América Vuela
Mayo 29 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Me invitó a comer el Director Editorial de un importante periódico, y durante la agradable reunión el anfitrión, suponiendo que estoy muy bien informado sobre todas las vicisitudes de la aviación mexicana, me soltó la pregunta mirándome como si mi respuesta fuera a ser un veredicto revelador: ¿se va o no a construir el aeropuerto civil en Santa Lucía? Y más importante, de llegar a construirse ¿funcionará realmente?

Vaya predicamento, una pregunta que ya se está volviendo capciosa. Una cuya respuesta se complica dado el momento por el que pasa toda la aviación, en que parece que solo hay malas noticias: que si ya no se pueden obtener certificados de aptitud médica con terceros autorizados, que si Emirates le viene a comer el mandado a Aeroméxico, que si las aerolíneas se juegan sucio robándose unas a las otras pilotos y sobrecargos, que si es cierto que Interjet, Aeromar y Magnicharters están para llorar, que si las políticas gubernamentales sobre el uso de aeronaves están matando a la aviación ejecutiva, que los vuelos ilegales y de cabotaje están imparables, que la turbosina está carísima, que si la contratación a granel de pilotos casi sin experiencia y sin filtros ya es un riesgo para la seguridad aérea, tanto como la saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), donde el número de aterrizajes abortados y otros incidentes ya rebasan todos los límites prudentes. Y ni mencionar los problemas de alcance mundial, que también nos afectan, como la ya muy prolongada crisis del Boeing 737 MAX.

He tenido la oportunidad de escuchar los puntos de vista de personas realmente involucradas de cerca tanto en el malogrado proyecto de Texcoco como en el nuevo plan del Sistema de Aeropuertos Metropolitano AICM-Santa Lucía-Toluca, y en ningún caso las dudas me han quedado totalmente despejadas. También pude asistir junto con destacados especialistas de la aviación mexicana a la presentación de las soluciones de tránsito aéreo desarrolladas por NAVBLUE para el gobierno, y aunque la compleja telaraña trazada para que puedan coexistir los vuelos del AICM con los de Santa Lucía a unos les pareció razonable, a otros igual de doctos les pareció una locura, según las impresiones que pude recabar.

Además, con la guerra legal desatada contra el proyecto gubernamental por los que el Presidente llama "sus adversarios de la mafia del poder", hacer un pronóstico sobre el futuro Aeropuerto Internacional de la gran metrópoli mexicana se complica aún más, ni siquiera resulta fácil hacer una "suposición informada", algo así como tratar de adivinar basados en la información disponible, como apostar a los caballos, pero con menos probabilidades de acertar a los resultados.

Así que para tener una respuesta simple, opté por tomarle la palabra a una amiga, de esas afectas a la metafísica y el esoterismo, que me platicó que iría a consultar a una pitonisa muy acertada, por lo que le pedí que preguntara qué va a pasar con todo este embrollo. La vidente le contestó que las cartas echadas decían claramente que nunca iba a haber funcionado un aeropuerto civil en Santa Lucía, que ese asunto tenía una maldición encima. Para como van las cosas, ya estoy empezando a creer en este locuaz vaticinio...

Pero vaciladas a parte, ahora que el gobierno esgrime razones de seguridad nacional para inclinar a su favor la decisión de los jueces para poder iniciar los trabajos en Santa Lucía, lo que seguramente provocará que el pleito legal continúe ante más altas instancias, francamente parece que el candente tema de la solución a las necesidades aeroportuarias del Valle de México sí está bajo algún tipo de embrujo, y no se ve que llegue ningún príncipe de reluciente armadura a romper el hechizo.

El propio gobierno puso recientemente como ejemplo de la maña detrás de Texcoco al espléndido aeropuerto Daxing de China, que se hizo en menos de cinco años, mientras se dice que el corrupto gobierno de Peña Nieto en ese mismo tiempo apenas logró avanzar 20%, pero paradójicamente en su primer año la actual administración no ha avanzado casi nada, tropezándose con los obstáculos que le ponen por no tener en tiempo y forma todos los estudios necesarios y aún no hemos visto un anteproyecto que se vea más allá de simples dibujos conceptuales.

La semana pasada, que tomaba el tema de la inconformidad de los pilotos por la decisión de la Dirección General de Protección y Medicina Preventiva en el Transporte (DGPMPT), de cancelar más de 300 consultorios terceros autorizados para realizar las evaluaciones de aptitud psico-física para tripulaciones, bajo el único argumento de que eran corruptos, recibí una carta de un apreciable lector, un médico retirado, que señala certeramente que también es un acto de corrupción tan grave como robar o defraudar el de destruir lo construido. Que si hay corruptos se les exhiba y se les castigue con severidad, pero destruir la infraestructura que a todos nos ha costado tanto y que significaba un avance solo porque se dice que hay corrupción es inaceptable. Coincido con este razonamiento, me parece irresponsable suspender todo un proyecto y afectar a quienes se deben en primer lugar (a los usuarios), incluso aunque se argumenten motivos de seguridad. ¿Por qué no denunciar penalmente a los corruptos y simultáneamente buscar continuidad en algo que es tan necesario?

Tan fácil que hubiera sido convencernos a todos de que Texcoco no funcionaría. Por poner un solo ejemplo se nos dijo que las pistas se hundirían irremediablemente, pero no se convocó a los mejores y más prestigiosos grupos de ingenieros civiles para constatarlo y demostrarlo públicamente, tampoco se ha dicho quiénes son los corruptos que desde el gobierno se aprovecharon de este carísimo megaproyecto, mucho menos existe denuncia contra ninguno de ellos y tampoco parece que hubieran sido analizadas seriamente las alternativas para evitar la cancelación de la obra, como concesionarla a un particular; solo sabemos que costó miles de millones cancelarla y muchísimo tiempo perdido. Y el tiempo se acaba.

Hay gente muy capaz trabajando para que el proyecto aeroportuario lopezobradorista cobre vida, aunque parezca un monstruoso y antinatural Frankenstein hecho de varias partes inertes, pero francamente creo que como van las cosas, difícilmente una terminal aérea comercial funcional estará en servicio en Santa Lucía en menos de dos o tres años, y si las cosas se complican aún más es muy probable que se acerque el fin del sexenio antes de que el llamado Aeropuerto Internacional "General Felipe Angeles" funcione a plenitud, y ya sabemos lo que puede pasar en un cambio de gobierno. Pero lo peor, el proyecto Santa Lucía-AICM parece más un paliativo que una solución a largo plazo, pues difícilmente resolverá las necesidades de la aviación por más de diez años, cuando tendremos que regresar al punto en que estábamos casi dos décadas atrás, preocupados por resolver la saturación aérea de la capital del país. Y eso sin contar con que quizá la adivina tenga razón...


Saludos

Héctor Dávila

 

EditLucia

 

 

 

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