América Vuela
Julio 14 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Por todo el mundo comienzan a hacerse planteamientos sobre la reactivación de la economía y la vuelta a las actividades normales, o casi normales, en previsión de la posible contención del Coronavirus COVID-19, pero de momento la pandemia aún campea en muchas partes y en algunos países, como en México, aún se espera que llegue la peor parte de la infección. En el caso del negocio de la aviación, sobra decir que la situación es en extremo difícil, pues más del 90% de la demanda en pasajes aéreos se ha desplomado por la pandemia, y las complejidades tan particulares de esta actividad hacen que esté resultando muy vulnerada por la emergencia sanitaria.

Pese a que la industria del transporte aéreo público de pasajeros pasaba por su mejor momento antes de la aparición del virus, con niveles de crecimiento inéditos, cientos de aerolíneas por todo el mundo francamente no eran del todo rentables y solamente una treintena ganaban dinero; por eso en medio de la nueva crisis hay quienes piensan que no es buena idea "echarle dinero bueno al malo" y destinar recursos en apoyo a esta industria, aunque la tragedia que significaría que decenas de miles de empleados de las aerolíneas quedaran sin trabajo ha sensibilizado a países como Francia, Inglaterra, Australia o Estados Unidos, los que ya están otorgando apoyos directos y préstamos a sus empresas aéreas.

Por otro lado, lo verdaderamente importante es cuándo y cómo podrá la aviación iniciar la recuperación. Nunca se había vivido una catástrofe de estas dimensiones, y las únicas referencias que tenemos son las crisis que se sufrieron por los atentados terroristas del 9/11 o la pandemia de influenza H1N1 del 2009, pero lo que se vive actualmente es de proporciones muy distintas y la verdad parece que nadie sabe con certeza qué es lo que sigue, por lo que todo pronóstico deberá ser muy flexible. Por ejemplo Ed Bastian, chief executive officer de Delta Airlines, adelantó en una carta a los empleados de la empresa que deberán prepararse para una lenta recuperación, aún después de que se contenga el virus, estimando que el periodo de recuperación tomará de dos a tres años.

La batalla por la liquidez será contra el tiempo, y parece que esto va para largo; simplemente hay encuestas que arrojan que más del 40% de los pasajeros evitarían viajar por aire durante los seis meses posteriores a la contención del nefasto virus. Es natural pensar que en el mundo post pandemia las confinadas cabinas de un avión de aerolínea y los aeropuertos tan concurridos sean lugares que la razón aconsejaría evitar al máximo, por lo que podemos esperar que el modelo de servicio de la aviación cambie radicalmente.

En primer lugar, la disminución en pasajeros junto con nuevas medidas para hacer de las cabinas lugares más seguros, traerán un aumento en los costos del pasaje, e incluso podrá haber regulaciones para que haya más espacio entre asientos y los servicios a bordo, como la comida caliente, serán cambiados por alimentos y bebidas que limiten al máximo posible el contacto entre los pasajeros y la tripulación. Los aeropuertos tendrán que rediseñar sus procesos de recepción y atención de pasajeros para evitar aglomeraciones, priorizando métodos de registro en línea para disminuir el tiempo que pasen los viajeros en las terminales, y a la vez implementar controles sanitarios más efectivos, ¡vaya reto técnico y humano!

Todos los cambios que serán necesarios en el acomodo de asientos, trámites de "check in" y pre-abordaje significarán importantes aumentos en costos, que junto a la baja demanda, harán que sea extremadamente lenta la recuperación de las rutas más pequeñas, lo que además quizá hará que muchos destinos se mantengan poco comunicados por vía aérea.

Por otro lado, la disminución de la conectividad y el miedo de muchos pasajeros a pasar por la experiencia multitudinaria de la aviación comercial, podrían representar una oportunidad para la aviación privada, especialmente en lo referente a los viajes de negocios. Gran parte de los operadores de aviación ejecutiva están optimistas ante las perspectivas, ya que para un pasajero sensible un vuelo privado es mucho más seguro en términos sanitarios que uno comercial, ya que solo se expondría a menos de 20 contactos persona-persona, mientras que se estima que transitar por una terminal comercial para tomar un vuelo de aerolínea de itinerario regular implica potencialmente alrededor de 270 contactos.

Finalmente me parece, sobre todas las cosas, que los que toman las decisiones en la industria aérea tendrán que ser muy flexibles e ingeniosos, pues lo fundamental será reinventar el negocio adecuándolo a una nueva realidad, donde además de los ya tradicionales aspectos de seguridad operativa (o safety) y de seguridad contra intervenciones de terceros (security), se hará más importante que nunca atender el factor de seguridad sanitaria, y habrá que hacerlo muy bien para que los pasajeros recuperen la confianza lo más rápido posible y el negocio de la aviación, en todas sus formas, vuelva a despegar.


Saludos

Héctor Dávila

 

 

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