América Vuela
Julio 13 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Aunque la parte más crítica de la emergencia sanitaria aún no se ha superado en México, ya se trabaja para definir cómo reiniciar las actividades de la aviación y buscar su pronta recuperación financiera, situación que invita a un breve análisis de las condiciones que enfrentan las aerolíneas, la aviación general, los aeropuertos, la industria aeroespacial y las autoridades aeronáuticas, así como lo que podemos esperar para estos sectores en el mundo post-pandemia. Naturalmente es imposible desasociar a la industria aérea mexicana del entorno mundial, donde por desgracia los pronósticos son muy poco alentadores y se da por sentado que la peor crisis en la historia del transporte aéreo ya comenzó.

Las aerolíneas. La aviación comercial es considerada entre las tres actividades económicas más severamente afectadas por la pandemia. Para las líneas aéreas mexicanas el panorama se ve más difícil, primeramente porque se estima que el mercado en Latinoamérica es menos estable, y mientras se pronostica que Estados Unidos será en donde la aviación se recuperará más pronto, quizá en dos años, seguido de Europa donde se tomará unos tres, los analistas piensan que en América Latina la recuperación podría tardar más de cuatro años para dejarse sentir. En segundo lugar, este proceso podría ser especialmente difícil en México debido a que no existe en este país un programa de apoyo a las aerolíneas, ni de alivio fiscal, ni de financiamiento accesible y barato, mucho menos de ayuda directa, bueno ni siquiera un plan gubernamental de facilitación. En muchos países se ha reconocido la naturaleza estratégica de la aviación y se ha priorizado apoyarla con recursos, pero para las empresas mexicanas, con la liquidez estrangulada tras meses con las ventas desplomadas hasta un 90% y las pocas posibilidades de lograr recobrar más de un 50% del pasaje durante el segundo semestre del año, se espera una situación de enorme vulnerabilidad.  Si bien hay empresas más frágiles que otras, como Interjet o Aeromar, que desde antes de la pandemia ya traían muy apretado el cinturón, todas las aerolíneas mexicanas están recorriendo un penoso calvario tratando de encontrar la fórmula que les permita evitar la extinción, y los ejecutivos de empresas como Magnicharters, TAR, Viva Aerobus y Volaris no parecen ya ocultar su molestia y desencanto por la falta de apoyos del Gobierno, e incluso la calificación crediticia de Aeroméxico fue degradada a nivel B- por la firma S&P Global Ratings, que indicó sobre la aerolínea del Caballero Águila que: "esto podría derivar en una recuperación más lenta de lo esperado, un consumo de efectivo más rápido y una posible insostenibilidad de la deuda y de los pasivos por arrendamiento para Aeroméxico", descripción que me parece aplica para prácticamente todas las aerolíneas nacionales.

Para todas las empresas las medidas sanitarias necesarias para entrar a la "nueva normalidad" implicarán aumentos de costos, incluyendo el de reactivar técnicamente los aviones que han estado parados, así como la imprescindible desinfección de las aeronaves tras cada vuelo, lo que traerá aumentos en los tiempos de "turn around", además de cambios notables en los procedimientos y equipo de las tripulaciones, pero lo más difícil será lograr implementar y evaluar con efectividad las medidas que se han planteado, como dejar asientos vacíos para mantener sana distancia, lo que económicamente resulta inviable. Adicionalmente las aerolíneas tendrán que invertir mucho en convencer a los pasajeros que será seguro volar, pues aunque se defiende que los filtros modernos HEPA mantienen limpio el aire de las cabinas, no se puede ignorar que la principal fuente de contagio del Coronavirus es el contacto directo y mucha gente tendrá nuevos hábitos de consumo, con pánico a estar muy cerca unos de otros, a comer lo que se sirva en un avión, usar los baños o interactuar en las confinadas salas de abordaje. Con todo esto es casi seguro que veremos un aumento del precio de los pasajes que no contribuirá en nada a atraer más pasajeros.

¿Que la aviación es una actividad imprescindible en el mundo moderno? Sin duda, pero francamente pienso que no veremos un regreso completo del transporte aéreo comercial a la normalidad que conocíamos, en tanto no exista cura o vacuna contra el COVID-19.

La aviación general. Hay quienes sostienen que la aviación ejecutiva se verá beneficiada en parte por los pasajeros que querrán evitar las multitudes de los aeropuertos y las aerolíneas regulares, prefiriendo vuelos privados, que aunque más costosos pudieran ser más seguros. Pero la situación indica que la caída en la demanda de aviación corporativa parece ser cada vez más obvia y empinada, aumentando notablemente el número de aviones privados de segunda mano que se ofrecen en venta, al buscar sus dueños algo de liquidez extra ante la debacle económica mundial, por lo que el precio de este tipo de aeronaves ya se devaluó más del 15%, además que se empieza a ver una clara sobre-oferta. En México la situación también se percibe más grave, pues desde antes de la pandemia la aviación corporativa nacional ya estaba sumergiéndose hasta el cuello en una seria crisis, principalmente por la falta de políticas de apoyo e incentivos por parte del Gobierno, el cual incluso decidió dejar de usar aeronaves privadas desde el inicio del sexenio. La falta de políticas útiles de ayuda a la aviación ejecutiva mexicana, junto con el fracaso de las autoridades en el control de la corrupción, propiciarán que siga aumentando la competencia desleal de los taxis aéreos pirata, que operan en lo oscurito aviones con matrícula norteamericana, bajo reglas que no cumplen las de taxi aéreo ni aquí ni del otro lado de la frontera, escatimando en mantenimiento y capacitación de pilotos, evadiendo impuestos y, aún peor, poniendo en riesgo la seguridad de los incautos pasajeros que engatusan con sus bajas tarifas. Con una problemática así, las empresas mexicanas de aviación privada y las dedicadas a su cadena de suministros y capacitación enfrentarán el mayor reto de su historia, y lo peor de todo solas, pues como se ha mencionado, el Estado mexicano no tiene planes para ayudarla, y por el contrario, la burocracia y los elevados costos de la infraestructura aeroportuaria siguen obstaculizando su desarrollo, mientras que el único nicho que quizá se mantenga "bien" sea el de la carga aérea.

Aeropuertos. La infraestructura aeroportuaria mexicana, especialmente la que está en manos privadas, se ha comportado en buena medida como un monopolio poco sensible a las necesidades de los operadores, situación ejemplificada por la frase ya célebre en la comunidad aérea de que en México hay "aeropuertos ricos con aerolíneas pobres". Pero la situación actual creo que podría hacer que cambien las cosas un poco, y aunque he escuchado abundantes quejas de la falta de apoyo de algunos aeropuertos ante la emergencia, en especial para la aviación general, estos tendrán que reinventarse e invertir mucho para adecuar las terminales a un mundo que ya no será compatible con las apretadas filas en las concurridas salas de espera, abordaje o equipaje, así como para acceder a transportes terrestres, restaurantes y tiendas, lo que será un enorme reto técnico-económico, además implementando métodos más efectivos de control sanitario. Ojalá y los aeropuertos, que no están escapando al sufrimiento, cambien su visión de cómo tratar a los operadores de aviones de todo tipo y busquen construir una relación más justa, ya que sin ellos no existirían.

La industria aeroespacial. La fabricación de componentes aeronáuticos en México, que recientemente había experimentado un extraordinario crecimiento de al menos 14% anual, debido principalmente a que la industria aeroespacial mundial descubrió a este país como un excelente y rentable maquilador, gracias a la combinación de una óptima ubicación geográfica, el talento de la iniciativa privada mexicana, la calidad de sus técnicos y especialmente por los bajos costos de la mano de obra, de entre 12.8 y 15% menores que en Estados Unidos, Alemania o Japón, ahora enfrenta un seco frenón al caerse a nivel mundial la fabricación de aeronaves. La triste realidad es que debido al nefasto ataque del virus, los fabricantes aeroespaciales ajustaron sus proyecciones de aquí a 15 años hasta 35% por debajo de lo que se esperaba antes de la pandemia, lo que inevitablemente afectará el crecimiento de esta industria en México, donde ya se están dando los primeros despidos masivos junto con un problemático desfase de la cadena de suministros.  Sin embargo, para este sector existe una luz esperanzadora, pues la posición estratégica de México junto al mercado norteamericano, que es el que más pronto se recuperará, significa una gran oportunidad, si se aprovecha la experiencia e infraestructura construida con los años, donde hay que tener claro que la competencia a vencer será la gigantesca industria China; pero se cuenta con las condiciones adecuadas para estar firmes en la línea de fuego y ser parte importante de la cadena de proveedores de los sectores aeroespaciales y de defensa del "Tío Sam", que sí tendrán recursos para impulsar la recuperación. En este rubro, para variar, será muy importante la actitud del gobierno mexicano para mantener la competitividad, lo que de momento parece estar en duda por las decisiones que se han tomado en materia de industria energética, cervecera y de aeropuertos, lo que ya hizo que México cayera en el Índice de Confianza de Inversión Extranjera Directa, que elabora A.T. Kearney, hasta el lugar 25, colocándose como el último de la tabla, en la que China ocupa el séptimo lugar. La gran incógnita es: ¿Habrá la visión política junto con los apoyos necesarios?

Las autoridades. El Presidente de México lo ha dejado muy claro, no habrá rescate de empresas ni financiamiento o apoyos fiscales, lo que deja a toda la aviación mexicana en una preocupante desventaja ante sus pares extranjeros, donde los apoyos oficiales, como en Estados Unidos, son generosos. ¿Cómo podremos ser competitivos en un entorno así?

Aunque la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) preparó un primer borrador de una Carta Política con los lineamientos básicos para la reactivación de operaciones, con el fin de discutirlos con los operadores en mesas de trabajo, se le ha criticado mucho por ser un documento algo vago y sin un espíritu facilitador, pero pidiendo muchos requisitos. Pareciera que la prometedora AFAC se está quedando dos pasos atrás ante la problemática, y es que ahora con la sorpresiva crisis sanitaria también sufrirá mucho con los recortes presupuestarios anunciados por el Gobierno Federal y ya no podrá reclutar a toda la gente que necesita para continuar con el proceso de cambio y mejora que como Agencia tanto se ha prometido. Así que tristemente creo que la AFAC seguirá muy limitada en cuanto a recursos humanos y materiales, por lo que muy difícilmente veremos un cambio notable a corto plazo, manteniéndose muchos de los mismos vicios que han estado ahí desde hace años y con las mismas deficiencias, sin que se tenga la capacidad de atacar con efectividad todos los frentes, algo muy frustrante y que ya levanta fuertes críticas hacia una Autoridad que de momento no parece encontrar, por culpa de sus limitaciones técnicas, políticas y de presupuesto, cómo ayudar de verdad a la aviación en estos momentos tan difíciles. 

En conclusión, es obvio que los siguientes meses serán definitorios no solo para la aviación, sino para todas las actividades humanas y el liderazgo a todos los niveles será probado al máximo. Podemos estar seguros de que superaremos la amenaza del virus e iniciaremos el ascenso hacia la recuperación, pero pagando un caro precio que habrá que sopesar bien, valorando más lo construido y adaptándonos a un nuevo mundo, en el que tendremos que ser bastante más competitivos, pero también más exigentes con las autoridades, pues en todos las áreas de la aviación parece que la mano del Gobierno se está sintiéndo algo ausente, y es imperativo lograr que se nos extienda mucho más amigable y facilitadora.


Saludos

Héctor Dávila

 

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Imagen: Pxhere

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