América Vuela
Septiembre 19 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Pues ya se cumplió un mes desde que el ingeniero Jorge Arganis Díaz Leal fue nombrado titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), y dentro de la comunidad aérea mexicana se lamenta mucho que todavía no parece que el nuevo Secretario esté interesado en acercarse a las aerolíneas para averiguar cómo van, ausencia que si bien sería entendible por la situación de la pandemia, debido al riesgo que conllevan todavía las reuniones presenciales, por otro lado, dada la grave crisis por la que pasan las compañías de aviación, podría parecer una descortesía imperdonable, sobre todo porque ya les urge a los empresarios lograr negociar alguna fórmula para poder ayudar a las líneas aéreas a garantizar mejor su viabilidad, especialmente cuando al mismo tiempo las autoridades aeronáuticas ya reiniciaron su Programa 2020 de Verificaciones Técnico Administrativas, aún con el coronavirus acechando por todos lados.

Incluso algunos integrantes de la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA por sus siglas en inglés) no han tenido miramiento alguno en declarar que sienten que se han quedado solos para enfrentar los retos de la crisis en este país, y no es para menos, pues de los más de 130 mil millones de dólares que los gobiernos a nivel mundial han aportado para apoyar financieramente a las aerolíneas, la región de América Latina no aportó ni el uno por cierto, mientras que México en particular no ha dado ningún apoyo económico en este sentido. Es mucho el desencanto por la falta de ayuda junto con el muy inoportuno cambio de timonel en la SCT, ya que el relevo en medio de la peor crisis sanitaria del siglo, aparejada con la peor debacle económica en la historia de la aviación, al momento solamente ha contribuido a crear más incertidumbre entre los empresarios del sector.

Y es que con todas las aerolíneas haciendo fuertes recortes, esforzándose por volver a estabilizar el vuelo y salir de la tormenta, sin esperanzas de operar más allá de un 70% de los niveles previos a la pandemia, la viabilidad de gran parte de la aviación nacional está en un riesgo muy serio, con empresas del tamaño de Aeroméxico e Interjet en condiciones financieras verdaderamente muy difíciles y complicadas, la primera como sabemos ya bien instalada en el proceso de reestructuración del famoso Capítulo 11 de la ley de quiebras estadounidense, y aunque se diga que algunas como Volaris se están recuperando más rápido que las demás, la triste realidad es que sin un decidido y bien estructurado apoyo gubernamental la supervivencia de cualquier aerolínea en México estará pendiente de un hilo.

Así las cosas, tal parece que no se entiende en las altas esferas del poder que la aviación, más que un simple negocio, representa una vía general de comunicación, con carácter de estratégica, que es fundamental para el desarrollo de casi todas las actividades económicas modernas, y dado su frágil margen, una para la que deben  crearse mecanismos de apoyo ante una crisis tan inusual como la que se está viviendo actualmente, pero además creo que las empresas mexicanas están dando muy bien la pelea logrando buenos resultados y por tanto merecen de verdad el apoyo por el que tanto suplican; por ejemplo Aeroméxico generó gran confianza y la cotización de sus acciones en la Bolsa Mexicana de Valores repuntó 14% la semana pasada, mientras que Volaris, que promete lograr un nivel operativo del 75% para septiembre, mantiene un ritmo de incremento bursátil aún mejor.

Como prueba de lo dicho basta comparar con las aerolíneas norteamericanas, a las que su gobierno apoyó con nada menos que la mitad de todo el dinero que se ha dado a nivel mundial para financiar a la industria aérea y que aprovechando ese soporte ya ganaron más de 10 mil millones de dólares en valor de capitalización en la bolsa de Wall Street, con incrementos durante la semana pasada en el valor de sus acciones de entre 7.44 y 9.35%. Claro, es obvio que el valor de las aerolíneas norteamericanas en general no cayó tanto como el de las mexicanas, justamente gracias al apoyo oficial, pero lo importante es destacar el vigor en la recuperación de las nacionales y fantasear un poquito con "qué pasaría" si contaran con apoyos similares.

Por otro lado, hay que decirlo, la negativa del gobierno mexicano en aportar recursos a la industria aérea se sustenta en una amarga realidad que no podemos tampoco ignorar, y no por razones caprichosas: simplemente no hay dinero para eso. Así es, el gobierno mexicano parece no tener de dónde sacar para ayudar a la aviación aunque quisiera, y por el contrario enfrenta sus propios problemas financieros por lo que se está viendo obligado también a hacer recortes en la SCT, donde la falta de presupuesto está dando al traste con los otrora ambiciosos planes de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), la que ya no podrá prepararse como esperaba ante las verificaciones internacionales que se avecinan, y que como está francamente no creo que las pueda pasar, incluso hasta se rumora que México ya estaría teniendo dificultades para pagar sus aportaciones a organismos internacionales como la mismísima Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), lo que de ser cierto sería muy delicado.

El panorama no se aprecia nada fácil para ninguna de las partes en la aviación mexicana, y es infausto que el coronavirus le esté pegando duro también a la AFAC, cuyo prometedor nacimiento hace unos meses nos ofrecía la visión esperanzadora de al fin poder contar en este país con una autoridad aeronáutica moderna con espíritu promotor, pero los efectos de la pandemia la están dejando muy atorada, sin poderse aún sacudir los vicios heredados de su predecesora, la obsoleta Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), pero quizá ayudaría en algo que el nuevo jefe de la SCT se pusiera un poco más rápido la camiseta y se dejara ver ante la gran familia aeronáutica, compartiendo cuáles son sus planes, pues muchos nos preguntamos si habrá continuidad o se harán cambios en la Subsecretaría de Transporte, Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA) o la propia AFAC. Para como están las cosas, cualquier paso del ingeniero Jorge Arganis Díaz Leal tendrá consecuencias de proporciones históricas, ojalá decida hacerlo en la dirección correcta y por supuesto le deseamos la mejor de las suertes, pues lleva en sus manos el destino de la aviación mexicana en un momento verdaderamente crucial.


Saludos

Héctor Dávila

 

Agosto23PP

Imagen: Pexels

 

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