América Vuela
Septiembre 19 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Se cumplieron ya diez años de que pasó lo ignominioso, cuando la querida Compañía Mexicana de Aviación, que orgullosamente presumía de ser una de las aerolíneas más longevas del mundo, se hundió en el infierno de la bancarrota y la insolvencia, frente a las miradas incrédulas de sus miles de empleados, que sostenían que no podía ser cierto que su legendaria y amada empresa pudiera estar quebrada.

Entonces Mexicana y Aeroméxico, que en cierto momento habían sido hermanas bajo la tutela de una misma empresa controladora (CINTRA), competían de una forma muy poco convencional por el título de la aerolínea bandera de México, posición que me parece que en la práctica compartían, y ante la posible desaparición de una se antojaba inevitable que la otra se quedara con todo el pastel y engordara en la abundancia sin tener que preocuparse por una competencia directa, pero el destino se burló de todos los pronósticos y a una década de distancia la línea del Caballero Águila está bastante lejos de los números negros y hace desesperadas contorciones para no perder el equilibrio, mientras camina por la cuerda floja sobre el abismo de la bancarrota.

Las razones de las penurias de estas emblemáticas líneas aéreas son de fondo muy diferentes, pero a las dos les hizo fuerte mella lo que muchos llamaron la desregulación del mercado aéreo mexicano, que abrió las puertas a nuevas aerolíneas con modelos de negocio de mediano y bajo costo, y si bien ambas fueron protagonistas de varios milagros financieros que las revivieron una y otra vez, finalmente Mexicana ya no volvió a remontar el vuelo, destruida por una mala administración, que según señalan la mayoría de los tristes empleados que lo perdieron todo, fue cruelmente criminal y fraudulenta.

Aeroméxico ahora sufre la amenaza de una tenebrosa sombra que oscurece su destino, pero aunque en gran medida la incertidumbre nace por un golpe de mala suerte global, amparada en la ley de bancarrota norteamericana angustiosamente finca su futuro recurriendo a préstamos bastante leoninos, pues parece que tuvo que casi dejarle en garantía al fondo de inversión Apollo Management Holdings hasta los calzones, para conseguir los mil millones de dólares que le urgen para mantenerse a flote, mismos que garantizó con aviones, los derechos de muchas de sus rutas y hasta sus slots en los aeropuertos de la Ciudad de México, John F Kennedy de Nueva York y Heathrow de Londres. Bueno, hasta se quedaron como garantías colaterales todas las marcas registradas de Aeroméxico, el efectivo en sus cuentas bancarias, su interés fiduciario en la empresa PLM (que maneja el Club Premier), así como sus oficinas de Paseo de la Reforma y sus acciones en otras compañías, con lo que eventualmente Apollo podrían convertirse incluso en accionista. Y la pregunta clave es si este préstamo tan condicionado, que además será otorgado a cuenta gotas, será realmente suficiente para salvar a la aerolínea.

Con todo y el sinuoso y accidentado camino que está recorriendo, a Aeroméxico se le sigue considerando como la empresa de transporte con la mejor reputación corporativa del país, aunque celebrarlo parecería pírrico ante el menos preocupado vuelo de empresas como Volaris o Viva Aerobus, que están muy pero muy por encima de ella en términos de rentabilidad y salud financiera. La aterradora posibilidad de que Aeroméxico se tropiece en la trampa del Concurso Mercantil es muy real, y creo que no podemos darnos el lujo de perder una empresa así de grande e importante; basta con ver cómo aún se sufren socialmente las secuelas de la quiebra de Mexicana diez años atrás, para imaginarnos la dimensión de lo que podría ser semejante tragedia. Pero esta reflexión también nos lleva una vez más a plantearlos la interrogante crucial: ¿Y el Gobierno en algún momento ayudará?

Bueno, el ejemplo de Mexicana sirve como punto de referencia para vislumbrar lo que podría esperar Aeroméxico por parte del gobierno mexicano en caso de que las cosas empeoren, pues si cuando la economía del país estaba "bien" hubo negativa tras negativa para contribuir a rescatar a la empresa, sin que pareciera importar que se hubieran dejado literalmente en la calle a más de 8 mil empleados que no fueron liquidados, ahora que la crisis económica que se está gestando con la pandemia se antoja de proporciones épicas, resulta estéril creer en la posibilidad de que el Gobierno dé un solo peso para ayudar a las aerolíneas, ni para salvar a Aeroméxico, ni mucho menos para revivir a Mexicana como en algún momento se insinuó.

La situación del mundo de la aviación comercial, cuyos cimientos se sacudieron como nunca lo imaginamos con la crisis sanitaria mundial, implica circunstancias extraordinarias e inéditas, que me temo que quizá ya no permitan que el modelo de las aerolíneas como estábamos acostumbrados sea del todo viable, y veremos muchos cambios decisivos en los próximos meses. Lamentablemente podemos anticipar que no habrá mercado para sostener a todas, donde las más desgastadas como Interjet, que se dice que ya no tiene ni para completar la nómina a tiempo, estarán obviamente en mayor riesgo, y en esta tesitura el concepto de una gran aerolínea de bandera nacional puede que quede inoperante y estemos siendo testigos de su ocaso, lo que de ninguna manera significa que Aeroméxico no pueda resurgir con el nuevo amanecer, totalmente transformada, para ocupar un nicho mejor definido, y sobre todo más rentable, en el mercado de transporte aéreo de México, pero para eso se necesitará de un esfuerzo verdaderamente monumental por parte de sus directivos y empleados.


Saludos

Héctor Dávila

 

AeroMexico787PP

 

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