el primer servicio de correo aéreo en la ruta
Miami-Cristóbal, en la Zona del Canal de Panamá
(FAM-5 Foreign Air Mail o contratos de correo aéreo
extranjero), volando con John Hambleton un hidroavión
Sikorsky S-38, matrícula NC 8000; recorrido
que incluyó escalas en la costa del Caribe
de la Península de Yucatán. Días
más tarde, el 24 del mismo mes de febrero,
regresó a México pilotando un Travel
Air 6000B, número de serie 962, matrícula
NR 8139. Esta aeronave, posteriormente configurada
como avión tanque, recibiría el nombre
de "Miss Wichita" y "Romancer"
en honor al cortejo de Charles y Anne. El 27 de febrero
despegó de Balbuena en el Travel Air llevando
consigo a su novia, entonces ocurrió algo inesperado:
Tras el despegue aterrizaron en una pradera donde
hicieron un día de campo. Al volver a despegar,
Charles vio que una de las ruedas se había
salido de su eje y corría en tierra detrás
del avión. Se dio cuenta que tendrían
un difícil aterrizaje, debido a que el avión
tenía un ancho tendido de las ruedas, el eje
cavaría en el terreno y probablemente causaría
que el avión capotease. Una complicación
adicional era que se trataba de una aeronave prestada
y no tenía cinturones de seguridad, por lo
que los ocupantes podrían ser lanzados contra
el techo de la cabina en el capoteo. Lindbergh decidió
primero volar por unas horas, para reducir la carga
de gasolina y minimizar el peligro de una explosión
del tanque o el consecuente fuego tras el impacto,
también cubrió a Anne con los cojines
de los asientos y le dijo que se agarrase de la base
del asiento. Planeó controlar la aeronave con
una mano y con la otra asirse de un tubo de la estructura
del fuselaje. Aterrizó en una rueda con el
eje sin llanta alto, pero al perder velocidad, el
ala cayó y la cepa del eje se enterró
en el terreno, volteando de cabeza al avión.
Presenciaron el incidente, entre otros, Alfredo Lezama,
Alberto Viéytez y Juan Pablo Aldasoro. Gran
parte del material fotográfico que se tomó
del hecho fue requisado por los militares que no deseaban
se hiciera del conocimiento del público. Anne
no sufrió heridas pero Charles se lastimó
nuevamente el hombro derecho que se había dislocado
en mayo de 1925, tras haberse lanzado en paracaídas
al escapar de una aeronave que evaluaba y que no logró
sacar de una barrena intencional en San Luis, Missouri.
Al día siguiente del percance Lindbergh voló
un biplano Fleet.
Por instrucciones de Clyde Cessna, Earl Rowland voló
en marzo de 1929 el Cessna CW-6, registro 6446 en
un vuelo de demostración para explorar el mercado
de exportación a México. Por medio del
entonces coronel Roberto Fierro, la aeronave fue entregada
al gobierno mexicano y puesta a disposición
de los militares en lo que se trató de una
virtual confiscación. Estando Lindbergh en
la ciudad de México aceptó evaluar el
uso potencial de esta aeronave como bombardero, lo
cual hizo con el coronel Alfredo Lezama. De acuerdo
con la fuente, tal fue el éxito de la aeronave
entre los aviadores militares que hasta el general
Calles se hizo de la misma, pagándose finalmente
su valor a Cessna. Cabe mencionar como dato adicional
que este avión fue el "Magdita",
con el que Fierro participó en la carrera México-Kansas
en septiembre de 1929. En su "Autobiografía
de Valores", Lindbergh hace comentarios sobre
la forma en que las fuerzas aéreas mexicanas
operaban en tiempos de su visita en la primavera de
1929. "Quien controle el aire controla México",
le dijo un oficial y sobre los métodos operacionales
que sorprendieron al meticuloso Lindbergh, otro oficial,
un coronel cuyo nombre no indica le dijo riéndose:
"Usted no entiende el combate en México".
"Los rebeldes no tienen aviones, nosotros tenemos
todos los nuestros en la ciudad de México,
para asegurarnos de que los pilotos sean leales al
gobierno. Estas son nuestras modernas armas —dijo
apuntando hacia la línea de viejas aeronaves
—mientras las tengamos, tendremos México".

Agasajo a Lindbergh en la plaza de toros, aquí
lo vemos en compañía de Rodolfo Gaona.
El 12 de febrero de 1929, Dwight Morrow convocó
a la prensa en la embajada de EU en México:
"El embajador y la señora Morrow han anunciado
el compromiso de su hija, Anne Spencer Morrow con
el coronel Charles A. Lindbergh" —decía
el comunicado. De hecho se especuló sobre la
posibilidad de que la boda se pudiera realizar en
la ciudad de México, pero no fue así,
ya que se llevó a cabo en la casa de la familia
Morrow, en Next Day Hill, Englewood, Nueva Jersey,
el 27 de mayo de ese año. Las visitas a México
en 1929 tendrían un punto culminante el 9 de
marzo, cuando Lindbergh se encarga de realizar el
vuelo inaugural de la Cía. Mexicana de Aviación
en la Ruta Aérea Contratada R.A.C.1 México-Tampico-Matamoros,
operando entonces desde Brownsville, pilotando el
Ford Trimotor 5-AT-B-12, "México".
El copiloto de este vuelo que duró cuatro horas
y cincuenta y cinco minutos fue Roscoe V. Kent, el
mecánico fue William Barcik y llevaban como
pasajeros a los señores: Ing. Juan Guillermo
Villasana, jefe del Departamento de Aeronáutica;
Enrique Castillo, jefe del Departamento de Transportes
de la Dirección General de Correos; Jesús
Chávez y Manuel Bravo de Correos; Jacobo Dalevuelta
y Fernando Ramírez de Aguilar, de "El
Universal"; Xavier Sorondo, Agustín Rodríguez,
Rodolfo Elías Calles, la Sra. Rihl, esposa
del presidente de Mexicana y la Sra. Broatch. En el
vuelo de regreso a la capital, al día siguiente,
el cual es la inauguración efectiva de la F.A.M.8
(Foreign Air Mail), volaron con Lindbergh en el "México"
básicamente las mismas personalidades que el
día anterior, destacando que Rodolfo Elías
Calles había descendido de la aeronave en Tampico,
en el vuelo de ida y que en el vuelo de regreso Brownsville-Tampico-México,
se les agregaron Juan y Betty Trippe, así como
George Rihl. El "México" tenía
entonces la matrícula M-SCAN pero conservaba
aún en su cola el registro temporal norteamericano
9661; posteriormente ostentaría la matrícula
X-ABCB. Había sido entregado a Pan American
en enero de 1929 y asignado por ésta a su subsidiaria
mexicana, siendo bautizado el 5 de marzo por el entonces
secretario de Comunicaciones y Obras Públicas,
Ing. Javier Sánchez Mejorada. Matriculado XA-BCO
se estrelló en Amecameca, Estado de México,
en 1936.
El 29 de septiembre, también de 1929, Charles
y Anne iniciaron en Miami, en compañía
de los Trippe, un recorrido por América del
Sur y el Caribe, a bordo del hidroavión Sikorsky
S-38, matrícula NC-9137. El propósito
inicial del viaje fue llevar a cabo el primer vuelo
de transporte de correo a Paramaribo, Surinam, desde
Puerto Rico. —FAM-6— En los primeros días
de octubre llegaron a Cozumel procedentes de Belice,
acuatizaron en una laguna, ya que el aeropuerto estaba
aún en construcción. Los Trippe continuaron
rumbo a Cuba, pero los Lindbergh se quedaron en México
para tratar de localizar ruinas mayas desde el aire,
con el doctor Ricketson del Instituto Carnegie y el
arqueólogo Alfred Kidder. Con base en Belice
exploraron Guatemala, Campeche, Yucatán y Quintana
Roo. Entre las ciudades mayas que sobrevolaron se
incluyen: Tikal, Uaxactún, Río Bec,
Chichén Itzá y Tulum. Algunas crónicas
acreditan a Lindbergh el descubrimiento en 1929 de
una ciudad maya perdida en la Península de
Yucatán; la realidad es que durante un vuelo
sobre la región, que no debe ser otro que el
de febrero hacia Cristóbal, Lindbergh había
reportado haber visto lo que parecían ser restos
de una ciudad maya. Por ese motivo y con el apoyo
del Instituto Carnegie y Pan American, aprovechó
el viaje a Paramaribo para regresar a Yucatán
a explorar y fotografiar las ruinas. Al final de cuentas
lo más probable es que Lindbergh no descubrió
ninguna ciudad maya. Por su parte el embajador Morrow
dejó su puesto y regresó a su país
en septiembre de 1930 con muy buenos planes políticos
y electorales. Lamentablemente la muerte le sobrevino
el 5 de octubre de 1931.
Parece ser que Lindbergh no regresó a México
sino hasta los años sesenta. En el ínterin
hay evidencias de un encuentro de Charles y Anne con
una Frida Kahlo (vestida de tehuana), en 1939 en París.
La conservación del medio ambiente natural
y su gusto por las actividades acuáticas, fueron
los orígenes de las tres últimas visitas
documentadas que Lindbergh realizó a México:
Una en 1968, de la que dos pilotos de la entonces
Aeronaves de México cuentan que se encontraban
de pesca cerca de La Paz, Baja California Sur, cuando
vieron un hidroavión sobrevolando la zona.
Para su sorpresa la aeronave amarizó cerca
de ellos; se trataba de un Grumman Goose G-21, matrícula
N3222. Lindbergh viajaba en el avión haciendo
otro más de sus viajes para ayudar a proteger
a la ballena gris. Otra hacia 1967, en un viaje organizado
por su hijo Jon, acompañado de otros miembros
de la familia, incluyendo a su esposa y a Land, su
tercer hijo. Para espanto del grupo, Lindbergh se
metió a nadar entre las ballenas. Y finalmente
en 1972, cuando fue entrevistado en un hotel de la
ciudad de México, adonde acudió nuevamente
como parte de sus esfuerzos en defensa de la ballena
gris.
De las visitas de Charles Lindbergh a México
nos han quedado muchos recuerdos, por ejemplo: El
"Teatro Coronel Lindbergh", bautizado en
su honor en enero de 1928 está ubicado en el
parque San Martín, de la colonia Hipódromo
Condesa. Lindbergh es uno de los personajes del mural
realizado por Juan O´Gorman entre 1937 y 1938,
titulado: "La Conquista del Aire por el Hombre",
y que actualmente adorna la entrada a la sala nacional
"B" del aeropuerto internacional de la ciudad
de México, en cuya galería hay además
un busto del aviador, obra del escultor Ernesto E.
Tamariz, develado en 1962, como regalo del pueblo
de los Estados Unidos al pueblo de México,
en conmemoración al vuelo de buena voluntad
Washington-México en el "Espíritu
de San Luis", en 1927. Su libro "The Spirit
of St. Louis", por el cual ganó el premio
Pulitzer de literatura en la categoría de autobiografía
en 1954, fue traducido al español y publicado
en México con el título "El Aguila
Solitaria", por Editorial Cumbre. Sobre la calle
de Londres en la colonia Juárez de la ciudad
de México se encuentra la escuela de turismo
"Lindbergh". Finalmente, se le impuso su
nombre a una calle de la capital mexicana, en la colonia
Aviación Civil.
Charles Augustus Lindbergh murió de cáncer
el 26 de agosto de 1974, a los 72 años de edad,
en Maui, Hawaii. Anne, ahora con 93 años de
edad, vive con su hija menor Reeve.
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