América Vuela
Febrero 26 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

El fracaso en encontrarle cliente al famosísimo avión presidencial que el gobierno mexicano ha querido vender desde hace poco más de un año se ha vuelto "trending topic", acaparando los titulares de todos los medios nacionales, generando una cascada de cómicos "memes" y convirtiéndose en tema popular en todos los círculos sociales. Bueno, ya hasta le compusieron una cumbia y la conocida revista Letras Libres convocó a un concurso de cuento sobre la polémica aeronave, aunque el mejor "cuento" se lo echó el vocero de la Presidencia, quien aseguró apenas 15 días antes que el avión no regresaría a México, aún cuando ya circulaban fuertes rumores indicando lo contrario.

Quizá muy precipitadamente, para presumir el cumplimiento inmediato de la promesa de campaña donde estigmatizó al Boeing 787 TP-01 como símbolo del derroche de regímenes anteriores, el presidente Andrés Manuel López Obrador mandó sacarlo y ponerlo en Estados Unidos a la venta, como supuestamente se haría con otras 71 aeronaves del gobierno que consideró totalmente innecesarias. Hasta ahí podría verse esto como una movida políticamente exitosa, si se hubiera dejado de hablar del tema y puesto el avión en manos de verdaderos expertos en la comercialización de aeronaves, dejando pasar silenciosamente el tiempo necesario para que se vendiera.

No sé si en el círculo de asesores cercanos al Presidente se pecó de ingenuidad, creyendo que el avión se vendería rápido, pero ni el tiempo transcurrido ni los 30 millones de pesos que ha costado el tenerlo allá parado son, dentro del medio aeronáutico, algo fuera de lo normal en el proceso de venta de algo semejante. La verdad es que no es raro que aviones tan caros tarden años en venderse, incluso en el negocio inmobiliario pasa lo mismo con las propiedades más costosas. Me parece que se desesperaron muy pronto y ahora quieren deshacerse de él cuanto antes, desesperación que está llevando a la elucubración de ideas algo disparatadas, como proponer rifar el Boeing a través de la Lotería Nacional o convocar a una docena de empresarios y convencerlos de hacer una "coperacha" para que se lo queden en un modelo de tiempo compartido, aceptar el pago en especie y hasta rentarlo por hora.

Toda esta lluvia de ideas, algunas francamente descabelladas, sobre el posible destino del avión presidencial, si no es que en realidad son una jugada maestra del astuto López Obrador para controlar la agenda del país distrayendo con un tema irrelevante, nos llevan a preguntaros qué tan difícil es realmente vender una aeronave así.

El Boeing 787-8 Dreamliner matrícula XC-MEX, bautizado "José Ma. Morelos y Pavón" alias TP-01, sin lugar a dudas es un avión que representa lo más moderno de la tecnología aeronáutica civil, pero está terminado en una configuración ejecutiva y adolece de ciertas limitantes técnicas, incluyendo su peso, que hacen económicamente inviable convertirlo para servicio de aerolínea comercial, por lo que su uso será siempre netamente ejecutivo, pero para el que indiscutiblemente existe un mercado.

En los últimos 20 años Boeing y Airbus han vendido más de 500 aviones de "tipo aerolínea" en configuración ejecutiva VIP, a través de sus divisiones Boeing Business Jet (BBJ) y Airbus Corporate Jets (ACJ), incluyendo ejemplares de casi todos sus modelos, desde los 737 y A318 hasta los gigantones Jumbos 747 y A350. Concretamente BBJ ha recibido 16 pedidos por aviones 787 muy similares al mexicano en configuración VIP, dos de los cuales se vendieron apenas en octubre pasado en más de 250 millones de dólares cada uno, al mismo tiempo que el TP-01 estaba disponible al precio "ganga" de 130 millones de dólares (su costo original fue de 218 millones de dólares), lo que es prueba de que sí hay clientes para un avión de esta clase.

Me parece que el avión presidencial mexicano no ha sido puesto en manos verdaderamente profesionales para su venta, lo que además no hubiera requerido que fuera sacado del país, dado que México ha sido por décadas el segundo mercado de jets ejecutivos del mundo, por lo que creo que aquí sobran expertos en la comercialización de aeronaves corporativas, pero se nota a leguas que el dichoso Boeing no ha estado a cargo de las personas correctas para tal misión, incluso el nuevo folleto que publicaron promoviéndolo es una cosita que desborda ingenuidad e improvisación, con frases publicitarias muy básicas y simplistas, que evidencian que detrás de este esfuerzo no hay gente que sepa vender aviones.

Además, hay que recordar que a la sombra de la nave insignia presidencial hay otras 71 aeronaves que supuestamente están en venta también desde hace un año y de las cuales no se ha vendido ni una sola, lo que está representando un costo estrepitosamente alto en todos los aspectos, con aviones y helicópteros muy caros sin estar usándose, como el Boeing 757, el Boeing 737, varios Bombardiers y Gulfstreams (incluyendo el que se usó para ir por Evo Morales) o helicópteros Airbus Super Puma y Leonardo/Agusta.

Imaginemos el costo de conservar esa enorme flota aeronavegable y asegurada; simplemente hablando del TP-01 y los otros Boeing de la flota (los TP-02 y TP-03) se debe estar pagando de seguro, sin considerar que vuelen, alrededor de un millón de dólares de prima anual por los tres, lo que se iría al doble si se volaran, y fácilmente cuesta la misma suma tenerlos en hangares adecuados para equipo de ese tamaño, sin contar el mantenimiento de preservación. Tomando como referencia lo que la Fuerza Aérea Mexicana paga en promedio de seguro por aeronave, los 72 aviones y helicópteros que el gobierno mexicano quiere vender podrían estar costando al año, solamente de seguros, unos 12 millones de dólares.

Vender el TP-01 y todo su séquito de lujosas aeronaves ejecutivas gubernamentales a muchos les parece un capricho absurdo del presidente López Obrador, agravado por el tremendo coste de tener esa flota inmovilizada, pero no se debe olvidar que este problema lo originaron gobiernos anteriores, los que derrocharon más de 10 mil millones de pesos comprando esas aeronaves en forma verdaderamente caprichosa, pues creo que de haber habido mesura en la adquisición de equipo de vuelo no tendríamos ahora este dilema, sin mencionar la clara corrupción que se sabe que hubo detrás de la compra y operación de algunas de esas máquinas.

De hecho la historia de la aviación presidencial mexicana moderna ha sido toda una secuencia de caprichos. El primer jet TP-01 fue un pequeño y razonable BAe HS.125-400A bautizado "Miguel Hidalgo" y apodado el "Topo Gigio", adquirido en 1972, el cual era muy adecuado para transportar al entonces presidente Luis Echeverría Alvarez con seguridad y rapidez dentro del territorio nacional, y para los viajes internacionales se acostumbraba fletar uno de los McDonnell Douglas DC-8 o DC-10 de Aeroméxico, así como un BAC One-Eleven privado. Cuenta la leyenda que el presidente José López Portillo encolerizó de celos cuando llegó a una reunión cumbre con importantes empresarios y vio que todos llegaban en aviones más grandes, como Grumman Gulfstreams y Lockheed JetStars, por lo que lanzó la maldición de que nadie podía tener en México un avión más grande que el del Presidente, apurándose a ordenar la compra del primer Boeing 727 (bautizado "Quetzalcóatl") y se inició así la era de oro del Grupo Aéreo de Transportes Presidenciales, que llegó a caracterizarse por tener una de las flotas más grandes y lujosas de su tipo en el mundo, operando de todo, desde estilizados Learjets, Turbo Commanders y King Airs, pasando por impresionantes Gulfstreams III, IV y V, hasta cargueros Hércules, además de los Boeing 727, 737, 757 y por supuesto el escandaloso 787, sin olvidar montones de helicópteros VIP Puma, Super Puma y Agusta, en un despliegue aéreo que en retrospectiva no puede calificarse menos que de imperdonable capricho de una clase gobernante abusiva, dadas las carencias que históricamente se han vivido en un país como México.

En el otro extremo, por supuesto creo que también es bastante caprichoso no querer usar ningún tipo de aeronave para apoyar el transporte del Ejecutivo Federal, pues para su eficiencia y seguridad es indiscutiblemente necesario, y como he mencionado muchas veces, no se vería nada mal que el Predidente usara como transporte principal uno de los más nuevos Gulfstream que ya se tienen, mientras que para los trayectos cortos serviría muy bien el Beechcraft King Air 350 que está nuevecito, además de un par de helicópteros, lo que resultaría muy conveniente y económico.

Pero regresando al tema de la venta del Dreamliner presidencial, creo que los principales "handicaps" para lograrlo son que se ha hecho demasiado famoso, demasiado público, ya que el que busca una adquisición así desea discreción y anonimato, junto con que el Gobierno ya se ha mostrado muy desesperado por venderlo rápido, lo que lo abarata, además claro del enredado asunto de que el financiamiento del avión, a través de Banobras, aún está corriendo. Pero por otro lado están las ventajas precisamente de su bajo precio y disposición inmediata, por lo que creo que tarde o temprano aparecerá un cliente serio. Mientras tanto, de lo que podemos estar bien seguros es de que "el cuento" del avión presidencial continuará, y seguramente está por verse lo más interesante...

 

Saludos


Héctor Dávila

 

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