América Vuela
Agosto 10 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

La crisis más grande en la historia de la industria aeroespacial mundial por la falla de un avión, ya se empalmó con el mayor revés jamás visto en el transporte aéreo, por causa de la pandemia global más grave en un siglo. El protagonista de este drama es The Boeing Company, que ha roto récord tras récord de pérdidas desde que hace casi 15 meses comenzó su calvario tras los trágicos accidentes que sufrió su avión estelar, el 737 MAX, que revelaron una penosa cadena de fallas, tanto de diseño como de protocolos de certificación, salpicando incluso a las autoridades aeronáuticas norteamericanas, que se probó fueron tanto o más culpables que Boeing de que el emblemático avión no fuera totalmente confiable.

Desde entonces, los ejecutivos de la Federal Aviation Administration (FAA) parece que han estado jugando a "ahí viene el lobo", anunciando una y otra vez pronósticos fallidos sobre cuándo podrá el MAX volver al aire, siendo su última declaración que ahora si, por ésta, juran que ya casi terminan los trabajos para el nuevo protocolo de certificación, después de que concluyeron con éxito los vuelos de prueba, con las modificaciones efectuadas en sistemas y manuales de adiestramiento para que no vuelva a suceder la misma falla, pero no se considera factible que los 737 MAX puedan regresar al servicio antes de octubre, además que reactivar toda la flota que ha estado parada por tanto tiempo y capacitar correctamente sobre los cambios a las tripulaciones, tomaría varios meses más.

Pero lo más crítico es que la situación de la aviación ha cambiado tan drásticamente con la pandemia, que la nueva normalidad ya no será tan amistosa con el birreactor Boeing. Ahora las aerolíneas están inmersas en un desastre inédito, en que todas han tenido que reducir drásticamente sus operaciones, con el efecto inmediato de que en lo que va del 2020 ya le cancelaron a Boeing más de 355 pedidos de su 737 MAX, causándole pérdidas directas por más de 18 mil millones de dólares, pero el impacto en las finanzas del titán aeroespacial norteamericano ha sido en realidad mucho mayor, pues tuvieron que pedir al gobierno apoyos federales por la friolera de 60 mil millones de dólares, más otros 25 mil millones que obtuvieron a través de una de las más grandes emisiones de deuda bursátil de que se tenga memoria, y suspendieron inversiones muy importantes, como la muy cacareada compra de la división comercial de Embraer, todo en aras de mantenerse desesperadamente a flote.

Boeing solo se sostiene gracias a su propio tamaño, pues Estados Unidos no puede darse el lujo de dejar desplomarse a un monstruo industrial tan inmenso, del que demasiada gente depende. Sin embargo, es inevitable  que Boeing acabe cerrando el año con los peores números de su historia, y se calcula que sus pérdidas puedan llegar a los 50 mil millones de dólares, algo verdaderamente descomunal, y se tenga que olvidar de sus proyectos de desarrollo para enfocar todas sus fuerzas en tratar de salvar la mayor parte posible de los 4,200 aviones MAX que tiene pedidos, proponiéndose lograr por lo menos poder fabricar 31 de estos aviones al mes para el año 2022, un número muy modesto si consideramos que cuando se tuvo que poner en tierra al 737MAX, en 2018, Boeing fabricaba 52 de ellos al mes, además de que la demanda por aviones más grandes, los llamados de cabina ancha, será prácticamente nula. La lucha por la supervivencia para Boeing se centrará en seguir consiguiendo financiamiento, porque sus clientes estarán cortos de efectivo y no necesitarán ya tantos aviones nuevos, así que conservar la cartera íntegra lo más posible, y evitar al mismo tiempo despedir muchos empleados, serán los retos fundamentales para el fabricante.

La estrategia de cuidar empleos y proteger los contratos ya firmados con los clientes son también la prioridad para Airbus, prácticamente el único competidor de Boeing y que, contrario a lo que pudiera pensarse, no se está beneficiando mucho de la caída en desgracia del fabricante norteamericano, pues el Coronavirus les está pegando a todos duro y parejo, impidiendo que el consorcio europeo tenga la oportunidad de adelantársele mucho a su rival, pues ha tenido que reducir su producción de 60 a 40 unidades mensuales, lo que incluso todavía es mucho, pues sus clientes no le estarán aceptando más que unos 30 aviones por mes. Airbus espera regresar a los niveles de producción anteriores a la pandemia para finales del 2021 y crecer paulatinamente hasta lograr producir 68 aviones al mes en el 2025, pero lo difícil será que pueda mantener la planta laboral con estas cifras, ya que analizando sus volúmenes reducidos de producción, en los que además estará fabricando más aviones de los que podrá entregar, requeriría idealmente deshacerse de alrededor de 50 mil empleados, pero ha sostenido que solamente despedirá a 15 mil trabajadores, una noble apuesta por conservar empleos que ya veremos si puede ser mantenida.

En esta competencia Embraer tendrá que ser vuelta a tomar muy en serio, pues tras el fracaso de las negociaciones de la venta a Boeing, la empresa brasileña buscará ser un competidor muy agresivo con su E2 contra el A220, aunque el avión europeo tiene el atractivo de ser parte de una familia de aviones de todos tamaños, ventaja que Embraer perdió al divorciarse de Boeing.

La pandemia cambió las reglas del juego para todos, y le tomará bastante tiempo a los fabricantes de aeronaves entenderlas y adaptarse a ellas, pero tristemente las inversiones en el desarrollo de nuevos aviones, que hace apenas unos meses eran tema central en las agendas, quedarán suspendidas indefinidamente, poniendo en gran riesgo a las pequeñas empresas que tienen todo apostado en sus nuevos modelos, como Mitsubishi, Comac o UAC.

Por lo menos Boeing cuenta con el respaldo económico del gobierno norteamericano, además de una gran respiro en las oportunidades de venta que significa el mercado casi cautivo que tiene con los programas de Defensa de Estados Unidos, por lo que podemos estar seguros que esta gran empresa seguirá activa en la jugada, aunque la pérdida que ha sufrido en su participación del mercado global de aviones comerciales, más por causa de sus errores que por la pandemia, creo que no la podrá recuperar.


Saludos

Héctor Dávila

 

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