América Vuela
Julio 13 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Mientras el transporte aéreo comienza a reactivarse a paso de tortuga, cuando en México la emergencia sanitaria apenas muy tímidamente transita del semáforo rojo al naranja, en diversos medios de comunicación y redes sociales se ha desencadenado la polémica sobre si las aerolíneas nacionales y los aeropuertos están actuando realmente a la altura de las circunstancias, y las severas críticas por las supuestas fallas no se han dejado esperar.

Así, vimos en reportajes a cámara oculta en televisión cómo se evidenció la falta de protocolos efectivos y el rompimiento de la sana distancia tanto en los aeropuertos como en el avión durante un vuelo entre la Ciudad de México y Monterrey, además de un manejo del equipaje sin ninguna aparente medida sanitaria de por medio. Con este quemón mediático queda uno atónito, preguntándose cómo es posible que un negocio en donde los clientes son tan sensibles como es la aviación, no se estén esmerando para garantizar cabalmente las condiciones sanitarias, ni siquiera en apariencia.

No es bueno que paguen justos por pecadores, y considero que existen aerolíneas que se están esforzando mucho por hacer bien la tarea, pero lo grave es que todas usan la misma infraestructura aeroportuaria, en la que se notan muchas deficiencias, donde ha sido fácil constatar que los cuestionarios y procesos de detección de pasajeros de riesgo, los procedimientos de "check in" y la aplicación de medidas de sana distancia se están aplicando con bastantes irregularidades, y a toda la industria le afectará parejo esta mala imagen. No es raro que por esto la mayoría de las personas en las encuestas consideran que evitarán a toda costa viajar en avión durante al menos seis meses, a menos que sea estrictamente necesario, y más del 70% de los que sí planearían hacer un viaje han declarado que este sería en rutas cortas nacionales.

Es urgente que las empresas aéreas mexicanas mejoren estos protocolos, y además hagan que se note para que los pasajeros tengan más confianza, especialmente porque esta cochinada del COVID-19 está durando demasiado y en lugares como la Ciudad de México, por donde pasa el mayor flujo de pasajeros del país, el semáforo sigue aún en rojo.

Lograr protocolos de operación sanitaria seguros y la correcta desinfección en las aeronaves no es tarea fácil, pues la mayoría de los que están trabajando en este aspecto lo están haciendo sobre las rodillas, improvisando con métodos y sustancias que realmente no se tenían previstos en la industria aeronáutica, sin que haya habido tiempo para probarlos y certificarlos debidamente, lo que en sí representa un reto adicional muy importante, pues ya se han disparado señales de alerta en Estados Unidos por una cascada de preocupantes reportes de pilotos quejándose desde extraños olores, hasta fallas muy reales de sistemas, atribuibles a sustancias desinfectantes aplicadas en los aviones y que no están resultando muy inocuas que digamos con los componentes, en especial con los electrónicos.

Encontrar soluciones de amplio espectro para las necesidades de prevención sanitaria en los aviones, manteniendo la seguridad técnica intacta, al tiempo de poder lograr que el público perciba una imagen de solidez y confianza son ya temas urgentes en la agenda de las aerolíneas, las que han sufrido demasiado con este inusitado problema, y que por sí fuera poco ya son vistas con la nube negra de la quiebra echando rayos sobre sus cabezas, como en el caso de Aeroméxico, que pese a que insiste categóricamente que no planea acogerse a las leyes de protección de bancarrota, el persistente rumor de que estaría a punto de hacerlo hizo caer el valor de sus acciones en Bolsa a nivel histórico, apenas hace unos días.

La ayuda del gobierno para las líneas aéreas finalmente, y a estirones, se dio, pero es claramente insuficiente, pues condonar tres meses de renta no aliviará en casi nada la carga que arrastran las empresas, que ya de por sí representaba para Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA) una cartera de cuentas incobrables en sus resultados de antes de la crisis por la pandemia de más de 2 mil millones de pesos.

El tremendo retraso en la reactivación por lo impredecible que ha resultado esta terrible crisis, ya no permite hacer predicciones razonables, todos los modelos han fallado mientras las llamas de la catástrofe financiera suben por los aparejos consumiéndolo todo, y parece que ya casi no hay recursos para apagar el voraz incendio. No bastarán los bomberazos a cubetadas para detener la vorágine ardiente, hay que abandonar la improvisación y luchar contra la crisis con mayor ingenio y profesionalismo, aunque ya nadie sepa realmente qué va a pasar con la aviación, especialmente en México.


Saludos

Héctor Dávila

 

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