América Vuela
Julio 14 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Llevaban un par de años preparando el esperado enlace. El gigante norteamericano Boeing quería casarse con la joven Embraer para unir fortunas, pensando que así podría aventajar a su odiada Airbus y contrarrestar la adquisición por parte de la europea del programa CSeries de Bombardier (ahora conocido como A220), y así entrarle de lleno al mercado de aviones comerciales y de carga "chicos". Pero el que podría ser el trato del siglo de la industria aeronáutica se vino abajo estrepitosamente la semana pasada, quedando plantada la furibunda novia, cuando el arrepentido novio se echó a correr, en lo que ahora es un escándalo mayúsculo.

Es increíble lo mucho que cambió la fortuna para Boeing en tan solo dos años, pues era una compañía de indudable solidez que parecía un excelente partido para Embraer, habiendo dedicado grandes esfuerzos para convencer a los sectores empresariales, gubernamentales y sindicales de Brasil para que le entregaran la mano de la industria aeronáutica comercial brasileña y ponerla bajo su apellido, por unos módicos 4,200 millones de dólares. Sin embargo vino lo impensable: el producto estelar de Boeing, el 737 MAX, falló catastróficamente y, por si fuera poco, el mundo entero fue detenido por la pandemia del Coronavirus. Durante el primer trimestre del año a Boeing le cancelaron más de 300 órdenes de aviones, incluyendo 150 del modelo 737 tan solo en marzo, mientras sus pérdidas del trimestre llegaron a los 641 millones de dólares, por lo que se verá obligada a recortar 15% la planta laboral de su división comercial.

Como se sabe, la pesadilla comenzó para Boeing con la puesta en tierra del malogrado MAX, un avión carcomido por defectos que no han podido aún ser resueltos y que puso el prestigio de la legendaria compañía norteamericana por los suelos, a la vez que le hizo perder miles de millones de dólares, en lo que ya es la peor debacle sufrida por un empresa aeroespacial en la historia. Esta de por sí complicada situación se agravó a niveles catastróficos con la llegada de la pandemia, la que ha impactado con tremenda fuerza a toda la industria aérea, postrándola en la más severa crisis que se ha visto.

Este inesperado giro del destino pulverizó los resultados financieros de Boeing y la arrastró a lo profundo de los números rojos, la que como nunca ha tenido que buscar desesperadamente un desahogo económico para tratar de salvarse, pidiendo ayuda financiera al gobierno y buscando apoyo adicional en los mercados de capitales, lanzando ya la sexta mayor emisión de bonos en la historia (y la mayor de este año) por más de 22 mil millones de dólares, además de 17 mil millones de dólares que recibió del gobierno a través de la Ley Cares.

Resulta evidente que ante la emergencia lo primordial es sobrevivir, y lógicamente para Boeing posiblemente ya no había a donde meter la mano para sacar el dinerito necesario para concretar el negocio con Embraer, y mejor decidió decir "good bye", pese a que ya estaba todo listo. El impacto de cancelar el negocio fue brutal en Brasil, las acciones de la Empresa Brasileira de Aeronáutica cayeron 70% y sus directivos quedaron furiosos tras el desdén, alegando que Boeing indebidamente terminó el acuerdo de transacción unilateralmente, debido a que simplemente se quedó sin recursos y que de forma sistemática se dedicó a retrasar el acuerdo, pues ya no deseaba concretarlo.

Sintiéndose engañados los brasileños ahora quieren defender en los tribunales el honor mancillado de Embraer y esperan que Boeing se haga responsable de todos los daños y les pague un cargo por cancelación de 100 millones de dólares. Boeing en su versión del conflicto cree que las circunstancias de la cancelación no aplicarían para justificar pago alguno, pues desde su óptica fue Embraer la que no satisfizo las condiciones necesarias.

Sea o no que Boeing le quiera aventar la pelotita a Embraer por la responsabilidad del colapso de este acuerdo, resulta difícil creer que la presión financiera creada por los problemas 737MAX/COVID-19 no tuvieran mucho que ver en que se echara para atrás, y me parece que esta podría convertirse en una mancha importante en el ya deslucido prestigio de la empresa norteamericana.

Sin embargo, el incumplimiento de este acuerdo en el entorno de la actual crisis mundial es bastante comprensible, pues me parece muy obvio que para Boeing ya no es tan prioritario a corto plazo competir tan ferozmente contra Airbus (la que por cierto también la está pasando muy mal), y le resultará mejor optimizar sus recursos enfocándolos en la supervivencia, en un escenario en que además los pedidos por aviones nuevos se caerán por varios años, así que creo que a los estadounidenses simplemente de momento ya no les conviene dedicar esfuerzos y recursos a la comercialización de un avión más chicho que el 737.

Fuera del tremendo berrinche que están haciendo los brasileños, las consecuencias del fracaso de la unión Boeing-Embraer, dado el momento tan difícil por el que pasa la aviación mundial, no serán realmente muy grandes, salvo que el desarrollo de programas para nuevos aviones comerciales de menos de cien asientos quedarán pospuestos por varios años, y un pequeño jet Boeing de aerolínea no será una realidad en muchísimo tiempo. Claro, el buen nombre de los involucrados ha quedado en entredicho, pero para como están las cosas parece que eso ya no importa mucho.

 

Saludos

 

Héctor Dávila

Boeing EMB

 

 

 

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