Texcoco
¿La mejor opción para el aeropuerto de la ciudad de México?
Por Juan A. José.
Publicado: Enero - Febrero 2001
Fuente: América Vuela - número 67



Quizás a mis familiares en el Estado de Hidalgo y a amigos ecologistas no les agrade mi punto de vista, pero estoy convencido de que la mejor opción para la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad de México no se encuentra en Tizayuca o Toluca, sino en la zona de Texcoco.

Si bien comparto la preocupación por el posible impacto de tan importante obra en el ecosistema del Lago de Texcoco y las características del subsuelo en esa zona, he comenzado a convencerme de que lo mejor que le podría ocurrir a esa zona del Valle de México es precisamente la construcción del aeropuerto, siempre y cuando dicho aeropuerto sea construido bajo severos criterios ambientalistas, empleando las más modernas herramientas de la ingeniería para garantizar la estabilidad estructural de las pistas, calles de rodaje, plataformas y otras instalaciones, y la más avanzada tecnología de conservación ambiental. Semanalmente paso precisamente por esa región cuando viajo con mi familia hacia Tulancingo, procedente del actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), semanalmente pienso en el futuro de esa zona en el equilibrio del medio ambiente del Valle de México. También pienso en Texcoco cuando "desde mi ventanilla" en alguna aeronave despego de la pista cinco del AICM. Me preocupa Texcoco, me preocupa el entorno natural y me preocupa el crecimiento de la mancha urbana de la ciudad de México. Me preocupan esos terrenos en los que se pretende construir el nuevo AICM, porque de no protegerse como es debido, la mancha urbana e industrial inexorablemente se instalará en ellos. De no construirse un aeropuerto u otra gran obra diseñada sobre criterios ecológicos, seguramente veremos en esos terrenos en muy poco tiempo un nuevo fraccionamiento, un nuevo parque industrial, un nuevo basurero o un nuevo foco de contaminación, mucho más dañino que un aeropuerto.

Además hay que tomar en cuenta otra realidad: Tizayuca está demasiado lejos de los pasajeros como para ofrecer una alternativa viable para la instalación del nuevo AICM. Aun con ese propuesto tren rápido, la realidad es que un aeropuerto a más de 50 kilómetros de Polanco, de la colonia del Valle, de Coyoacán, de Naucalpan o Tlalnepantla no es práctico, menos aún si se pretende mantener operando simultáneamente el actual aeropuerto Benito Juárez. Las presiones de los pasajeros y usuarios del aeropuerto capitalino hacia el mantenimiento de servicios aéreos desde y hacia el actual aeropuerto, en especial servicios nacionales, serían muchísimas. Nadie querría volar a Monterrey, Guadalajara o Cancún desde un aeropuerto ubicado a una hora y media de distancia en horas de poco tráfico y dos horas en las horas pico, que cada vez son mayores en la ciudad de México. La gente preferirá seguramente seguir usando el Benito Juárez mientras el nuevo AICM en Tizayuca correrá el riesgo de convertirse en otro Mirabel (aeropuerto de Montreal de gran tamaño, que ha sido un verdadero fracaso, entre otras cosas por su distancia con el centro de la ciudad y que no logró nunca atraer a los pasajeros que siguen prefiriendo el aeropuerto de Dorval, mucho más céntrico). La ciudad de México no es Tokio, París, Londres, Nueva York o Chicago que se pueden dar el lujo de tener dos o más aeropuertos, las aerolíneas nacionales no tienen el tamaño para justificar operaciones paralelas en dos aeropuertos, sobre todo vuelos nacionales que conecten con los vuelos de gran distancia, que seguramente serían los primeros en ser operados en el nuevo AICM. México tampoco es Panamá, cuyo aeropuerto está ubicado también bastante lejos del centro de la ciudad, porque en Panamá realmente no hay servicios aéreos nacionales de importancia. En una operación simultánea un nuevo AICM, en especial al costo que supone construirlo y a las tarifas de operación que seguramente cobrará, corre el riesgo de convertirse en un elefante blanco, porque aun trasladando a él todas las operaciones de carga y los vuelos de grandes distancias, la competencia que tendría con el Benito Juárez sería enorme. Recordemos casos como el de Buenos Aires, que cuenta con dos importantes aeropuertos: uno céntrico (Aeroparque Jorge Newberry) y otro bastante alejado (Ezeiza), el primero saturado y el segundo subutilizado (por lo menos en lo que se refiere al terreno). Construir un nuevo AICM y cerrar el Benito Juárez es la solución, pero insisto, de nada ayudará a los pasajeros ni a las aerolíneas requerir traslados de dos horas para llegar al aeropuerto, sobre todo cuando estamos hablando de vuelos de corta duración. Entonces, entre las opciones disponibles, desde mi humilde punto de vista, un aeropuerto "ecológico" en Texcoco es indudablemente la mejor opción para resolver este importante problema.