América Vuela
Diciembre 10 ,2019

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Con la opinión de Héctor Dávila

Muy feliz se vio al presidente Andrés Manuel López Obrador en Santa Lucía, presumiendo en la víspera de cumplir un año en el Poder "lo admirable que se ha hecho en poco tiempo en el aeropuerto más grande que se esté construyendo en el Continente Americano", asegurando que se va a cumplir en tiempo, forma y presupuesto, soltando como corolario que en su proyecto solamente se tuvieron que excavar 4 metros para llegar a firme, mientras que en Texcoco se iba a encontrar piso sólido hasta los 20 metros y que "allá en Texcoco era fango".

El Presidente cumplió su promesa de cancelar la construcción del monumental aeropuerto peñista y prácticamente ya venció toda la resistencia que se oponía a su polémico plan aeroportuario, pero más allá del acaparador tema Texcoco/Santa Lucía, hay que preguntarnos: ¿cómo le ha ido a toda la aviación en este primer año de la Cuarta Transformación?

La aprobación en general de la que goza el actual Presidente mexicano es innegable, y aunque esta ha disminuido un poco aún está en un envidiable 68%, pero dentro de la comunidad aeronáutica se percibe entre los profesionales de la aviación una clara opinión no muy favorable hacia el plan gubernamental. Sin embargo, la valiente pero inútil crítica sobre la viabilidad al proyecto aeroportuario presidencial, esgrimida por organizaciones como la Asociación de Pilotos Aviadores de México, los Colegios de Pilotos e Ingenieros Aeronáuticos, funcionarios de empresas entre las que destaca Aeroméxico, y muy en particular la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), le han dejado a esos grupos un costo político que tal vez no puedan solventar, ya que por ejemplo, creo que Aeroméxico y sus pilotos tendrían más el apoyo de "papá gobierno" en sus problemas "por las buenas", que tratando de obtener sus favores pataleando y haciendo berrinche; no por nada sus aspavientos han sido inútiles para frenar la llegada a México de Emirates, y como para hacerlos sufrir más, hasta el Presidente se ha pronunciado a favor de ayudar a Interjet a salir adelante de sus dificultades.

Con la IATA el desaguisado es peor, pues sus representantes no han cesado en aprovechar cada foro o entrevista para descalificar el proyecto de Santa Lucía y señalar que aún no está bien resuelta la problemática de control del espacio aéreo, posicionamiento que creo que ya llegó demasiado lejos, pues francamente se esperaría que una organización internacional de ese tipo se pronunciara por cooperar mejor con una decisión ya muy clara y firmemente tomada por un Estado, en vez de oponerse con tanto tesón, pues finalmente el gobierno mexicano será el único responsable de las consecuencias de tales decisiones, y ya no tiene caso seguir engordando el costo político que he señalado, y que tarde o temprano les pasará factura.

Al respecto fue muy claro el mensaje de Andrés Manuel López Obrador en su primer informe de gobierno, donde sentenció que: "Enfrentamos con éxito la actitud obstinada, caprichosa de los conservadores corruptos que recurrieron al sabotaje jurídico en la construcción del Nuevo Aeropuerto Felipe Ángeles, para lo cual presentaron 103 amparos con el propósito de evitar que iniciáramos los trabajos en Santa Lucía, no pudieron" y "Se impuso la razón y el derecho y ya comenzó esta importante obra, los ingenieros militares me han asegurado que inauguraremos el nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México el 21 de marzo de 2022".

Pero dejando atrás el ya tedioso tema de la solución aeroportuaria para el Valle de México, hay que mencionar que en este primer año del sexenio se tomaron importantes decisiones para recuperar el liderazgo dentro del sector aeronáutico a favor de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), algo que a la sombra de las broncas de Santa Lucía y Texcoco ha pasado un poco desapercibido, pero que es de capital trascedencia.

Tanto la aviación comercial de transporte público de pasajeros (las aerolíneas), como la llamada industria aeroespacial (la de fabricación de componentes aeronáuticos) han tendido un crecimiento espectacular en México durante la última década, crecimiento que se ha dado en gran parte gracias a condiciones naturales de este país, y no precisamente por la acción directa del gobierno como se nos quiso hacer creer en los sexenios anteriores. Por ejemplo, estoy seguro que sin las condiciones geográficas y de mano de obra calificada y barata que privilegian a México no se habrían interesado las empresas aeroespaciales extranjeras en establecer sus maquiladoras aquí, es simplemente una característica básica de la vida de los mercados: la oferta y demanda.

Este crecimiento "orgánico" de la industria aeroespacial fue ignorado por las autoridades de la SCT en el sexenio pasado, excepto cuando querían "embellecer" sus informes públicos y presumir el gran crecimiento de la aviación, al que casi nada aportaron, situación que aprovecharon otras entidades, como Economía con su Proméxico, Turismo y hasta la Secretaría de la Defensa Nacional, para tratar de robarse la paternidad de ese éxito, cometiendo muchos errores y abusos pretendiendo ser los líderes del sector aeronáutico, pero estoy convencido de que ese papel corresponde sin lugar a dudas a la SCT con sus organismos especializados, como Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), los Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (SENEAM) y muy especialmente con la nueva Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC).

Justamente la creación de la AFAC es lo mejor que pasó en este año en materia de aviación, porque mucho más que obedecer simplemente a un requisito para que Estados Unidos no degrade a México a Categoría 2, como en algunas partes se ha dicho con superficialidad, es en realidad un paso fundamental para contar con un organismo gubernamental que realmente puede desarrollar las políticas de Estado en materia de aviación, establecer las pautas certificadoras para la industria aeroespacial y tomar las riendas del liderazgo de la industria aérea. Y muy importante: impulsar a la aviación general; pues así como las aerolíneas y las fábricas de componentes aeronáuticos son muy sanas y en general van muy bien casi solitas, en contraste el resto de la aviación necesita mucha atención.

La decisión de este gobierno de no usar aeronaves ejecutivas impactó muy negativamente a los taxis aéreos, cuya clientela en buena medida eran funcionarios oficiales. Igualmente los proveedores como vendedores de partes y talleres han visto caer la facturación, pues gran parte de la enorme flota aérea gubernamental mexicana ha dejado de volar (aunque no se ha vendido ni una de las 72 aeronaves que hace un año el gobierno prometió vender, incluido el TP-01). Este impacto, junto con la falta de programas para impulsar a la aviación general, quizá es lo peor que la ha pasado a la industria aérea en este primer año del presidente López Obrador, y que no se ha notado mediáticamemte por la fuerte distracción que han generado los temas de aeropuertos.

La comunidad de aviación general mexicana está muy preocupada y ve su futuro con incertidumbre, pues aún cuando se habla de planes en aeropuertos como el de Toluca, que tiene vida solo gracias a la aviación privada, ni siquiera se les menciona.

Sé que en la SCT tienen interés en la aviación general y en cómo encontrar fórmulas para apoyarla, y hasta consideran que exista este tipo de aviación en el nuevo Aeropuerto Internacional de Santa Lucía, pero aún no han podido establecer un lazo de óptima comunicación con este importante sector de la industria aérea, lo que será una de las tareas prioritarias de la AFAC.

Este primer año fue de intenso debate y hasta confrontación, pero ya el camino es claro. Para bien o para mal, la ruta hacia el modelo de infraestructura aeronáutica está trazada, y aunque al parecer de muchos actores importantes de la aviación no se trata de la mejor opción, por otro lado aspectos como la transformación de la autoridad aeronáutica deben ser reconocidos y apoyados para que nuestra aviación cuente ya con un liderazgo lógico, comprometido y competente, que no se vaya por el camino fácil de ufanarse de los éxitos de las aerolíneas más fuertes o de las espectaculares fábricas de capital extranjero, sino que se preocupe sinceramente también por las necesidades y problemáticas de los helicópteros, las escuelas de aviación, los talleres, los taxis aéreos, los pilotos agrícolas, deportivos y privados que son las bases de una industria aeronáutica verdaderamente sólida.


Saludos


Héctor Dávila

 

Edit2DicD

 

 

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