1134

Con la opinión de Héctor Dávila

Las aeronaves de alas rotativas, esos complejos aparatos llamados helicópteros, pese a muchos notables intentos, son las únicas naves que realmente dominan el vuelo vertical con todas sus maravillosas aplicaciones, como ojos vigilantes en el cielo, bomberos aéreos, salvando vidas en espectaculares rescates e impulsando el desarrollo de todo tipo de industria.
Los aviones de despegue y aterrizaje vertical, como el famoso Harrier inglés, o los prometedores convertiplanos, como el todavía futurista V-22 Osprey, aún no han podido desarrollarse tanto como se esperaba y se han quedado muy lejos de realmente poder sustituir a esa suerte de libélula mecánica que es muy común ver surcar los cielos de todo el planeta.

Las expectativas del mercado de helicópteros se presentan muy alentadoras a nivel global, y aunque la mayoría de las nuevas proyecciones a largo plazo se han ajustado un poquito a la baja, las esperanzas de reemplazo y crecimiento de las flotas mundiales son muy buenas y se pronostica un crecimiento constante en todos los mercados de helicópteros del mundo.

En general los diferentes estudios prevén que tan solo en los próximos cinco años se requieran al menos cuatro mil helicópteros civiles nuevos, pues se espera que en todo el mundo las renovaciones y aumento de la flota de helicópteros sea de un saludable 14%, siendo territorios como los de Asia los que se revelan como de gran potencial para el desarrollo y aplicación de estas máquinas voladoras, llegando regiones como Estados Unidos y Canadá a tener expectativas de renovación de flota de más del 18% durante el próximo lustro.
Pero para nosotros, si bien no hay malas noticias, las perspectivas de crecimiento serán las más bajas, pues en toda Latinoamérica la expectativa será solamente de un 9 o 10% en el mejor de los casos, principalmente porque los operadores de helicópteros de México y Brasil ven en sus nuevos gobiernos condiciones poco alentadoras para el desarrollo, un cambio drástico con respecto a lo que se pronosticaba hace apenas un par de años.

En Brasil, donde las operaciones son muy numerosas (de hecho São Paulo es la ciudad con más helicópteros del mundo, más que Nueva York o Londres, con alrededor de 500 de estas aeronaves en servicio) las tensiones políticas y bajas proyecciones de crecimiento económico, junto con la crisis en la vecina Venezuela, no permiten prever un crecimiento mayor al 5%.

En México pasa algo similar, pues la política del Presidente de rehusarse a usar aeronaves privadas, junto con la imitación de tal ejemplo por parte de casi todos los gobernadores de los Estados, presumiendo un nuevo estilo de austeridad republicana, han puesto muchos helicópteros en tierra y dado al traste por completo con las posibilidades de nuevas compras de aeronaves ejecutivas de este tipo a nivel gubernamental.

Las principales misiones para las que se requerirán helicópteros a nivel mundial son las de tipo petrolero y las de seguridad, pero las condiciones políticas en México, con la nada buena situación por la que pasa PEMEX, lamentablemente no se alinean adecuadamente a este modelo predictivo.
Aunque hay Estados mexicanos a los que les hace falta un helicóptero para tareas policiales o de lucha contra incendios, la disponibilidad de muchas de estas aeronaves puestas al remate en otras jurisdicciones o a nivel federal, darán finalmente un resultado negativo.

Pero no hay que subestimar el poco crecimiento que se espera, pues al fin y al cabo es crecimiento, y una flota de más de 700 helicópteros civiles, más otros 170 militares y navales, como la que tiene actualmente México, es en sí misma a todas luces un muy importante nicho de oportunidades, pues está entre las diez más grandes flotas de ala giratoria a nivel mundial, y lo que crezca será por supuesto muy bueno.

Pero como en el resto de la aviación, uno de los principales retos a vencer será la procuración de pilotos capacitados en mayores cantidades. Las aeronaves de ala rotativa se han sofisticado notablemente, y su tecnología en aviónica, sistemas y motores es equiparable a la del avión más moderno, por lo que un piloto de helicóptero requiere igualmente de mucha capacitación, a un costo bastante mayor, sobre todo en su etapa de formación.

Ya he señalado antes que es preocupante la crisis de seguridad aérea que se vive en México, donde los accidentes de casi todos los tipos de aviación han aumentado en los últimos tres años, cuando en contraste la tendencia mundial ha sido constantemente a la baja. En los helicópteros mexicanos el número de los accidentes se ha mantenido muy estable, lo cual no es nada halagador si comparamos con regiones como Europa, donde este tipo de percances han disminuido hasta más del 30%, mientras que la relación de estos accidentes con irregularidades en las capacidades y licencias de los pilotos es muy alta en nuestro país.

Lo primero que salta a la vista es que hay muy pocos helicópteros de escuela en México y lo que vuelan es totalmente desproporcionado al número de pilotos comerciales de ala rotativa que se incorporan a la industria, lo que nos hace dudar mucho sobre de dónde salen tantos pilotos y dónde se forman, pues pareciera que existe una gran corrupción detrás de la obtención de licencias y capacidades de este tipo.
La Fuerza Aérea Mexicana provee un buen numero de los pilotos, pero sus métodos de formación básica toman mucho tiempo, a un ritmo mucho menor a la demanda, además de que esos pilotos se requieren para estar en servicio con la milicia por largo plazo, por lo que un piloto militar de helicóptero rara vez se puede incorporar al medio civil en menos de diez años a partir de que ingresa a la escuela.

Así las cosas, el encontrar un método eficaz y rentable para formar los pilotos de helicóptero altamente preparados que requerirá México, abatiendo los entrenamientos y capacidades "balines" y las malas prácticas de ir formándolos de "cachuchazo", será el principal reto de este sector de la industria aérea.

Aquí es donde la comunidad de ala rotativa tiene una gran responsabilidad, con la oportunidad también de organizar mejor su sector y lograr que las particulares condiciones de operación de los helicópteros sean consideradas por las autoridades dentro de sus planes para la creación de la Agencia Federal de Aviación Civil, pues es muy evidente la necesidad que existe de contar dentro de esta nueva entidad con un área especializada en este particular y muy necesario tipo de actividad aérea.

Pero la principal pregunta en el medio de los helicópteros en México continúa siendo: ¿habrá alguien, institución, asociación civil o persona física, que asuma estos grandes retos y oportunidades? ¿O seguirán siendo los helicópteros algo así como el descuidado patito feo de la industria aérea mexicana?

 

Saludos

Héctor Dávila

 

Edit10Mar

Archivo de Comentarios Editoriales