América Vuela
Julio 14 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Al parecer el gobierno mexicano sigue adelante en plena pandemia con sus proyectos de infraestructura, en particular con la obra del Aeropuerto Internacional "General Felipe Ángeles", en Santa Lucía, pese a que organizaciones como la Asociación del Transporte Aéreo Internacional (IATA por sus siglas en inglés) han urgido al gobierno a considerar suspender ese proyecto y así poder disponer de recursos para implementar programas de ayuda para la aviación durante esta crisis sanitaria. Para muchos es evidente que la aviación comercial quedará con graves secuelas por causa de esta pandemia y vislumbran que, por un buen tiempo, la demanda muy probablemente ya no exigirá la existencia a corto plazo del tan traído y llevado aeropuerto de Santa Lucía.

Analizando el panorama tan poco alentador, donde las estimaciones de la IATA prevén para México una caída de más de 13 mil millones de dólares en la aportación de la aviación al PIB del país, poniendo en riesgo 94 mil empleos directos y 437 mil indirectos, resulta bastante razonable pensar en racionalizar mejor los recursos para enfrentar la emergencia. Peter Cerdá, vicepresidente de IATA para las Américas apuntó con claridad: "Prevemos que solo para el mercado mexicano los ingresos disminuirán en el orden de 5.3 mil millones de dólares. Sin medidas de alivio inmediatas, las aerolíneas que hoy operan en México no estarán en condiciones de continuar sus operaciones en los niveles anteriores a la crisis, o en el peor caso, podrían dejar de existir por completo". Una declaración muy preocupante si consideramos que las autoridades mexicanas, aunque mantienen una buena comunicación con la industria aérea, han dejado claro que no darán apoyos económicos para ayudar a las aerolíneas, pese al llamado que les han hecho distintos grupos, como la propia IATA y la Cámara Nacional de Aerotransportes (CANAERO), para que analicen la posibilidad de proveer la asistencia inmediata y necesaria, para apoyar a las aerolíneas, sus empleados y a toda la cadena de valor que vive de la aviación.

Sin un programa en México, para toda la aviación, de descuentos y financiamiento en costos aeroportuarios y de combustibles, de alivio fiscal, junto con la disponibilidad de préstamos, y ya no decir de apoyo económico directo, se ve bastante difícil que las empresas aéreas encuentren un pronto camino a la recuperación de la salud financiera, sobre todo en un entorno mundial tan terrible como el que está causando el COVID-19, donde la aviación a nivel global ya sufre una pérdida en los ingresos del 38%, que significa un descalabro de más de 314 mil millones de dólares, y lo que nos falta...

Creo que el gobierno debería pensar muy seriamente en la posibilidad de suspender la construcción de Santa Lucía y dirigir los recursos para ayudar a la aviación nacional, pues de qué serviría tener terminado ese aeropuerto si las aerolíneas ya no lo van a necesitar con tanta premura, contra el oscuro escenario de haber perdido miles de empleos. Pero sabemos que este razonamiento no es el que favorece de momento el gobierno mexicano, por lo que las empresas aéreas (y sus empleados) están cada vez más angustiados por la falta de un programa claro que permita tener cierta certeza sobre la mejor manera de lograr la supervivencia del negocio.

Naturalmente no se ha dicho la última palabra, y resulta irónico que el polémico proyecto lopezobradorista del nuevo Aeropuerto Internacional para el Valle de México, que ha pasado por tantos tropiezos y tribulaciones, ahora vuelva a estar en boca de todos cuestionándose otra vez su viabilidad, pero esta vez porque lamentablemente podría no haber el volumen de pasajeros que lo justifiquen a corto plazo, sobre todo habiendo otras necesidades más urgentes, creadas por una pandemia mundial de la que todavía no tenemos claro cuándo terminará y de qué magnitud será el daño que deje.

Sin embargo, pase lo que pase, creo que el momento ofrece una gran oportunidad para que surja de entre las filas de nuestra aviación el liderazgo optimista que tanta falta hace, para organizar y maximizar la recuperación, la que sin lugar a dudas tendrá que darse, y que junto con la toma de las decisiones correctas, a todos los niveles, podrá ser mucho más pronto. Ahí está el reto, y aún estamos a tiempo...


Saludos

Héctor Dávila

 

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