América Vuela
Septiembre 19 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Para nadie es secreto que las aerolíneas necesitan urgentemente lograr que más pasajeros se animen a volar en la era Covid-19, pues el regreso a las operaciones con capacidades apenas a la mitad de las disponibles antes de la pandemia significa una seria amenaza a la supervivencia de muchas de las compañías aéreas, así como de una gran cantidad de empresas de servicios relacionados.

El enorme reto de la industria aérea no solo se basa en garantizarle al pasajero que el uso del avión es seguro en términos sanitarios, sino también en aprender a competir contra las nuevas fórmulas de negocios no presenciales que con el fenómeno del coronavirus se han extendido mucho más que la propia enfermedad, como el explosivo desarrollo de las juntas, reuniones y entrevistas virtuales vía internet, competencia francamente muy difícil de vencer, además de que la cancelación por todo el mundo de los grandes eventos deportivos, espectáculos y ferias han desinflado una importantísima parte del número de pasajeros potenciales, situación que lamentablemente prevalecerá por muchos meses.

De tal forma, serán muy pocas las actividades donde resulte imprescindible el viajar para un encuentro necesariamente personal, y aunque las aerolíneas estén trabajando duro para tener disponible muy pronto hasta un 75% de la oferta de asientos que tenían en el 2019, con estas condiciones no se esperan factores de ocupación este año más allá de un 58%, en los mejores casos, con muchísimas compañías abandonando definitivamente bastantes rutas.

Pero la recuperación de los clientes de cualquier forma significará un cambio radical en la forma de promover los viajes, concentrando los esfuerzos de seguridad sanitaria en dos frentes: el personal y el empresarial. La importancia de hacer sentir a los pasajeros que volar es muy seguro y que las posibilidades de infectarse a bordo de un avión son minúsculas resulta de capital importancia, con la buena noticia de que, según estudios recientes, las posibilidades de contraer el virus en un vuelo internacional son tan solo de una en cuatro mil (siempre y cuando se usen todas las protecciones incluyendo un protector facial) y hasta de apenas una en siete mil si el vuelo es de menos de dos horas de duración.

La primera línea de defensa es fundamentalmente personal, a nivel del propio pasajero, que de forma individual debe ser consciente de usar todas las medidas de protección, y en este rubro las aerolíneas no pueden llegar más allá de proporcionar a cada usuario un kit de seguridad que incluya desinfectante, cubre boca, protección facial y hasta guantes, como ya lo están haciendo muchas y enfatizando la importancia de usar estos artículos durante todo el vuelo. La protección facial (o careta) junto con el cubre boca es una combinación que deja claro que aún con personas sentadas en un avión a menos de un metro de distancia entre sí es muy poco probable que se dé un contagio, siempre que todos los pasajeros y tripulantes sean disciplinados, y las medidas se apliquen también antes de abordar, durante el desalojo de avión y el tránsito por las distintas áreas de los aeropuertos, como migración, aduana y reclamo de equipaje.

Así podemos ver que la principal responsabilidad recae en la actitud de los propios pasajeros, mientras que a nivel empresarial se deposita toda la confianza en la exhaustiva desinfección de las cabinas entre cada operación y en los ya famosos filtros HEPA, esperando que la constante filtración del aire durante el vuelo contribuya en una muy buena medida a evitar la diseminación del terrible virus.

Pero adicionalmente la industria está reaccionando con soluciones tecnológicas a gran velocidad y ya se están desarrollando nuevos materiales antimicrobianos para construir partes de alto contacto, y así eliminar el peligro del eslabón de seguridad faltante entre la desinfección y el filtrado de partículas de aire, el cual es la posible contaminación con partículas virales de superficies de alto contacto, como partes de baños, lavabos, descansabrazos, manijas y hebillas de cinturones. Esta tecnología es muy prometedora y se basa en una capa protectora de aditivo anti microbios que actúa a nivel celular, integrado en el plástico con que se fabrican cerca de 40 partes diferentes que se han definido como de mucho contacto en las cabinas, como la tapa del inodoro  y demás piezas de los baños, las que se planea que sean reemplazadas gradualmente en todos los aviones. Estos componentes se calcula que serían efectivos inhibiendo los microbios hasta por 15 años y contribuirán en gran medida a minimizar riesgos de contagio durante el vuelo.

Naturalmente el reemplazo de todas estas partes de los interiores de las aeronaves con unas hechas con este novedoso tipo de material, incluyendo mesitas plegables y persianas de ventanas, representará otro importante costo para los ya muy desgastados bolsillos de las aerolíneas, pero no hay duda que las primeras en integrar esta tecnología tendrán un importantísimo punto a su favor a la hora de atraer pasajeros, y eventualmente estos materiales creo que terminarán siendo obligatorios. Con estos avances se podrá sostener que la aviación en todos los aspectos, sigue siendo el mejor y más seguro medio de transporte, solo basta comunicarlo correctamente para que los pasajeros recuperen toda la confianza. Claro, no será de la noche a la mañana, pero ya se está avanzando y a grandes pasos.


Saludos

Héctor Dávila

 

Disinfectant

Imagen: Pixabay

 

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