PODER AEREO MEXICANO...
Con un pie en la modernidad y otro en la obsolescencia
Por Héctor Dávila Cornejo
Fotografía Estrategia Aeronáutica
Publicado: Julio - Agosto 2001
Fuente: América Vuela - Número 71




El avión táctico más numeroso de México es el Pilatus PC-7 Turbo Trainer, que equipa cuatro escuadrones de la FAM, además del Escuadrón Mixto de Aplicación Aero Táctica de la Fuerza Aérea y la Escuela Militar de Aviación. En la foto, tras los Pilatus, se aprecian los cazas Northrop F-5E/F Tiger II y las colas de dos Lockheed C-130A Hercules.


Poder o poderío es la capacidad de un gobierno o país, para actuar políticamente en el logro de los objetivos nacionales, manifestándose como la habilidad, capacidad o fuerza para imponerse en lo político, ejerciendo dominio o influencia sobre otros, y está determinado por el efecto material y moral que se obtiene de todas las fuerzas políticas, militares y morales disponibles. De aquí podemos determinar que el potencial aéreo es la capacidad total aeronáutica de una nación, tanto en lo civil como en lo militar, mismo del que emana como resultante el poder aéreo, el cual es la suficiencia nacional para conseguir, a través de la aviación, un determinado propósito militar, sea en tiempo de paz o de guerra.



Increíblemente, la FAM conserva once antiguos biplanos Boeing PT-17 Stearman en condiciones de vuelo en la Escuela Militar de Aviación. Aunque dichos aeroplanos no se utilizan formalmente para el entrenamiento de pilotos, esto no anula el hecho de que los procesos de adiestramiento y equipo para tal fin en la FAM, requieren de revisión y modernización.


El potencial aéreo, con su infraestructura aeroportuaria, ayudas a la navegación, centros de capacitación, talleres de mantenimiento, industria aeronáutica, flota aérea y personal especializado, implica los cimientos desde los que se proyecta el poder aéreo en caso de emergencias que amenacen la seguridad nacional.

México, como es sabido, no enfrenta en la actualidad amenaza alguna de potencias extranjeras, pero presenta problemas internos, que incluyen la presencia latente de movimientos armados como el del famoso Ejército Zapatista de Liberación Nacional, así como el terrible flagelo del narcotráfico, que se considera oficialmente amenaza a la seguridad nacional, además de que su extensa geografía es azotada, con incómoda frecuencia, por toda clase de desastres naturales, desde inundaciones descomunales hasta dantescos incendios forestales.



Las fuerzas militares y paramilitares mexicanas, dada la extensión del país, confían en buen número de aviones de tipo ejecutivo, siendo uno de los más comunes la familia de turbohélices Rockwell Turbo Commander, como el ejemplar ilustrado, al servicio de la Armada de México.

Así pues, la sociedad deposita el noble deber de su defensa en manos de instituciones como la Secretaría de la Defensa Nacional (SDN), la Secretaría de Marina (SM), la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) y, fuertemente comprometida con la guerra al tráfico de drogas y muy frecuentemente con el auxilio a la población civil en casos de desastre, la Procuraduría General de la República (PGR).

La FAM todavía cuenta con nueve bimotores a pistón Rockwell Shrike Commander 500S, que tienen 27 años de servicio a cuestas. Anteriormente equipaban dos escuadrones, pero ahora los ejemplares sobrevivientes forman la dotación del Escuadrón Aéreo 502.


Todas estas instituciones operan aeronaves en apoyo a sus actividades y, mientras se percibe y debate la necesidad de crear una agencia gubernamental que coordine mejor los esfuerzos intersecretariales para erradicar el tráfico de sustancias ilegales y el crimen organizado, también se percibe la carencia de una política de Estado en materia de aviación, que logre hacer realmente eficaz al poder aéreo mexicano, el cual se debate entre la modernidad y la obsolescencia, estrangulado por fuertes deficiencias operativas, de equipo, capacitación y mantenimiento, que lo encarecen y limitan seriamente.



Los Bell UH-1H que obsequió a México el gobierno norteamericano, ya con pintura nueva y marcas de la FAM parecían prometedores, pero resultaron ser simplemente chatarra y dejaron un hueco bastante grande qué llenar tras su inmediato y escandaloso retiro.


Actualmente las flotas aéreas de la SDN, la Armada de México, la Policía Federal Preventiva de la SSP y la PGR, sin contar los equipos aéreos de gobiernos y policías estatales y municipales, abarcan una pintoresca y heterogénea agrupación de no menos de 461 aviones y 294 helicópteros, es decir, 755 aeronaves de todo tipo y tamaño, originarias de 13 diferentes países: Canadá, Estados Unidos, Brasil, España, Alemania, Francia, Italia, Finlandia, Rusia, Ucrania, Suiza, Israel y Polonia.

Este polimorfo parque aéreo significa un esfuerzo logístico descomunal, con tantos proveedores diferentes y necesidades tan amplias de capacitación y mantenimiento, que no es de sorprender que más de la mitad de las aeronaves estén fuera de servicio y en algunos casos no se cuente con tripulaciones suficientes. Imaginemos el ahorro, en tiempo y dinero, más la ganancia en eficacia que se obtendría, si el gobierno federal se organizara para unificar criterios y establecer centros conjuntos de mantenimiento de aeronaves y entrenamiento de tripulaciones de vuelo y tierra, para las dependencias oficiales que operan aeronaves. No hablamos de llegar al extremo de crear un Ministerio de Aeronáutica (que no es mala idea), pero sí de que hubiera una más estrecha y congruente colaboración intersecretarial en este tema, ya que los ahorros redundarían en el mejor aprovechamiento de los recursos, lo que embona perfectamente con la política de austeridad y recortes presupuestarios del presidente Vicente Fox.



El clásico entrenador a reacción de primera generación Lockheed T-33 cumplió 40 años de servicio con la FAM y sus aparatos, concentrados con el Escuadrón 402 en Ixtepec, Oaxaca, requieren de inmediato reemplazo. En la foto uno de estos venerables biplazas, un T-33A-1-LO del lote original, vuela en formación con un caza Northrop F-5E Tiger II, mismo que pronto cumplirá 20 años de servicio con el Escuadrón 401. En estos viejos aviones descansa la defensa del espacio aéreo mexicano.


La responsabilidad medular de ejercer el poder aéreo en este país debería descansar en los hombros de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), pero ésta no es un Arma independiente como sería deseable y está subordinada a la SDN, actuando esencialmente como Aviación del Ejército, situación que limita gravemente sus capacidades tácticas y estratégicas, con muy poco presupuesto y nula planeación a largo plazo, lo que se traduce en serias deficiencias. La FAM es exageradamente pequeña para el tamaño de las fuerzas armadas mexicanas: sus efectivos no representan siquiera el 8% del total de elementos del Ejército y enfrenta carencias de equipo muy notorias, estando su material de vuelo agrupado en escuadrones y grupos aéreos bajo un Ala de Combate y un Ala de Transporte y Reconocimiento. Aunque aún no se reciben, los nuevos Embraer 145 de alerta temprana significan un brillo esperanzador para la creación de una red de intercepción aérea útil para erradicar el uso de aeronaves por parte de los narcotraficantes, pero en cambio no se cuenta con interceptores prácticos, ya que los otrora sorprendentes cazas supersónicos Northrop F-5E Tiger II son ya tan desfasados como pocos, sólo quedan 10, que requieren de mucho mantenimiento, además de disponer de muy poco alcance, claro que su vida útil podría alargarse unos 15 años o más, mediante la inversión de entre 80 y 120 millones de dólares en una extensiva modernización y reparación, pero esta posibilidad tan comentada no excluye la necesidad de adquirir aviones no sólo más nuevos, sino más seguros, fáciles de mantener y más económicos de operar, ya que los totalmente obsoletos Lockheed T-33 cumplieron este año 40 de servicio con la FAM y es evidente que los ocho o diez que quedan operativos, no sirven para otra cosa más que para poner en peligro la vida de sus pilotos, mientras que el medio centenar de Pilatus PC-7 con que se cuenta para misiones tácticas, si bien son buenos entrenadores y poseen una modesta pero aceptable capacidad contrainsurgencia, no son aptos, por su reducida velocidad y escasa aviónica, para la intercepción todo tiempo de los cada vez más veloces aviones de los narcotraficantes.


La Policía Federal Preventiva de la Secretaría de Seguridad Pública, se ha revelado como un importante operador de aeronaves, contando desde helicópteros ligeros como el Eurocopter EC-120 y el Bell 206L hasta los enormes Mi-17 rusos y el Aérospatiale (Eurocopter) AS 330J Puma, aquí presentado.


La capacidad de transporte de la FAM es también muy reducida y en general vieja, soportándose en unos 35 aviones en continuo estado operacional, básicamente modelos fuera de producción como el IAI Arava, el Lockheed C-130A Hercules, Fairchild C-26, Rockwell Shrike Commander 500S y Turbo Commander, entre todos destacan --de reciente adquisición-- los Antonov An-32B.

La flota de helicópteros es la que más vuela dentro de la FAM, dada la versatilidad de este tipo de máquinas, pero tras el fiasco de los 73 helicópteros chatarra Bell UH-1 que el gobierno estadounidense regaló hace un par de años y que hubo de regresar por su total inutilidad, la falta de recursos obligó a suplir dichas máquinas con igual número de aviones ligeros Cessna 182S, al menos nuevos pero sin la flexibilidad operativa del ingenio de alas rotativas, los que se han sumado a la abundante cantidad de aviones ligeros Pilatus PC-6, Maule, Cessna 206 y 210 que la FAM utiliza en arriesgados vuelos de liga y reconocimiento en busca de plantíos de enervantes, por toda la República, sufriendo no pocos accidentes, por lo que resulta muy importante subrayar el aspecto de la capacitación, ya que aunque la FAM emplea 30 nuevos entrenadores Aermacchi SF-260EU en el Colegio del Aire, el proceso de preparación de los pilotos se antoja obsoleto y caro, ya que hay constante demanda de pilotos de helicóptero pero la FAM entrena desde cero sólo pilotos de ala fija, así que se requieren tres o cuatro años antes de que un piloto comience su preparación como helicopterista, sin mencionar que la FAM carece de helicópteros de entrenamiento primario, teniendo que usar máquinas de unidades operativas más caras y a veces necesarias en otro tipo de misiones, como los Bell 206B Jet Ranger y MD 530F.



Entre las pocas donaciones del gobierno estadounidense a la FAM, que han servido de algo, están los cuatro Fairchild C-26, del Escuadrón Aéreo 501, aunque por un buen tiempo carecieron de tripulaciones. Estos son versiones militares del Fairchild Metro y están pintados de blanco, por estar dedicados a operaciones especiales.



La Policía Federal Preventiva confiere el transporte táctico a un par de biturbohélices CASA CN.235, los primeros de su tipo en México, con las matrículas XC-PFH (PF-212) y XC-PFW (PF-203), aunque las compras de parte del equipo aéreo en esta dependencia han sido señaladas como sospechosas de corrupción.


En este sentido la Secretaría de Marina parece tener más clara mentalidad aérea, pues se ha preocupado por contar con una formación inicial para helicopteristas en su Escuela de Aviación Naval, recientemente ubicada en Baja California Sur, con equipo apropiado, como los económicos Robinson R 22 a pistón y comparte su capacidad instalada, que incluye entrenamiento en polimotores, con otras instituciones como la Policía Federal Preventiva. Aunque en la Armada de México las aeronaves dependen de la Dirección de Armamentos Navales, se ha procurado equipo de nueva tecnología tanto en alas giratorias como fijas, además de que se han impulsado las capacidades del Centro de Mantenimiento Aeronaval y se han dado importantes pasos de carácter industrial, factor muy importante del potencial aéreo nacional, al construir aviones propios, como el proyecto Lancair que contempla aviones de entrenamiento y patrulla (ver América Vuela # 65). Este aspecto es muy interesante, por ejemplo, Suiza desarrolló un avión entrenador muy sencillo, el Pilatus PC-7, requiriendo localmente sólo 30 aparatos pero vendiendo más de 450 al exterior; si la FAM compró 85 de estos aviones, más 73 Cessna aún más simples, 30 Aermacchi, otro tanto de Maule, más los aviones de tipo similar para la Armada (Redigo, Maule, Lancair), la PGR (Cessna 206 y 210) y los de muchas otras dependencias federales, ¿no sería benéfico fabricar en México, bajo licencia, aviones de tipo sencillo para satisfacer las necesidades del gobierno? ¿Cuántos recursos se ahorrarían, qué eficiencia se alcanzaría y cuántas fuentes de trabajo se generarían? He ahí la importancia de tener una política aérea no sólo orientada a la regulación de la aviación privada y comercial, sino enfocada al verdadero desarrollo del potencial aéreo del país.


La aviación militar mexicana adolece de transportes tácticos, como los CASA 212-200 de la Armada, que ya tienen bastantes años encima, pues se adquirieron en 1986, mismos que han sido complementados desde 1997 con cinco aparatos ucranianos Antonov An-32B .


Concentrar los recursos para la capacitación de personal técnico aeronáutico y establecer criterios de adquisición y operación, traería grandes beneficios, optimizándose experiencia como la acumulada por la Dirección de Servicios Aéreos de la PGR, que mantiene una flota de helicópteros unificada, con buena normatividad, lo que contribuye también a evitar los problemas de corrupción asociados comúnmente con la compra de aeronaves para las dependencias de gobierno, como el caso suscitado dentro de la Policía Federal Preventiva, donde se acusa a funcionarios de la pasada administración de malos manejos, por la compra de un Gulfstream II y un Sabreliner a precios exhorbitantes y sin cumplir con la normatividad.

Lo anterior no significa que un solo proveedor o un solo tipo de aeronave se emplee para todas las necesidades del gobierno, es importante dejar en claro que se logra mayor impacto del poder aéreo con el equipo de vuelo especializado y cada tipo de aeronave tiene sus bondades particulares; el punto reside en la optimización de los recursos y la ejecución efectiva de las misiones, por ejemplo: la lucha contra los abundantes incendios forestales que cada año atacan al país, involucra los esfuerzos aéreos de todas las dependencias mencionadas, además de gobiernos estatales y compañías privadas, con una diversa flota de aeronaves e igual diversidad en los niveles de capacitación de las tripulaciones y criterios de operación, por lo que combatir este problema ha resultado muy costoso y complicado. Sería mucho mejor contar con una unidad especializada, equipada con aviones modernos diseñados para tal propósito y operada, digamos, por la FAM, lo que ahorraría muchos recursos y sobre todo, daría mejores resultados.

Finalmente, hay que reconocer el valor y profesionalismo de los pilotos y mecánicos militares, navales y policiacos de México, que pese a las carencias y en condiciones generalmente adversas, nunca han dado un paso atrás al encarar el grave peligro que exigen sus misiones, defendiendo la soberanía, combatiendo a la delincuencia y aliviando a la población afectada por desgracias naturales, con la actitud gallarda y discreta de los verdaderos héroes. Ellos son el recurso más valioso del poder aéreo nacional.