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Con la opinión de Héctor Dávila

México siempre se ha mantenido descollando entre el segundo y tercer mercado más grande del mundo en aviones ejecutivos, con una flota siempre vigorosa y en gran medida moderna.

Incluso esta flota es bastante mayor de lo que oficialmente se puede decir, pues un buen número de los jets privados propiedad de mexicanos se operan bajo un elusivo esquema de matrícula y bandera norteamericana.

Al margen de esta mala práctica, que de por sí requiere de una solución, la comunidad aeronáutica corporativa mexicana se desmotivó en cierta medida al percibir que el nuevo Gobierno pareciera ser anti-aviación, al pronunciarse el presidente Andrés Manuel López Obrador en contra de usar aeronaves privadas, prohibiendo a todos los funcionarios su uso y aprestándose a vender más de medio centenar de las aeronaves propiedad de la federación, principalmente las de tipo ejecutivo.

Pero pese a esta apariencia, las autoridades federales, encabezadas por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, no son aerofóbicas, por el contrario, tienen un genuino interés en la aviación general y en buscar formas de incentivarla, revertir la tendencia de matricular en el extranjero, eliminar la corrupción y principalmente mejorar la seguridad aérea.
El interés va más allá de los estratos más visibles de la aviación privada, pues están volteando a ver hasta a los más olvidaos y desprotegidos, como los aviones agrícolas y cerreros.

Por supuesto el trabajo de las autoridades no será fácil ni rápido, pero el acercamiento con representantes de reconocido prestigio dentro de la aviación general, que me consta, es un respiro esperanzador para encontrar la forma de preservar y acrecentar el valioso activo con que cuenta México en la forma de su aviación privada, agrícola y ejecutiva.

El deseo del Presidente de vender gran parte de la flota aérea lo motiva algo en lo que no podemos estar más que de acuerdo, y que es acabar con los excesos y corruptelas en el uso de aeronaves oficiales. Pero ¿cómo afectará la puesta de golpe en el mercado de tantas aeronaves? ¿Se caerán las ventas de los fabricantes? ¿Los despidos crearán una crisis de desempleo para el personal aeronáutico? ¿Qué tanto se afectarán los talleres y refaccionarias?

Creo que la disponibilidad de esas aeronaves no afectará a los fabricantes, pues hablamos de un cliente bastante diferente entre aquel que requiere un avión nuevo y el que busca uno usado, además que en el mercado de aeronaves nuevas los instrumentos fundamentales para apuntalar su comercialización son los mecanismos de financiamiento y las garantías, incluso muchos de los vendedores especializados en aviones usados se apoyan en esquemas de financiamiento muy ágiles y prácticos. ¿Podrá el gobierno igualar esas condiciones? Lo dudo.

Me temo que una subasta con aeronaves ejecutivas tan numerosas y costosas no tiene muchas probabilidades de éxito, incluso creo que habrá muy pocos que se atrevan a revelar su calidad de "ricos" mostrándole nada menos que al propio Gobierno su capacidad de pago por varios millones de dólares para adquirir un lujoso jet.
En todo caso creo que las aeronaves que se vendan irán a parar al extranjero y por lo tanto no representarán un impacto para el mercado local.

Así las cosas, me parece que las necesidades de aviones ejecutivos en México seguirán por el camino sano y natural que está previsto por los expertos, con las expectativas de crecimiento y sustitución de flota que tienen bien identificadas. Por supuesto que en lo referente a las probabilidades de ventas a gobierno de aeronaves ejecutivas éstas pueden darse por totalmente muertas, lo que tampoco será causa de impacto negativo porque en el sexenio anterior se compraron demasiadas y, por ser las mismas de tan reciente adquisición, de todas maneras los fabricantes no tenían muchas expectativas de vender al Gobierno más de este tipo de aeronaves en los próximos años.

De hecho las firmas vendedoras de aviones corporativos ven el 2019 con muy buenos ojos y se vislumbran ventas por más de siete mil aviones ejecutivos a nivel mundial de aquí al 2028, con una racha que por fin será a la alta constante en ventas y entregas, gracias a la introducción de nuevos y más eficientes modelos y a la necesidad de la mayoría de los operadores por renovar en promedio un 20% de sus flotas, donde Latinoamérica representa 12% del potencial de este mercado y cuya flota de jets privados se estima que será renovada o ampliada en un 22% durante los próximos cinco años.

Si bien nuestra región no será la más boyante del mundo en cuanto a compras de aviones privados, pues sufrirá una ligera disminución de las ventas y hay que reconocer que en México los operadores muestran por el momento una actitud muy precavida en cuanto a sus planes de adquisición de aeronaves, la posible desaceleración no tendrá que ver directamente con la venta de los aviones gubernamentales.

En cuanto a la afectación a las tripulaciones que eventualmente perderán su empleo, no hay que olvidar que se trata de profesionistas con experiencia, y la industria aérea mexicana, especialmente las aerolíneas, necesitan mucho de este perfil. Probablemente será entre las filas de los pilotos recién egresados de las escuelas donde se sienta una afectación, pero creo que será por muy poco tiempo, pues la aviación mexicana está creciendo a niveles casi sin igual a nivel mundial, y aunque se pueda esperar un asentamiento del crecimiento (que en el último lustro ha sido de más del 10% anual), de todas formas se necesitarán muchos pilotos y muchos técnicos especializados.

Por otro lado, los talleres y vendedores de refacciones que estaban muy especializados en ventas a gobierno creo que serán sin duda los más afectados, pero este cambio de paradigmas los obligará a ser más competitivos y a buscar alianzas con las firmas más sólidas a nivel mundial, para así ofrecer mejores servicios a la creciente aviación civil mexicana, especialmente la comercial, con lo que dado el nivel de crecimiento que he señalado, tienen muy altas posibilidades de permanecer y hasta de crecer.

Francamente pienso que la aviación corporativa en México sigue teniendo un futuro muy brillante, y si bien hay que aceptar que Brasil irá a la cabeza de momento en cuanto a las perspectivas de la aviación de negocios, no hay que olvidar que ser el tercero a nivel mundial en este rubro es a todas luces algo estupendo.
Pero lo más importante, las máximas autoridades de aviación civil mexicanas han manifestado tener la voluntad de apoyar a la aviación general, para que no corra peligro.
Espero de corazón que así sea, y puedo asegurar que me han dado la oportunidad de estar cerca de este proceso, del que estaré muy al pendiente de sus avances y tropiezos...


Saludos

Héctor Dávila

 

Global

Foto: Bombardier