América Vuela
Septiembre 18 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

El terrible ataque del COVID-19, que ha dejado a la inmensa mayoría de la aviación mundial en tierra, está produciendo fenómenos también inusuales en las pocas actividades aéreas que se están realizando, cosas que incluso parecen de película, desde personas que escaparon en helicóptero de un cerco sanitario en Nayarit, pasando por un viejo Learjet que se despistó en La Paz tras un vuelo muy irregular que supuestamente era de ambulancia, o sacerdotes dando bendiciones en Semana Santa a toda una ciudad desde aeronaves, hasta la sorprendente noticia de un avión que fue asaltado en Sonora cuando cargaba metales preciosos de una mina, y donde los delincuentes huyeron con el botín en otro avión.

Pero fuera de estas peripecias escandalosas o estrafalarias, uno de los temas centrales en el medio aeronáutico es sobre tratar de predecir cómo será finalmente la afectación que sufrirá la aviación general por culpa de esta extraordinaria crisis sanitaria. Las opiniones y pronósticos son diversos, pero lamentablemente casi todos coinciden en que el desarrollo de la aviación corporativa enfrentará un serio revés.

Los más optimistas consideran que en cuanto las restricciones a los vuelos se levanten la aviación privada experimentará un sensible aumento en la demanda por algunos meses, ya que consideran que mucha de la gente que tenga que viajar temerá exponerse a las aglomeraciones de los aeropuertos y a volar en contacto con cientos de pasajeros desconocidos en los aviones comerciales, además que muchas corporaciones querrán proteger a sus empleados y ejecutivos de posibles contagios fletando aviones privados donde puedan controlar mejor los protocolos de higiene, lo que junto a la disminución de frecuencias y rutas de las aerolíneas, como consecuencia de la crisis, también podría favorecer a las empresas dedicadas a la renta de aeronaves. Este escenario es muy posible, además de alentador, pero por otro lado también es obvio que se ralentizarán los negocios y el turismo se detendrá por completo por un buen tiempo, por lo que son muchos más los analistas que anticipan que la demanda de vuelos privados en conjunto bajará notablemente, muy particularmente entre los empresarios cuyos negocios se vean más afectados por la pandemia y sus aviones resulten de momento un gasto innecesario, e incluso convertirse en activos que deban ser vendidos para intentar obtener liquidez, situación que será especialmente grave en México, donde desde antes de la emergencia sanitaria la aviación ejecutiva ya la estaba pasando muy mal, debido a la política gubernamental de no usar aviones privados y la sucia competencia desleal de los taxis aéreos pirata.

Aquí el apoyo de los gobiernos será decisivo; por ejemplo en Estados Unidos, donde la activad de los jets privados cayó en marzo más de 31%, las asociaciones relacionadas con la aviación general están unidas en una cercana negociación con el gobierno, el cual está muy dispuesto a ayudar, pero en contraste en México no parece que vaya a haber mucho apoyo, y al momento en organismos como Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA) no se ha revelado si habrá algún tipo de facilidad para los usuarios de aviación privada, por ejemplo con los pagos a combustibles, pues parece que la atención se centra principalmente en las necesidades de las aerolíneas comerciales, mientras escuelas de vuelo, taxis aéreos y aviación agrícola claman desesperadamente auxilio ante la precaria situación económica que ya les asfixia.

El escenario, por otra parte, es muy claro para los fabricantes de aviones ejecutivos, que de antemano saben que tendrán que transitar por un camino muy escabroso, donde todos esperan que las ventas caigan junto con la producción. Durante 2019 se entregaron a nivel mundial 726 jets ejecutivos y se pronosticaba que en el 2020 se mantendría el negocio esperando que se entregaran al menos 730 aviones de este tipo, pero ahora los pronósticos hablan de que se entregarán alrededor de 450, y quizá en el mejor de los casos unos 600, aunque hay quién dice que no serán más de 370, por lo que se vaticina una caída en las entregas desde un optimista 12% hasta un preocupante 40%.

La mala noticia es que en cualquiera de los escenarios a la industria de la aviación general le irá muy mal durante este año y no se vislumbra una completa recuperación antes del 2025. En este contexto todos los pronósticos para el periodo 2020-2029 se verán afectados, pues se esperaba para la década una demanda de 7,180 jets privados, pero recalculando ahora las entregas no superarán las 6,700 unidades, lo que implicará una disminución de al menos 6.6%.

Es obvio que la salud de la aviación de negocios está estrechamente ligada a la economía de los países, por lo que sería ingenuo esperar crecimiento dadas las circunstancias, pero sin duda habrá oportunidad para que el nicho de los servicios de aviación privada se reacomode ante una nueva realidad, donde existirá una importante demanda para operadores con el adecuado protocolo de seguridad sanitaria, lo que también impondrá nuevos retos para garantizar que las empresas de aviones ejecutivos y FBO sean especialmente efectivas para evitar la exposición y difusión de los nefastos virus. Mientras tanto, de momento solo falta esperar que la emergencia, con el esfuerzo de todos, se supere pronto y los cielos puedan ser vueltos a surcar con total libertad y tranquilidad.


Saludos

Héctor Dávila

 

Gulfstream

 

 

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