PULQUI
I El primer jet latinoamericano
y otros proyectos... Por
Juan Carlos Cicalesi y Santiago Rivas
Publicado: Noviembre - Diciembre 2003
Fuente: América Vuela - Número 90
En
1947, mientras las grandes potencias exploraban los
resultados obtenidos por los aviones a reacción
durante la Segunda Guerra Mundial, Argentina hizo
volar el primer jet del hemisferio sur, el FMA I.Ae.-27
Pulqui I. Para tener un parámetro de lo que
esto significaba, el único y segundo país
de América Latina que produjo jets de diseño
propio fue Brasil, con el AMX, en conjunto con Aeritalia,
hasta a fines de los '80. El Pulqui sólo fue
el preludio de la época más brillante
de la industria aeronáutica de Argentina, que
tristemente desapareció bajo la presión
externa y los problemas políticos y económicos
del país.
Técnicos
para Argentina
Después de la Segunda Guerra Mundial, las grandes
potencias vencedoras se lanzaron a la construcción
y desarrollo de aviones a reacción, aquel invento
alemán que revolucionó la guerra aérea
sobre los cielos de Europa desde 1944. Argentina por
entonces era un país poderoso, que se había
mantenido neutral y había abastecido de comida
a Inglaterra durante gran parte de la guerra, por
lo cual era acreedora de gran cantidad de dinero.
A esta situación se agregó el triunfo
del general Juan Domingo Perón en las elecciones
presidenciales de 1945, mismo que empezó a
gobernar un año después e inmediatamente
impulsó el desarrollo tecnológico e
industrial de la Argentina. Para llevar a cabo ese
desarrollo, decidió contratar a muchos técnicos
e ingenieros de los países del Eje, que habían
desarrollado algunas de las más importantes
armas. De esta manera, a poco de finalizada la guerra,
los servicios secretos argentinos comenzaron a contactar
con varios de ellos ofreciéndoles la posibilidad
de trabajar en un país que no había
participado en la guerra, donde no había ningún
resentimiento hacia ellos. En 1944 contactaron a Emile
Dewoitine, que si bien era francés, había
colaborado con los alemanes luego de la ocupación
de Francia.
Argentina conocía los trabajos de Dewoitine,
ya que la Fábrica Militar de Aviones (FMA),
fundada en 1927, había producido bajo licencia
35 cazas parasol D-21, incluyendo los motores Lorraine
Dietrich LD-XII. En esos tiempos Dewoitine se había
hecho amigo del ingeniero argentino Ambrosio Taravella,
quien trabajaba en la FMA y en 1944, ante la condena
a muerte que dictara De Gaulle a quienes hubieran
trabajado para los alemanes, contactó con su
amigo y viajó a la Argentina. En ese año
también llegaron varios técnicos italianos
y polacos, pero en 1947 empezó la llegada de
alemanes, con más experiencia y conocimientos
y trayendo consigo muchos proyectos desarrollados
durante la guerra. El primero de ellos fue Kurt Tank,
ex director de Focke Wulf y padre del famoso Fw190,
seguido por el Dr. Thalau, ex director de Fieseler;
el piloto Berhens, ex director del Centro de Ensayos
de la Luftwaffe; Reimar Horten, famoso por sus diseños
de alas volantes, Werner Baumbach, ex jefe de bombarderos
de la Luftwaffe, los hermanos Henrici, diseñadores
de la bomba voladora Henschel Hs293, y los pilotos
Adolf Galland, "as" de la aviación
de caza y Hans Ulrich Rudel, piloto de Stuka, que
iban a viajar junto con Erich Hartmann (máximo
"as" de la historia, con 352 victorias)
pero éste fue capturado por los soviéticos
poco antes.
Estos técnicos llegaron acompañados
por muchos otros y a ellos debe sumarse la participación
de ingenieros argentinos como Ambrosio Taravella,
Norberto Morchio y Humberto Ricciardi y pilotos como
Edmundo Weiss.
El
Instituto Aerotécnico
y la Fábrica Militar de Aviones
El 10 de noviembre de 1926, por iniciativa del mayor
Francisco de Arteaga y durante la presidencia de Marcelo
T. de Alvear, fue puesta la primera piedra de la Fábrica
Militar de Aviones (FMA), a cinco kilómetros
de la ciudad de Córdoba, en el centro de Argentina.
Un año después, el 10 de octubre de
1927, fue inaugurada la primera fábrica de
aviones sudamericana y el 1 de octubre de 1928, el
primer avión construido en sus instalaciones,
un Avro 504 Gosport, efectuó su primer vuelo.
Durante los siguientes años se construyeron
muchos aparatos bajo licencia y el 28 de octubre de
1931, hizo su vuelo inicial el primer modelo de diseño
propio, el Ae.C.1 de turismo. Las series de aviones
construidas en la FMA incluyeron aparatos como el
Bristol F.2B, Breguet XIX, Focke Wulf Fw 44J Stieglitz,
Curtiss Hawk 75-O y el único bombardero latinoamericano,
el Ae.M.B.2 Bombi.
Construcción del I.Ae.27 Pulqui.
Durante la Segunda Guerra Mundial, ante la imposibilidad
de conseguir aviones en el exterior, la FMA encaró
la producción de un entrenador basado en el
NA-16 (antecesor del famoso AT-6), llamado IA-22 DL
y un avión de ataque basado en el deHavilland
Mosquito, llamado IA-24 Calquin. Estos aparatos estaban
en producción cuando terminó la Segunda
Guerra Mundial.
Pase del Pulqui I, pintado en color plata.
Edmundo Osvaldo Weiss posa con el I.Ae.27 Pulqui.
En 1943 había sido creado el Instituto Aerotécnico
(I.Ae.), que se encargaba de los diseños y
proyectos y en 1947 fue construido el Hangar 90, de
12,000 metros cuadrados de superficie.
Durante la época que nos toca, entre 1945 y
1960, la FMA y todas las empresas que formaban parte
del IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas
del Estado, creada en 1952 en sustitución del
I.Ae., donde además ya se producían
automóviles, motos y tractores) configuraban
la industria más grande de Argentina, con más
de 9,000 empleados. En 1957, la FMA pasó a
denominarse DINFIA (Dirección Nacional de Fabricaciones
e Investigaciones Aeronáuticas), en reemplazo
del IAME.
PRIMER
JET LATINOAMERICANO
En septiembre de 1944, Emile Dewoitine entregó
al agregado militar argentino en Madrid, información
sobre un proyecto para fabricar un caza a pistón
con motor Rolls-Royce Merlin, llamado D-600 y explicó
su intención de producirlo en Argentina, dada
la situación que se vivía en Europa
con la inminente caída de la Alemania nazi.
El proyecto fue rechazado, pero ante la posibilidad
de conseguir turbinas Rolls Royce Derwent V, la FMA
le pidió que proyectara un caza interceptor
a reacción, del cual se fabricarían
100 unidades. Dewoitine comenzó a proyectar
el modelo D-700 inmediatamente, trabajando sobre la
base de su famoso caza a pistón D-520. El 28
de mayo de 1946 arribó a la ciudad de Buenos
Aires, el 26 de junio firmó un contrato con
el I.Ae. e inmediatamente se inició el proyecto
definitivo con base en el anteproyecto del D-700.
Además de Dewoitine, el equipo estaba formado
por los ingenieros Enrique Cardeillac, Norberto Morchio,
Humberto Ricciardi y otras 47 personas entre las mejores
del I.Ae.
Tres vistas del I.Ae.27 Pulqui
Los
trabajos comenzaron tomando como base un dibujo a
escala 1:10 que Dewoitine había hecho a lápiz.
Los ingenieros Morchio y Ricciardi fueron los encargados
de llevar a cabo los cálculos, apoyados por
Dewoitine y en septiembre de ese año se inició
la construcción de los primeros componentes.
Como había pocas materias primas, debieron
usarse restos de la fabricación de los Curtiss
Hawk 75-O y el diseño debió adaptarse
a los materiales de que se disponía. Además
se construyó una maqueta de madera a escala
real para las pruebas en el túnel de viento.
A pesar de los inconvenientes y por trabajar en un
avión a reacción por primera vez, un
año después de iniciado el proyecto
el prototipo del ahora llamado FMA I.Ae. 27 Pulqui
(“flecha”, en lengua indígena)
estuvo listo para los ensayos en tierra. A fines de
julio el avión salió del Hangar Sur
para las pruebas previas al primer vuelo. Cuando se
intentó la puesta en marcha, los técnicos
ingleses que habían viajado para poner a punto
el motor se encontraron que, con un escape tan largo
como el del Pulqui, era imposible que trabajara por
la contrapresión que producía. Por ese
motivo se construyó un escape circular en la
parte inferior del fuselaje, que era abierto por un
operario en tierra y cerrado luego de la puesta en
marcha.
Una vez solucionado este problema, surgió otro
con el tren de aterrizaje: Para evitar el uso de tijeras
de torsión en las piernas principales del tren,
el desplazamiento de la amortiguación se realizaba
con tubos unidos a un sistema de estirado con ranuras
acopladas. Este sistema tuvo problemas durante las
pruebas de carreteo ya que al realizarse en una pista
de tierra, el polvo se metía en las ranuras,
se mezclaba con el aceite y formaba una pasta que
impedía el movimiento de los amortiguadores.
La solución fue una cubierta de cuero para
el sistema.
PRIMER
VUELO
Después de solucionados estos problemas, todo
quedó listo para el primer vuelo, que se realizaría
en la Escuela de Paracaidistas, pues su pista era
más larga que la de la FMA. El vicecomodoro
Paradelo Malcolm fue designado jefe de la operación
y dirigió el traslado del avión en un
camión desde la FMA hasta la escuela, situada
cerca de la fábrica.
Más de mil personas aguardaban el primer vuelo
del jet latinoamericano, incluyendo al brigadier general
Bartolomé de la Colina, máxima autoridad
de la Fuerza Aérea Argentina, y el comodoro
Juan Ignacio San Martín, director de la FMA.
Minutos antes del vuelo, los mecánicos advirtieron
que el amortiguador del tren de nariz perdía
presión, ante lo cual fue necesario atrasar
unos minutos la operación y arreglarlo frente
al público.
Las instrucciones para el primer vuelo preveían
un ascenso hasta una altura de 1,500 metros a una
velocidad inferior a 350 km/h y un ascenso inferior
a 10 m/s, sin subir el tren de aterrizaje. Luego,
efectuaría vuelos horizontales a menos de 350
km/h, con algunos virajes, sin superar los 30º
de inclinación y observando todos los indicadores
y el comportamiento del avión. Si todo funcionaba
correctamente se probarían los flaps a menos
de 220 km/h, se controlaría el comportamiento
del avión a baja velocidad (190 km/h) y luego
de 20 minutos el aparato debía aterrizar a
unos 220 km/h. El piloto designado fue el 1er. teniente
Edmundo Osvaldo Weiss.
Apenas despegó y ante la excelente respuesta
de los comandos, Weiss efectuó un ascenso en
"chandelle", con un viraje mayor a los 30º
estipulados, llegando a unos 45º de inclinación.
A pesar de esto, fue un éxito y no hubo ningún
imprevisto. Luego siguieron varios vuelos más,
antes de iniciarse las pruebas estáticas.
1.-El Pulqui II en el Aeroparque Jorge Newbery, de
Buenos Aires.
2.- Planeador del Pulqui II.
3.- El FMA I.Ae.27 Pulqui I.
Mientras, se decidió que el Pulqui participara
en una exposición que se realizaría
en la Avenida 9 de Julio, de Buenos Aires, entre el
7 y el 30 de septiembre, donde se mostraría
el material que equipaba a la Fuerza Aérea,
que incluía los Avro Lincoln, Gloster Meteor,
Douglas C-47, Fiat G-46, Bristol 170 y muchos otros.
Para realizar el traslado a Buenos Aires el avión
debió hacer una escala en el Aeroclub de Marcos
Juárez y luego aterrizó en el aeropuerto
Presidente Rivadavia, de Morón. Ahí
efectuó varias demostraciones de vuelo y fue
llevado por tierra, por casi 20 kilómetros,
hasta la Avenida 9 de Julio. En la exposición,
el Pulqui fue montado en un trípode, con el
tren arriba.
Para llevar el avión de vuelta, el traslado
comenzó en la madrugada para evitar el tránsito
de las calles de Buenos Aires. La caravana que llevaba
el avión estaba lidereada por un vehículo
con el personal, otro camión remolcaba al Pulqui
y un jeep, en el cual se encontraba el ingeniero Ricciardi,
jefe de la operación. En una intersección,
un taxi se cruzó entre el primer vehículo
y el camión, obligándolo a frenar. El
mecánico que iba a bordo del Pulqui no alcanzó
a aplicar los frenos del avión y chocó
con el camión, por el golpe el tren principal
se rompió, así como las puertas y parte
de la estructura del avión. En esta situación
el traslado debió continuar con la nariz del
avión montada en la parte trasera del camión,
llegando a Morón muchas horas después.
Ricciardi estimó en un mes el tiempo de reparación,
ya que en Morón había pocos materiales
para trabajar, pero gracias a la dedicación
del personal lo repararon en una semana. Luego de
varios vuelos de prueba a cargo de Weiss, el Pulqui
retornó a Córdoba.
Los ensayos en vuelo siguieron y se le realizaron
algunas modificaciones, como el recorte del extremo
de las alas y la eliminación del mecanismo
que vinculaba los alerones con los flaps en el aterrizaje.
El 8 de agosto de 1948 se realizó la presentación
oficial del avión en el Aeroparque Jorge Newbery,
de Buenos Aires, ante el presidente Perón,
junto con el caza bimotor IA-30 Ñancú.
El Pulqui voló con el Tte. Luis Valoni a los
mandos. Durante el período de pruebas no hubo
que lamentar accidentes de importancia, aunque sí
un aterrizaje de panza, con pocos daños.
Antes, en octubre de 1947, Dewoitine propuso al gobierno
argentino construir una fábrica cerca de Buenos
Aires llamada Dewoitine Aviones, donde construiría
el Pulqui, el bimotor de transporte D-710 y el D-720.
El Dewoitine D-720 fue desarrollado porque las prestaciones
del Pulqui no fueron las esperadas. La velocidad máxima
alcanzada fue de 720 kilómetros por hora frente
a los 850 solicitados y el alcance fue de 900 kilómetros
a la velocidad de crucero de 600 km/h. Además,
a gran velocidad el aparato se volvía inestable
y se produjeron fenómenos de flameo, donde
en un caso el avión aterrizó con toda
la pintura del ala desprendida.
El D-720 incorporaba tomas de aire a los costados
del fuselaje, ampliaba la capacidad de combustible
con dos tanques en el fuselaje (el Pulqui solamente
tenía tanques en las alas), además el
diseño era más moderno e incorporaba
toda la experiencia aprendida con el Pulqui. Finalmente
la fábrica de Dewoitine y el D-720 no fueron
construidos y el gobierno no renovó el contrato
con el diseñador francés. Debido a las
marcas alcanzadas y a que no era posible instalarle
armamento por la carencia de espacio y margen en el
peso, el Pulqui fue dejado de lado, aunque voló
algunas veces hasta 1960 y en 1963 fue cedido al Museo
Nacional de Aeronáutica, en Buenos Aires. Luego
de 36 años de permanecer a la intemperie, donde
quedó muy deteriorado, en 1996 comenzó
la restauración del avión y hoy se encuentra
en excelente estado en las instalaciones del museo
en la Base Aérea de Morón.
El motor del prototipo del Pulqui I, el Rolls Royce
Derwent V, número de serie 10004, que se exhibe
en impecable estado junto al avión, voló
por última vez a bordo del Gloster Meteor C-051,
que el 29 de diciembre de 1970 finalizó oficialmente
la vida útil de ese modelo en la FAA, mucho
después de haber sido usado por el IAe-27.
EL
PULQUI II
Con la desvinculación de Emile Dewoitine del
proyecto del Pulqui a fines de 1947, el Departamento
de Proyectos Especiales quedó a cargo del ingeniero
Morchio, con la colaboración del ingeniero
Ricciardi. Antes de que terminara el año, el
ingeniero San Martín dio orden de que se construyera
un avión a reacción para batir el récord
mundial de velocidad.
Morchio y Ricciardi comenzaron a trabajar en el Pulqui,
con la posibilidad de mejorarlo, pero las limitaciones
que presentaba aconsejaron comenzar de cero con un
proyecto nuevo que incorporaba alas en flecha, perfiles
laminares y un motor Rolls-Royce Nene 2 de 2,070 kg
de empuje.
A principios de 1948 ya habían construido una
maqueta del que fue denominado IAe-27a Pulqui II (similar
al posterior Mystere II de Dassault), con la configuración
sobre la que estaban trabajando, con ala en flecha
de 33º, de superficie trapezoidal, empenaje horizontal
a la mitad de altura de la deriva y perfil laminar
NACA 16009. A principios de 1948 presentaron el proyecto
al Instituto Aerotécnico, donde estuvo presente
el recién llegado Kurt Tank, que mostró
bocetos del proyecto Ta 183 desarrollado en la Focke
Wulf durante la guerra, de cuyos planos había
traído al país varios microfilms y se
discutieron las posibilidades de ambos.
El ingeniero San Martín propuso la formación
de dos equipos de trabajo para desarrollar los dos
proyectos.
Segundo prototipo del Pulqui II.
El trabajo de Morchio y Ricciardi continuó,
aunque con algunos cambios en el avión, que
incorporó deriva en T y otras modificaciones,
realizándose una nueva maqueta que se evaluó
en el túnel de viento. Por la proximidad de
las alas al suelo se resolvió instalar un ala
alta. Mientras, Kurt Tank avanzaba con su proyecto
basado en el Ta 183. De todas maneras ambos grupos
colaboraban estrechamente entre sí. A mediados
de 1948 se realizó una reunión entre
los dos grupos y el ingeniero San Martín, donde
se resolvió unificarlos y que trabajaran en
uno solo, dado que las características de ambos
eran similares, sobre todo el ala y el empenaje. Las
diferencias estaban en el tren de aterrizaje y el
fuselaje, pero se decidió adoptar el fuselaje
del proyecto de Tank y el tren de aterrizaje del otro.
A partir de este momento el proyecto fue denominado
IAe-33 Pulqui II y Kurt Tank quedó como director.
Los ingenieros Morchio y Ricciardi se desentendieron
poco después.
Cabina del Pulqui II.
En octubre de 1948, con la colaboración de
Reimar Horten, terminó la fabricación
de dos planeadores de madera y tela tripulados, para
complementar las pruebas aerodinámicas que
se hacían en el túnel de viento y el
20 de ese mes voló por primera vez al mando
de Kurt Tank, remolcado por un Glenn Martin 139WAA
(B-10), un Northrop 8A-2 o un I.Ae.24 Calquin. El
30 de octubre voló el primer planeador y el
29 de enero de 1949 lo hizo el segundo. Los más
de 50 vuelos realizados por Tank y el piloto argentino
Edmundo O. Weiss determinaron importantes cambios
en el estabilizador vertical porque el avión
era muy inestable lateralmente.
Finalizada la evaluación, a principios de 1949
comenzó la construcción de un prototipo
para ensayos estáticos y otros dos para las
pruebas en vuelo.
Vuela el Pulqui II
Segundo prototipo del Pulqui II.
A principios de 1950 fue terminado el primer prototipo,
al que se le instalaron dos cañones Hispano
Suiza de 20 mm y comenzó las pruebas en tierra,
para volar por primera vez el 16 de junio, con Weiss
a los mandos, durante 28 minutos desde la Escuela
de Paracaidistas. Dos días después efectuó
otro vuelo, pero con el piloto alemán Otto
Berhens (era el piloto de pruebas de Tank y debía
haber hecho el primer vuelo, pero como Weiss era el
jefe de pilotos de prueba de la FMA se impuso). En
esta oportunidad el piloto detectó inestabilidad
lateral al pasar los 700 km/h por lo que comenzó
a descender para aterrizar. Tocó tierra a gran
velocidad y el avión empezó a dar saltos,
rompiéndose el tren principal derecho; la causa
fue una falla en el sistema de amortiguación.
A raíz de este accidente se cambió la
amortiguación y la altura del tren de aterrizaje
de nariz fue reducida, se modificó el borde
de ataque del ala en la zona próxima al fuselaje,
debido a que el extremo entraba en pérdida
antes que la raíz y el timón de dirección
fue modificado para solucionar la inestabilidad lateral.
En esos días también se instaló
un carenado en la parte superior de la tobera de escape
del motor y se modificó la cúpula de
la cabina con dos tirantes como refuerzo.
Primer prototipo del Pulqui II durante las pruebas.
El 23 de octubre Kurt Tank realizó el tercer
vuelo. En esta oportunidad trepó hasta 8,000
metros en seis minutos y a 9,000 metros cortó
potencia para entrar en pérdida, lo cual sucedió
sin que Tank pudiera prevenirlo y comenzó a
caer descontroladamente hasta los 5,000 metros de
altura, cuando el piloto lo recuperó gracias
a que el motor no se había detenido. Luego
volvió a experimentar nuevamente la maniobra
con los mismos resultados. En este vuelo se alcanzó
la velocidad de 1,040 km/h a 6,000 metros de altura.
El problema de la entrada en pérdida brusca
fue solucionado con un lastre en la nariz.
El 8 de febrero de 1951, el Pulqui II fue trasladado
a Buenos Aires y presentado ante el presidente Juan
D. Perón. En esta oportunidad Kurt Tank efectuó
un vuelo desde el Aeroparque Jorge Newbery con pases
a baja altura y algunas maniobras acrobáticas.
Luego fue felicitado por Perón.
Pocos días después el aparato fue exhibido
ante el príncipe Bernhard von Lippe-Biesterfeld,
de Holanda, que se encontraba de visita y había
mostrado interés en el Pulqui porque la fuerza
aérea de su país necesitaba cazas modernos.
Finalmente optaron por el Gloster Meteor F.Mk.8.
El Pulqui II en el presente.
VUELA PULQUI II
A principios de 1951 la FAA designó a un grupo
de pilotos de Gloster Meteor, al mando del comandante
Carlos A. Soto para conocer el avión que sucedería
al Meteor y empezar la adaptación. El 31 de
mayo de 1951 comenzarían a volar y Soto fue
el primero en hacerlo registrando fuertes vibraciones
al acercarse a los 1,000 km/h por lo que realizó
un vuelo sin exigir más al avión y retornó
a la pista. Por la tarde, el capitán Vedania
Mannuwal despegó a pesar de que el Pulqui II
había sido declarado fuera de servicio por
Kurt Tank en el vuelo de prueba número 28.
Igualmente le solicitaron que no exigiera mucho al
avión porque todavía no se conocía
la razón de las vibraciones. Sin hacer caso
Mannuwal, que era uno de los más experimentados
pilotos de Meteor de la FAA, realizó maniobras
acrobáticas hasta que en una de ellas se plegó
un ala. El piloto se eyectó invertido, pero
el primitivo asiento Martin Baker Mk.I del Pulqui
II no le permitió abrir el paracaídas
por lo complicado del procedimiento. La razón
del accidente fue que la soldadura de los pernos que
sujetaban el ala era defectuosa.
Quinto y último prototipo del Pulqui II en
vuelo.
Pulqui plateado volando.
Nuevos
prototipos
Igualmente avanzaba la construcción del segundo
prototipo y el 23 de septiembre Kurt Tank lo voló
por primera vez. Este avión tenía un
timón de dirección modificado y agrandado
para mejorar la estabilidad lateral, que aún
presentaba problemas, el carenado del escape era más
grande, se le instalaron frenos aerodinámicos
al costado del fuselaje, un tubo pitot en el ala izquierda,
tres tirantes de refuerzo de la cúpula de la
cabina y tenía mayor capacidad de combustible
para aumentar el alcance de 2,030 a 3,090 kilómetros.
Cuarto prototipo del Pulqui II
El
ejemplar para pruebas estáticas también
fue terminado en 1951 y resultó destruido luego
de ser exigido más allá del límite.
En enero de 1952 fue exhibido el segundo Pulqui II
en la exposición Alas Argentinas, en la ciudad
de Mar del Plata y se previó presentarlo ante
el presidente Perón el 11 de octubre, con el
piloto alemán Otto Berhens a los mandos. El
9 de octubre, el piloto salió a probar el aparato
y luego de levantar vuelo inició una picada
sobre la pista, tras lo cual ascendió hasta
los 800 metros, donde el avión entró
en pérdida y comenzó una barrena lateral
de la que el piloto apenas pudo salir cuando se encontraba
demasiado cerca del suelo y se estrelló. El
tercer prototipo del Pulqui II cayó causando
la muerte inmediata de su piloto.
Edmundo O. Weiss, jefe de pilotos de prueba de la
FMA posa con el Pulqui II.
A pesar de estos accidentes el programa siguió
adelante y en 1953 fue terminado el cuarto prototipo,
que incorporaba una escuadra aerodinámica sobre
cada ala y otras cuatro menores en la parte posterior
del fuselaje. Además tenía mayor capacidad
de combustible y se estaba trabajando para presurizar
la cabina. El jefe de pilotos de prueba de la FMA,
en ese entonces era el 1er. teniente Jorge Conan Doyle
y con él trabajaron los tenientes Nelio González
y Rogelio Balado, además de Kurt Tank. González
realizó el primer vuelo el 20 de agosto de
1953 y con el tiempo se efectuaron modificaciones
en el accionar del timón de dirección.
El 18 de septiembre el avión fue llevado a
Buenos Aires para la Semana Aeronáutica y regresó
a Córdoba desde donde fue a Mendoza el 14 de
diciembre, para participar en la Feria de las Américas.
Este prototipo se comportó muy bien, de modo
que en 1954 comenzaron las pruebas de tiro con los
cañones de 20 milímetros, para lo cual
le fueron realizados dos orificios para la expulsión
de las vainas, y se presurizó la cabina, alcanzando
Conan Doyle los 15,000 metros de altura y la velocidad
máxima de 1,080 kilómetros por hora
en picado, limitada solamente por la potencia del
motor.
Primer prototipo del Pulqui II durante las pruebas.
Como el proyecto avanzaba en perfectas condiciones,
comenzó la planificación de la producción
en serie de unos 100 ejemplares y el desarrollo de
una versión con radar para vuelos nocturnos,
además había interés de varios
países por comprar el Pulqui II. De todas maneras,
a comienzos de 1955 el contrato con el equipo de Tank
se venció y el ingeniero alemán solicitó
un aumento muy importante para continuar con los proyectos,
a lo que Perón respondió que pagarían
lo mismo que hasta entonces. Este des- acuerdo provocó
la separación del grupo de Tank, que partió
hacia la India, donde trabajó con Hindustan
Aeronautics y desarrolló el HF-24 Marut, un
proyecto que había concebido en Córdoba.
Tank trabajaba desde 1954 en el IA-42 Pulqui III,
que era un interceptor supersónico biplaza
con dos motores a los costados del fuselaje, alas
y cola en flecha.
El Pulqui II en la exhibición Alas Argentinas,
en Mar del Plata.
Entre el 16 y el 21 de septiembre de 1955 se produjo
una violenta revolución que depuso al presidente
Juan D. Perón. En el desfile de la victoria
de los revolucionarios, en la ciudad de Córdoba,
el Pulqui II participó con el capitán
Jorge L. Suárez a los mandos y el símbolo
de los revolucionarios, una cruz sobre una V, pintado
en su fuselaje.
La revolución contra Perón significó
un freno al programa, los pilotos González
y Conan Doyle fueron separados del proyecto.
Para dar impulso al proyecto del Pulqui II, en 1956
se planificó realizar un vuelo para demostrar
la capacidad del avión, que consistía
en volar directamente de Córdoba a Buenos Aires
con carga completa de munición y sin tanques
externos, hacer tres pasadas de tiro sobre la base
de Morón y regresar a Córdoba, demostrando
la capacidad de alcance de este avión, muy
útil para servir como caza de escolta de los
bombarderos estratégicos Lincoln y Lancaster.
Era una capacidad única para un caza a nivel
mundial, dado que recorrería 1,600 kilómetros
con munición para realizar un ataque solamente
con su combustible interno.
Construcción del segundo prototipo del Pulqui
II
Para lograr el objetivo, se cambió el sistema
de oxígeno por el de un Meteor que estaba en
reparaciones y como el avión despegaría
por primera vez con la carga máxima, el vuelo
se haría desde Pajas Blancas, aeropuerto civil
de la ciudad de Córdoba, con Rogelio Balado
a los mandos.
El 9 de noviembre de 1956, Balado emprendió
el vuelo hacia Buenos Aires a 11,000 metros de altura
y 35 minutos después batió el blanco
e inició el regreso. El sistema de oxígeno
comenzó a fallar y aunque el piloto sintió
los síntomas de la hipoxia (falta de oxígeno
en el organismo), logró regresar a Córdoba,
pero aterrizó a más de 300 kilómetros
por hora y rompió el tren de aterrizaje. El
Pulqui II se arrastró por la pista y frenó.
Aunque sufrió daños del 60 por ciento
fue reparado. Balado, gracias a que antes de abordar
cambió su casco de cuero por uno de plástico,
salvó la vida a pesar de los golpes que sufrió
en la cabeza con la mira de tiro. El avión
siguió volando hasta su baja definitiva antes
de 1959 y se desconoce su destino.
En ese entonces, el comandante en jefe de la FAA,
brigadier Ahrens, solicitó a la FMA un informe
sobre las posibilidades de producir 100 Pulqui II,
ante lo cual se le respondió que había
alas y fuselajes para hacer diez aviones en un corto
plazo. Como se tenía la licencia para fabricar
el motor Nene II se podían hacer los aviones
en cinco años, pero se recibió la oferta
por 100 Canadair Sabre F-86 Mk.VI con motor Orenda
que comenzó a competir con el Pulqui.
A pesar de todo, en 1955 comenzó a construirse
el quinto prototipo, que si bien en 1956 ya estaba
al 90 por ciento, fue terminado hasta 1959. Por esos
tiempos el avión ya estaba superado y el nuevo
gobierno constitucional había optado por la
oferta del Sabre, recibiéndolos en 1960, aunque
solamente fueron 28 North American F-86F-40 y sin
motor Orenda. El 18 de septiembre de 1959 el último
prototipo del Pulqui II voló por primera vez
con el 1er. teniente Roberto Starc a los mandos.
Este y el teniente Sergio García realizaron
doce vuelos en el prototipo (diez Starc y dos García)
donde no se superaron los 700 kilómetros por
hora ni se exigió al avión más
allá del 70 por ciento de su capacidad. Finalmente,
en 1960 efectuó su último vuelo, tras
lo cual fue guardado y luego, en 1963 transferido
junto con el IA-38 ala volante carguera y el IAe-27
Pulqui I, al Museo Nacional de Aeronáutica,
aunque el IA-38 nunca llegó a ese lugar. A
fines de los ’90 fue restaurado luego de cuarenta
años de ser exhibido a la intemperie. Tras
estar en exhibición en el Museo de la Industria
Juan Ignacio San Martín de la ciudad de Córdoba,
fue trasladado al Museo Nacional de Aeronáutica
en Morón, provincia de Buenos Aires.
El
IA-37
Reimar Horten, apenas llegó se puso a trabajar
en la FMA en el proyecto de dos modelos de planeadores
(IA-34 Clen Antú e IA-41 Urubú), un
transporte (IA-38) y un caza a reacción, todos
ellos alas volantes. El 19 de octubre de 1949 Juan
Ignacio San Martín, a cargo de la FMA, presentó
al ministro de Aeronáutica, brigadier Ojeda,
el expediente secreto 339 con el proyecto de Horten
de un caza a reacción usando la cabina y tren
de aterrizaje del Pulqui II, ala doble delta, dos
estabilizadores verticales en las alas, tanques de
combustible internos (cuatro en las alas y uno en
la cabina). La toma de aire de la turbina Rolls Royce
Derwent V estaba debajo del fuselaje y el armamento
interno lo formaban cuatro cañones de 20 mm.
Con estas características Horten pensaba alcanzar
mayor velocidad máxima, menor velocidad de
aterrizaje y mayor techo de servicio con el Pulqui
II. Finalmente el 4 de abril de 1951 el proyecto fue
archivado por lo avanzado del Pulqui II y porque no
se podían desarrollar ambos cazas a la vez.
Cuarto prototipo del Pulqui II sin la cola.
Sin embargo Horten siguió trabajando sobre
un nuevo avión, el IA-37, que también
era un ala volante, pero con bastantes diferencias
respecto al proyecto anterior. En 1953 empezó
a efectuar pruebas en el túnel de viento y
bajo la supervisión de Karl Nickel se realizaron
más de 200 lanzamientos de maquetas de entre
5 y 20 kilogramos para pruebas aerodinámicas
que alcanzaron los 200 kilómetros por hora.
En 1954 se construyó un planeador de madera
a escala natural que fue presentado en mayo y voló
por primera vez el 1º de octubre remolcado por
un Junkers Ju-52/3m, aunque luego se utilizaron Douglas
C-47 y el Avro Lincoln (tipo Aries II) matrícula
LV-ZEI. El piloto fue el capitán Conan Doyle
que manejaba en posición prono, o sea acostado.
En los siguientes vuelos también participaron
los tenientes Balado, Rossell y González, además
del piloto alemán Heinz Scheidhauer. Las características
de vuelo fueron excelentes, sobre todo en los despegues
y aterrizajes que eran muy suaves y empleaba poca
pista con la nariz levantada, para lo cual se adoptó
un tren delantero más alto. Para los modelos
con motor se previó que el tren se fuera elevando
durante la carrera de despegue de 5º a 25º
y hacer lo inverso en el aterrizaje, para acortar
la carrera. En 1955 Horten empezó a trabajar
en la construcción de un prototipo impulsado
por un Derwent V, con el cual no se alcanzarían
las prestaciones requeridas, pero serviría
para probar los distintos sistemas. El problema radicaba
en la imposibilidad de conseguir turbinas de mayor
potencia en el extranjero y de fabricarlas localmente.
Planeador del IA-37 con la cabina modificada.
Poco después introdujo algunas mejoras, en
1956 modificó la posición del piloto,
que pasó a la posición sentado y se
comenzó a construir el primer prototipo luego
de que el planeador voló 50 horas.
Como el diseño preveía la instalación
de un Derwent V o dos Avon (como estaba previsto en
el planeador), se previó desarrollar un avión
que pudiera tener mayor potencia y dejar el IA-37
como entrenador subsónico. Este proyecto fue
designado IA-48 y preveía instalar dos Rolls
Royce Avon R.A.3 de 2,950 kg de empuje, Nene 101 de
2,267 kg o Bristol Orpheus BOr de 2,200 kg bajo el
ala delta ojival o gótica. El avión
estaba diseñado para alcanzar Mach 2.2 y la
Armada Argentina se mostró muy interesada en
el proyecto para emplearlo en el nuevo portaaviones
“ARA Independencia”, que había
llegado en 1958. Con este objetivo el avión
fue proyectado con algunos cambios, como la orientación
del flujo del escape de los motores.
Planeador del IA-37 con una modificación de
la cola que llevó hasta el final de las pruebas.
De todas maneras, en 1960, cuando sólo faltaba
un año para el vuelo del IA-37, el proyecto
fue cancelado por falta de fondos. De esta manera
finalizó el anhelo de Argentina de contar con
un caza a reacción de diseño propio,
pero volvería a fabricar jets en los años
’80 con el IA-63 Pampa, que voló en 1984.
Sólo
una propuesta
Para completar este trabajo hace falta nombrar la
propuesta del ingeniero italiano Cesare Pallavicino,
que trabajaba en la FMA desarrollando el IA-30 Ñancú.
El ingeniero italiano que había trabajado para
Caproni durante la Segunda Guerra Mundial, proyectó
en marzo de 1949 transformar el Ñancú,
un caza interceptor bimotor similar al deHavilland
Hornet, en un bimotor a reacción de caza. Preveía
reemplazar los dos Rolls-Royce Merlin por dos Derwent
V y una nueva nariz para dos tripulantes y un tanque
de 750 litros de combustible detrás. El resto
del diseño permanecía sin cambios excepto
por un tren de aterrizaje triciclo. Los cambios además
reducían un 25% el peso vacío, incrementando
así la capacidad de combustible. El armamento
consistía en cuatro cañones de 20 mm
en la nariz. El resultado final era un avión
bastante similar en formas al Gloster Meteor
El IA-37 planeador volando
Junto con esta propuesta, en abril del mismo año
trabajó en un bombardero bimotor biplaza basado
en el proyecto anterior, aunque con mayor tamaño
y pesos. El conjunto de cola y el ala sufrieron cambios
sustanciales y el tren de aterrizaje era biciclo con
dos pequeñas ruedas bajo los motores. La ubicación
del copiloto y bombardero podía ser en la nariz,
con una proa acristalada o detrás del piloto.
El avión llevaba tres tanques de combustible
en el fuselaje y ocho en las alas, como el anterior,
aunque se sumaba una bodega de bombas hasta para 2,000
kilogramos. Además disponía de cuatro
cañones de 20 mm en la nariz y podía
llevar hasta 20 cohetes de 75 mm. Si bien estos proyectos
fueron aceptados por la dirección de la FMA,
no fueron realizados y se desconoce si tuvieron alguna
denominación oficial.
El IA-37 planeador visto de frente.
Jets
de pasajeros y otras ideas
Como último punto, hace falta nombrar el proyecto
del IA-39 Cóndor II desarrollado por Kurt Tank,
un avión para unos 30 pasajeros dotado de cuatro
o cinco turbinas Rolls Royce Nene II en la cola, para
lograr 950 kilómetros por hora y 5,000 kilómetros
de alcance. Los trabajos comenzaron en 1948 y llegaron
a construirse maquetas que se probaron en túnel
de viento. El diseño estaba pensado para realizar
vuelos sobre el mar, con solamente dos de las turbinas
funcionando. En 1952, como consecuencia de lo que
se aprendía con el Pulqui II, el diseño
sufrió algunas modificaciones, como la envergadura
de las alas, que fue aumentada en tres metros y un
rediseño de la cabina, para llevar 40 pasajeros.
En 1953 comenzó la construcción del
primer prototipo, pero luego del alejamiento de Tank,
el diseño fue abandonado y el prototipo desguazado.
Maqueta del tunel de viento del IA-48
Kurt Tank también realizó trabajos en
un proyecto de caza a reacción, con toma de
aire sobre el fuselaje, que no pasó de los
tableros de dibujo.
Por esos años se proyectó un bimotor
de transporte ejecutivo. con dos motores Pratt &
Whitney J-60 de 1,827 kg de empuje o General Electric
J-85 de 1,135 kg sin posquemador o 1,748 kg con él.
Según los investigadores Eduardo Ferretti y
Federico Giró (Revista Nacional de Aeronáutica,
Junio 1962), tenía la denominación IA-50,
aunque ésta luego se usó para el IA-50
Guaraní II, de modo que podría tratarse
de otro IA. El diseño general era similar al
Pulqui II, de lo que se desprende que fue realizado
por Kurt Tank, aunque los motores estaban instalados
en forma similar al Caravelle.
IA-37
Por último, en 1956 y 1957 se hicieron ensayos
en túnel de viento y con maquetas lanzables
del IA-40, un caza nocturno del que se desconocen
mayores detalles. Cuando se estudió el IA-47
en 1957, un transporte de pasajeros, se evaluaron
distintas configuraciones y una de ellas, para 20
pasajeros incluía dos motores a reacción
Derwent V. Otras configuraciones eran para 40 pasajeros
con cuatro motores a pistón Pratt & Whitney,
basado en el IA-35 Huanquero, para 44 y 46 pasajeros
con dos turbohélices Bristol Orpheus y para
42 pasajeros con dos turbohélices Rolls-Royce,
similar al Fokker F-27. De todas maneras, el proyecto
no pasó de los tableros de dibujo.
Planeador del IA-37durante las primeras pruebas.
Bibliografía:
Las Alas de Perón, Ricardo Burzaco, 1994, Editorial
Da Vinci.
Dos décadas de producción de la Fábrica
Militar de Aviones, por Eduardo Ferreti y Federico
Giró en Revista Nacional de Aeronáutica.
Junio y julio de 1962.
Proceso de Diseño del Pulqui I y anteproyecto
del Pulqui II, conferencia de Norberto Morchio y Humberto
Ricciardi, del 14 de agosto de 1997, en el Museo de
la Industria de Córdoba.
Libro Histórico de la Fábrica Militar
de Aviones.