América Vuela
Agosto 13 ,2020

1420

Con la opinión de Héctor Dávila

El horror en su máxima expresión: 176 personas asesinadas por el disparo de misiles antiaéreos contra un avión comercial. Síntoma de la locura de un mundo con extremos violentos cegados por diferencias que parecen irreconciliables y cuyo único desahogo parece ser, lamentablemente, el discurso de la agresión, como síntoma desesperanzador de que la humanidad aún no se cura de sus peores males.

¿Cómo puede suceder algo así? ¿Cómo pueden los servidores de una batería antiaérea de alta tecnología (9K331 Tor-M1 de fabricación rusa) confundir un avión de aerolínea que recién despegó, con un misil crucero que a todas luces es más pequeño y en esa fase de vuelo mucho más rápido? La situación de alerta máxima, digamos paranoica, de los iraníes ante un posible ataque de represalia norteamericano en respuesta por los misiles que instantes antes lanzaron contra bases en Irak nunca será una explicación aceptable, ni mucho menos justificación.

Resulta obvio que el peor uso de la tecnología aeronáutica es el bélico, y aunque es inevitable, dada la volátil naturaleza humana, que se den encontronazos entre rivales en disputa, como los que hemos visto en Medio Oriente, donde las fuerzas aéreas son decisivas, el seguir viendo que estos absurdos conflictos arrastren tantas víctimas inocentes, es francamente demasiado.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial unas 30 aeronaves civiles han sido atacadas por fuerzas militares en confusos incidentes de violación de espacios aéreos, pero el número de aviones de aerolínea destruidos por un error de la clase del que vimos sobre Teherán el pasado 8 de enero ha sido afortunadamente muy pequeño, destacando el derribo en 1988 de un Airbus A300 de Iran Air, con 290 personas a bordo, por un misil disparado desde un buque norteamericano, y la destrucción en 2013 de un Boeing 777 de Malaysia Airlines por el impacto de un misil sobre Ucrania, muriendo 298 personas, tragedias a las que se sumó la destrucción del Boeing 737 de Ukraine International Airlines.

Por lo menos en este último caso no pudo amordazarse la verdad, y gracias a que parece que en todo momento y en todas partes alguien está grabando un vídeo, casi inmediatamente pudo comprobarse qué fue lo que le ocurrió al avión, y los gobernantes iraníes tuvieron que aceptar la responsabilidad y prometer castigo a los culpables del "error", donde me parece que simplemente se buscará crucificar al pobre diablo que apretó el botón, como sucedió en el caso del 777 de Malaysia Airlines en que cuatro personas están acusadas de asesinato, y no a los verdaderos responsables de este crimen, que son los líderes de los gobiernos violentos que crearon el insensato estado de tensión bélica, sin tomarse la molestia de considerar la presencia de aviones civiles en la zona y hacer algo para prevenir una tragedia, como ordenar retrasar o suspender los vuelos.

El factor de tecnología aeroespacial ha estado presente en todo este drama: fueron satélites y vehículos aéreos no tripulados norteamericanos MQ-9 Reaper los que detectaron y bombardearon al general iraní Qasem Soleimani en primer lugar, lo que llevó a la "venganza" del gobierno de Teherán con la operación "Mártir", lanzando una decena de misiles balísticos Fateh-110 contra dos bases usadas por fuerzas de Estados Unidos en Irak, acción por la que los iraníes esperaban un posible contraataque, el cual muy estúpidamente confundieron con un inocente avión comercial que apenas había despegado de su propio territorio.

La aviación ha llegado a niveles de seguridad maravillosos, pero se ha empujado tanto el límite de la tecnología tratando de hacerla aún más segura que quizá se está volviendo demasiado compleja, al grado de que se está complicando mucho realmente lograrlo. Se dispone de sistemas antiaéreos muy sofisticados, capaces como nunca de detectar, identificar y derribar con tremenda facilidad una aeronave, pero tal tecnología ya vemos que, pese a lo costosa, no es realmente capaz de poder evitar que se cometan errores garrafales.

Este problema de rebase de los límites tecnológicos con resultados negativos en la aviación se está volviendo muy común, por ejemplo el carísimo avión de combate furtivo Lockheed Martin F-35 Lightning ll nomás no queda y su puesta en servicio está plagada de fallas técnicas como ningún otro avión en la historia, y su supuesta tecnología superior no parece estar realmente representando una ventaja con respecto a los aviones de la generación del F-16 a los que pretende reemplazar, cuyo trabajo no se ve que vaya a poder realizar mejor, especialmente considerando lo que ha costado su dilatado desarrollo.

Algo parecido sucede con los nuevos Airbus A220 y los últimos modelos del A320, cuyos motores no han parado de dar dolores de cabeza, sin mencionar otros aviones como los Sukhoi Superjet que técnicamente dejan mucho que desear; y por supuesto, el mayor ejemplo es el trágico caso del Boeing 737 MAX, modelo que por intentar estirase los límites de su diseño buscando hacerlo mejor y más competitivo ha resultado quizá en el fiasco más grande en la historia de la aviación. ¡Y lo que nos espera! con la presión social de desarrollar urgentemente aviones con nuevas tecnologías propulsoras que puedan disminuir drásticamente los niveles de contaminación.

Los retos para la industria aeroespacial son enormes en este contexto, mayores a todos lo enfrentados con anterioridad, pues actualmente todos esperamos y merecemos cielos totalmente seguros y pacíficos, aunque siendo como es la naturaleza humana, la duda es si algún día realmente se podrá lograr...


Saludos


Héctor Dávila

 

 

Fateh 110P

 

Archivo de Comentarios Editoriales