América Vuela
Agosto 13 ,2020

6818

Con la opinión de Héctor Dávila

Aún no se resuelve la crisis 737 MAX y el recuento parcial de los daños es devastador; por primera vez en más de dos décadas The Boeing Company cierra un ejercicio con pérdidas, y hablamos de pérdidas terribles, tanto en lo económico como en su imagen pública y corporativa. Para darnos una idea de lo grande que es el desastre por el que pasa Boeing, basta mencionar que Steven Munchin, secretario del Tesoro, estimó que solamente por este motivo el crecimiento de la economía en los Estados Unidos durante el año 2020 se verá afectada en medio punto porcentual.

Los inversionistas están escandalizados (y muy preocupados) por los 636 millones de dólares en pérdidas netas sufridas el año pasado por la compañía basada en Chicago, cifra que para dimensionarla bien hay que compararla en contraste con las fabulosas utilidades obtenidas por Boeing apenas doce meses antes, que en 2018 fueron de más de 10,500 millones de dólares. Tan solo la división comercial perdió por culpa del descalabro 737 MAX la friolera de 6,700 millones de dólares y debido a que tuvo que suspender la producción y entregas del infeliz avión, de los que unos 400 ejemplares están guardados sin poder ser entregados a sus furibundos clientes, los ingresos cayeron 24% y se estima que todavía se tendrán que pagar unos 2,600 millones de dólares adicionales en compensaciones a las aerolíneas, si es que el problema se resuelve pronto.

Así, bajita la mano, sin considerar los gastos de litigios derivados de las demandas presentadas por los deudos de las víctimas de los dos terribles accidentes que desataron la crisis, Boeing ya habría gastado casi 20 mil millones de dólares tratando de resolver su desastrosa situación y poner de nuevo a los 737 MAX en el aire, pero parece que absolutamente nada está saliendo como se esperaba.

Una de las consecuencias que ha tenido el tener que detener la producción del MAX, junto con la disminución del ritmo de producción del 787 Dreamliner y los retrasos en el programa 777X, es que todos los costos de producción y operación están aumentando considerablemente para Boeing, habiendo experimentado el año pasado 2,600 millones de dólares de incremento en los costes de producir los aviones, mientras que ya se estima que en este 2020 los costos aumenten aún más, en alrededor de otros 4 mil millones, lo que junto a la tremenda caída en ingresos y ventas mantienen a la compañía en el mero centro de una tormenta perfecta.

Las cuentas en tantos millardos que la constructora norteamericana ha perdido y necesita mientras esta grave situación la sigue revolcando la han orillado a endeudarse, lo que preocupa mucho a los inversionistas y analistas, pues Boeing tuvo que comprometerse con un préstamo de 12 mil millones de dólares para poder tener liquidez, lo que es particularmente preocupante porque parece que el problema MAX aún está lejos de resolverse y es muy probable que este préstamo resulte insuficiente.

Las autoridades aeronáuticas de la Federal Aviation Adminstration (FAA) no han podido dar una fecha, ni siquiera aproximada, de para cuándo el mentado 737 MAX podrá volver a volar, pero los propios funcionarios de la firma constructora no piensan que sea antes de junio y la mayoría de las aerolíneas afectadas, que acumulan pérdidas por más de mil millones de dólares, ya renunciaron a considerar que el avión pueda estar en servicio para la temporada alta de verano, lo que no significa otra cosa que más pérdidas y desprestigio para la vapuleada Boeing.

La tensión es mucha, e incluso entre los empleados de la enorme compañía aeroespacial (de los que 3 mil del programa MAX se reasignarán a otras áreas) se percibe un ambiente denso y volátil, con declaraciones bastante rudas que se han filtrado a los medios en Estados Unidos y que parecieran ser síntoma de que al nuevo CEO de Boeing, Dave Calhoun (del que se dice que tiene "el trabajo más duro de América"), le está quedando un poco grande el traje y no logra aún consolidar un esquema que permita algo de certeza sobre cuándo se tendrá la nueva certificación del 737 y levantar el ánimo de sus desmoralizados empleados.

Calhoun reconoce que aún hay mucho trabajo que hacer, al tiempo que ha señalado tener confianza en que podrán manejar esta situación y se siente optimista en el futuro de la compañía. Sin embargo el camino será muy sinuoso, porque los daños por las fallas en el 737 MAX son ya los mayores sufridos en la historia de la aviación comercial por culpa de defectos en una aeronave, con el tremendo e incuantificable impacto en la imagen de una empresa como Boeing, que siempre representó lo mejor de la industria aeroespacial.

Irónicamente, para salvarse de la crisis Boeing dependerá en gran medida de un mercado con el que Estados Unidos nunca se ha llevado muy bien que digamos: el de China, donde, aunque no se han comprado aviones comerciales norteamericanos desde el 2017, se tiene la esperanza de que con los recientes acuerdos comerciales se abran oportunidades para acceder mejor a las aerolíneas del gigante asiático, pero la tarea no será nada fácil, pues ahí Airbus está muy presente y más fuerte que nunca, y si bien no es muy claro aún que tanto se ha beneficiado con las penurias de Boeing, ya no hay duda de que dicho consorcio europeo es el nuevo líder mundial en ventas y entregas de aviones de aerolínea.


Saludos


Héctor Dávila

 

BoeingEditPrin

 

Archivo de Comentarios Editoriales