América Vuela
Septiembre 24 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Los pilotos de las aerolíneas mexicanas ya están experimentando un miedo peor que el que les da el Coronavirus, pues iniciaron los procesos de despidos masivos que, aunque los llaman con eufemismos como "suspensión temporal" o "renuncia voluntaria", significan la apertura de la terrible puerta de la incertidumbre para cientos de familias, muchas de las cuales se sienten traicionadas después de que aguantaron meses con sueldos reducidos, con la esperanza de que así ayudarían a que se salvaran los empleos.

Desde la muy frágil regional Aeromar, que recortó 17 plazas, hasta la aparentemente muy sana Volaris, que dicen se está deshaciendo de alrededor de 120 pilotos, hasta la emblemática Aeroméxico, que dará de baja a 266 de sus aviadores, entre el gremio de los pilotos mexicanos cunde la desesperación y la zozobra, sin que en nada consuele que el desagradable fenómeno sea de proporciones mundiales.

Lo más triste es que parece que estamos viendo solamente el comienzo y aunque las empresas y sindicatos los despiden enjugándose las lágrimas prometiendo que no se trata de un "adiós" sino de un "hasta luego", podemos anticipar que habrá más despidos, tanto de pilotos como de personal de tierra, en estas y otras aerolíneas, pero además también en la aviación general, donde ya se percibe un aumento de los empresarios que han decidido vender sus aeronaves privadas, como parte de desesperadas estrategias para sortear la descomunal crisis económica que está dejando la odiosa pandemia, pero principalmente apechugando la penosa realidad de que la recuperación de las fuentes de empleo no será pronto.

Era de esperarse que los informes financieros del segundo trimestre del año reflejaran los peores resultados en su historia para las líneas aéreas que operan actualmente en México, destacando Aeroméxico que sufrió una caída de casi 85% en sus ingresos, con una pérdida escalofriante de 14,227 millones de pesos (seis veces más de lo que perdió el año pasado), mientras cursa el proceso de reestructura financiera bajo la ley de protección de bancarrotas de Estados Unidos, manteniendo en vilo a todos sus acreedores, empleados e inversionistas; pero otras que supuestamente están en mucho mejor condición también se tambalean feamente, como Volaris, cuyos ingresos cayeron 81% y reporta una pérdida a nivel flujo operativo de 470 millones de pesos, mientras que Viva Aerobus sufrió una pérdida neta de 1,095 millones de pesos.

En este contexto las aerolíneas luchan desesperadamente por recuperar la salud, pero como anticipé en una editorial anterior, desafortunadamente no han podido consolidar un frente común para lograr los apoyos necesarios para su causa y la Cámara Nacional de Aerotraportes (CANAERO) se debilita cada vez más, pese a que se alió con la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés), ya que recientemente Viva Aerobus se sumó a Volaris e Interjet en la lista de empresas que no quieren ser parte de dicha Cámara, principalmente porque consideran que no representa los intereses de sus modelos de negocio, lo que es un claro indicio del fracaso de CANAERO en lograr la representatividad de la industria aérea, pues esas tres aerolíneas que se salieron significan, sin lugar a dudas, la amplia mayoría de las empresas mexicanas de transporte aéreo público de pasajeros, pues en conjunto Interjet, Viva Aerobus y Volaris mueven el 70% del pasaje nacional.

Por si fueran pocas las calamidades, el sector se tambalea aún más afectado con la inestabilidad política, pues como sabemos el ingeniero Javier Jiménez Espriú renunció a su cargo como titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) por diferencias con su jefe el Presidente, y sustituido por Jorge Arganis Díaz Leal, también ingeniero pero quien a diferencia de su predecesor parece no tener ninguna experiencia en aviación.

Este incómodo cambio tiene muy nerviosos a los principales líderes del sector, pues no se han logrado apoyos efectivos del gobierno para la industria aérea pese a que Jiménez Espriú por lo menos era considerado "gente de aviación" y conocedor del medio (fue Presidente de ITR-Turborreactores, así como Director General de Mexicana de Aviación y de la Compañía Mexicana de Helicópteros y Equipos Aéreos HELAERO), y ahora temen que se den ajustes en la SCT que lleven a acentuar el distanciamiento y disminuir más la posibilidad de obtener ayuda gubernamental.

Así las cosas, es entendible que se perciba una gris atmósfera de "sálvese quien pueda" y no se vea fortalecerse ninguna voz en defensa de la aviación mexicana, ya sea a nivel sindical, empresarial o social, lo cual no deja de ser francamente muy triste. Pero sin abrigar esperanzas infundadas, también es cierto que la industria aérea será fundamental dentro del proceso de recuperación de la economía mundial y podemos asegurar que los servicios aéreos, tanto comerciales como privados, mantendrán en lo sucesivo una tendencia a la alza, y con las noticias de recientes avances en el desarrollo de una vacuna, creo que debemos darnos el lujo, pese a todo, de ser optimistas.


Saludos

Héctor Dávila

 

Agosto1 PP

 

 

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